Jueves 5 DE Diciembre DE 2019
Domingo

“Con Árbenz ha habido una confusión muy grande. Somos los demócratas, los liberales, quienes deberíamos defender lo ocurrido en Guatemala”: Mario Vargas Llosa

El escritor peruano Mario Vargas Llosa (Arequipa, 1936) dedicó los últimos meses a desentrañar la historia de la caída de Jacobo Árbenz, el ascenso al poder de Carlos Castillo Armas y su posterior asesinato. Con las licencias de la ficción, las cuales antepone siempre como una especie de mantra, reconstruyó en Tiempos recios los acontecimientos que marcaron la historia reciente de Guatemala. La novela, que es lo que es al final de cuentas, según él mismo aclara con reiteración, vio la luz en octubre. El Nobel de Literatura 2010 la presentará en el país el próximo 3 de diciembre. Previo a su visita, conversó vía telefónica con elPeriódico acerca de la obra, sus implicaciones y otros temas.

Fecha de publicación: 24-11-19
PIERRE-PHILIPPE MARCOU > AFP
Por: Jaime Moreno De León

Más allá de lo que ha contado, que es una historia que le llamó la atención por sugerencia de Tony Raful y de Rapsodia del crimen, ¿por qué abordar en este momento el tema de la contrarrevolución en Guatemala y el asesinato de Castillo Armas?

– Usted sabe que cuando yo escribo ensayos o artículos tengo un control bastante estricto, bastante racional de aquello que hago. Cuando escribo ficción, como es el caso de esta novela, la verdad es que no sabría explicar por qué pero me interesó muchísimo las historias que me contó Tony Raful sobre la implicación posible de Trujillo en el asesinato de Castillo Armas. Me dio muchísima curiosidad, empecé a investigar, empecé a leer algo al respecto. Vi que había mucho material, sobre todo en los últimos años, y de pronto me encontré con que estaba trabajando ya en una novela. Casi todas las novelas que he escrito han nacido así, de esa manera, bastante misteriosa para mí: hay algún tema, algún personaje, alguna situación que de pronto estimula mi imaginación y mi fantasía. Es el caso de Tiempos Recios. Descubrí que había allí un mundo muy rico en personajes y en historias. Utilicé un contexto histórico que me traía muchos recuerdos, porque cuando cayó el coronel Árbenz yo estaba en la universidad y me acuerdo que las cosas que estaban ocurriendo en Guatemala tuvieron repercusión en el Perú y en toda América Latina. El hecho de que un gobierno estuviera haciendo reformas sociales profundas despertó mucha curiosidad en América Latina, precisamente porque era una época en la que estaba llena de dictaduras militares. Seguramente todas esas razones me llevaron a escribir esta novela.

La tesis de la novela es puntual: la implicación de Trujillo en el asesinato de Castillo Armas. ¿Qué investigación hay detrás de esta idea?

– He leído, no sé si todo porque todo es mucho, pero he leído la mayor parte de los testimonios que existen, la mayoría de estudios que han hecho muchos investigadores norteamericanos, históricos, sociológicos, cosas publicadas sobre el Departamento de Estado y lo que este ha permitido. Entonces me fui haciendo una idea del contexto y luego hice dos viajes a Guatemala, de varias semanas. Todo eso fue dando material de base y como en el caso de todas las novelas, sobre todo en las de tipo histórico, he utilizado ese material con mucha libertad, añadiendo, cortando, utilizando datos históricos y fantasía. Se trata de un libro de ficción. Aunque ciertos hechos históricos básicos están respetados, en muchas cosas he utilizado la imaginación. Es el derecho que tienen los novelistas sobre los historiadores, que no pueden sino ajustarse a una verdad. Los novelistas pueden ir más allá de esa verdad, añadiendo una dimensión puramente ficticia.

Hablemos de la estructura de la novela. Es de escenas cortas en su mayoría y tiene una temporalidad interna que da saltos incluso dentro de los capítulos mismos. ¿Por qué abordarla desde esta técnica?

– Al principio no tenía una idea clara de la estructura. Tenía los personajes, algunas situaciones. La estructura salió poco a poco, como en todas las novelas que he escrito.

Es una manera de establecer el tiempo narrativo, que no es nunca el tiempo real, cronológico. Es un tiempo bastante arbitrario, creado justamente para operar sobre el lector, despertándole curiosidad, dejándolo muchas veces en una especie de suspenso. Luego, cuando tuve más o menos una idea clara de la historia que quería contar, pensé que debía estar enmarcada por dos episodios, uno al principio y otro al final que no tendrían directamente relación con lo que hacían los personajes en el grueso de la novela pero que arrojaban una luz sobre aquello que se contaba.

La novela tiene una estructura que avanza de manera coherente a partir del primer capítulo hasta el último. Luego tiene estos dos episodios que tienen que ver con la utilización de las fake news, creando un clima que fue propicio para la invasión y la derrota de Castillo Armas. Y este final, uno en el que un personaje es entrevistado por mí mismo supuestamente. Ya no es el narrador de la historia sino el autor quien usurpa esa función del narrador. Eso era lo que tenía claro. Lo otro fue saliendo como siempre, a partir de reacciones, de corregir, de rehacer.

Es una novela casi coral. ¿Por qué adoptar estas voces múltiples y no solo la de un único protagonista?

– Es verdad. Hay muchas voces que se suceden como voces narrativas, que cuentan desde la perspectiva de distintos personajes. El narrador omnisciente casi desaparece detrás de los narradores personajes. Eso es una técnica que he utilizado en otras novelas y no es original. Los grandes renovadores de la novela en el siglo XX, como Joyce, Faulkner o Dos Pasos ya lo utilizaron y como tantos novelistas he aprendido mucho de ellos.

Al momento de perfilar ambos polos, Árbenz y Castillo Armas, los tratamientos son opuestos. A Castillo Armas se le trata con dureza y a Árbenz con un beneplácito implícito. 

– En las novelas, aunque aparezca una cierta neutralidad, y creo que en el tratamiento debe haberla, un narrador siempre toma partido, ¿no? En esta novela la posición del autor es en contra de los golpes militares. Clarísimamente ve con cierta simpatía las reformas que intenta hacer el coronel Árbenz. Al mismo tiempo, creo que no hay en la novela ninguna falsificación de la realidad. Todos los problemas que surgieron ahí están más o menos presentes. Claro, una novela no puede ser totalmente partidista pero sí debe tener una cierta orientación en el campo político y esta novela tiene una dimensión política, por supuesto.

Hablemos de Gloria Pons. ¿Qué pasó con ella?

– Es un personaje de la novela. Se llama Martita. Yo no sé de quién habla usted. Vamos a decir que el personaje se llama Martita y bueno, ahí está cumpliendo una determinada función. Es un personaje misterioso, sobre el que se conoce poco y mal y creo que ese personaje es dueño de algunos secretos que son fundamentales. Si contara lo que sabe, aclararía muchísimas cosas. Pero me temo que no lo hará nunca.

La historia oficial, los gobiernos, nos mienten…

– La historia oficial no es nunca una historia genuina, auténtica. Es una historia que está fabricada para justificar a ciertas opciones o personajes. En ese sentido un escritor tiene una libertad que no tienen nunca los historiadores, sobre todo si son oficialistas. Al mismo tiempo, creo que es importante ver en este libro el elemento de ficción. Se sobre imprime sobre la historia misma. Es, al final, el que debe darle la verdad o la mentira a la ficción. Cuando uno escribe una novela fundamentalmente escribe un libro de ficción aunque tenga raíces históricas y aunque haya personajes históricos o materiales históricos que aparecen en la obra.

Las cúpulas militares han estado siempre demasiado cerca del poder en América Latina. 

– Así es, así es. Esa ha sido la gran desgracia de América Latina. Pero en cierta forma también ha sido falta nuestra, de los civiles, que no hemos sido capaces de crear un sistema en el cual los militares tuvieran una función eminentemente militar en la sociedad y se convirtieran en factores de la vida política. Ha sido un problema trágico y creo que vamos saliendo de ese pasado poco a poco y mientras más pronto, mejor.

Tras el proceso de investigación y tras la ficción, ¿cómo se puede resumir lo que pasó en Guatemala durante la Revolución y la Contra?

– Creo que Guatemala se adelantó un poco al resto de América Latina. Habiendo elegido democráticamente un presidente, un presidente trata de hacer reformas sociales profundas. Trata de hacerlas dentro de un contexto democrático, respetando la legalidad, la libertad, sin pretender de ninguna manera acallar la libertad de la prensa, el derecho de crítica. Quizá por eso lo ocurrido en Guatemala, ya en la época de Arévalo y sobre todo en la época de Árbenz, provoca un enorme curiosidad e interés en América Latina, en la gente joven, como era yo entonces. Vimos en Guatemala algo así como un ejemplo a seguir. Este intento no fue uno fácil, no había una tradición legalista en el país, se cometieron algunos abusos, hubo excesos, seguramente. Todo eso es esperable.

Ese experimento fue cortado de una manera tan brusca, tan brutal, con una intervención norteamericana. Tuvo consecuencias trágicas para América Latina. A mucha gente joven la llevaron ya a descreer en la democracia, a pensar que en la democracia no se podían hacer esas reformas sociales. La llevaron a buscar la guerrilla, siguiendo el modelo cubano, el paraíso comunista. Eso atrasó en por lo menos cincuenta años la democratización de América Latina. La consecuencia de la caída de Árbenz, la frustración con este experimento, tuvo una repercusión enorme en el continente. Tal vez nada de eso hubiera ocurrido si Estados Unidos, en lugar de derribar a Árbenz, hubiera apoyado las reformas. Es lo mismo que trató de hacer Kennedy después con la alianza para el progreso. Pero lo ocurrido en Guatemala se adelantó a un fenómeno que solo ocurrió muchos años después, cuando América Latina ya estaba profundamente orientada en la otra dirección. Por eso, desbordó las fronteras de Guatemala y tuvo un efecto negativo en América Latina.

Con Árbenz ha habido una confusión muy grande. La defensa de Árbenz la adopta la izquierda, la extrema izquierda, el comunismo. Creo que es una gravísima equivocación. Lleva a impregnar lo que fue el gobierno de Árbenz de un radicalismo y un extremismo que realmente nunca tuvo. Somos los demócratas, quienes no creemos en el comunismo sino en la democracia, los liberales, quienes deberíamos defender lo ocurrido en Guatemala, como un precedente de aquello que quisiéramos para América Latina: democracia, libertad, legalidad. Y dentro de eso, reformas sociales profundas que crearan igualdad de oportunidad, que es el sueño de un país verdaderamente democrático y moderno.

En los últimos años, usted ha estado en el país invitado por tanques de pensamiento de derecha. ¿Qué reacción espera de estos ante una novela que no necesariamente los deja bien parados?

– Yo escribo con libertada absoluta. Soy una persona libre. Las interpretaciones no puede controlarlas un autor. Veo, por las críticas que han aparecido en España, en América Latina, que son muy contradictorias las interpretaciones. Me sorprenden. Ven cosas en la novela que yo no sabía siquiera que estaba poniéndolas. Tengo una interpretación propia de mi novela, pero no coincide muchas veces con las interpretaciones de los críticos.

AFP

Hablemos de la piratería: desde el día en que la novela se publicó en físico comenzó a circular en PDF. ¿Cómo ve ese fenómeno?

– Por desgracia, ese fenómeno es una vergüenza para América Latina. Es el último continente donde todavía la piratería editorial está prácticamente autorizada por gobiernos que no hacen nada para combatirla. No solo perjudica al autor, sino al Estado, que deja de recibir los derechos que pagan las editoriales que son genuinas y que actúan en el mercado libre. Desde luego, también al autor y los lectores. La mayoría de ediciones piratas están mal hechas sino incompletas. Se saltan capítulos. Lo que llega a los lectores es una versión caricaturesca de las novelas. Si se violan tanto las leyes en América Latina, ¿cómo no se van a violar las leyes que protegen a los autores?

Aunque le digo, Tiempos recios es quizá el único libro que vi que se compartiera tanto y en grupos tan dispares, no solo de literatura. 

– Pues me alegra muchísimo saberlo. Voy a ir a Guatemala a presentar el libro y me hace mucha ilusión volver a un país en donde he tenido experiencias tan ricas e interesantes y ha sido uno de los libros que he escrito con más entusiasmo.

– Ideas al pie– 

¿Cómo percibe los problemas que ha tenido la Academia Sueca y qué visión tiene de los dos Nobel entregados este año?

– Es una crisis que ha quedado atrás. Afortunadamente se han elegido nuevos académicos y ha dado estas dos selecciones. El caso de la escritora polaca, no la conozco. No he leído nada de ella. No puedo opinar. Sobre el escritor austriaco sí. Lo conozco muy bien. He visto cosas de teatro, ensayos, he leído alguna novela. A mí me parece un buen escritor, uno experimental. Recuerdo una obra de teatro en la que los actores se ponían en fila e insultaban al público. Muy audaz. Desde su punto de vista político, tengo muchas diferencias. Como sabe, él ha defendido a los serbios e incluso ha dejado de lado las masacres cometidas por ellos. Aunque tengo muchas diferencias políticas con él, le reconozco la originalidad en el campo de la literatura experimental.

Es entonces partidario de separar a la persona de su obra. 

– No hay que separar a la persona de su obra. La obra es creativa, original. En el campo político ha defendido lo indefendible. Me parece negativo y criticable. Al tiempo, la obra es sin ninguna duda importante tanto en el teatro como en la narrativa.

A más de medio siglo del Boom, ¿cuál es la posición de la literatura latinoamericana hoy en el mundo?

– Afortunadamente ha encontrado espacio en las otras literaturas. Ahora ya se sabe que América Latina no solo produce cuartelazos y música, sino que también produce buena literatura. Ha entrado en una cierta normalidad que antes no existía. Creo que la literatura latinoamericana está en muy buen pie. En los últimos años se ha extendido mucho el mundo de escritores y escritoras latinoamericanas que resultan interesantes para otras lenguas.

Recién finalizó el Congreso de Academias de la Lengua. Hablemos un poco del futuro del idioma.

– Creo que tenemos que estar satisfechos. Los riesgos que había en el pasado, de que fuera a fragmentarse el idioma en idiomas nacionales ya no existe. Hoy hay una colaboración muy estrecha tanto en la Real Academia Española y en las Academias latinoamericanas. Se vio en la reunión de Sevilla, que fue multitudinaria. Vinieron delegados de todas las Academias. Es lo justo. Es una buena cosa para nuestro idioma conjunto. El estado del español no puede ser mejor.

La región es una olla de presión de rabias contenidas.

– Efectivamente, hay mucha preocupación por las cosas que ocurren. Al mismo tiempo significa que tenemos que perfeccionar nuestras democracias, que son insuficientes. Hay anhelos y esperanzas depositadas en estas democracias y no consiguen realizarlas. El defecto está en nuestras instituciones, tradiciones, costumbres. Pero haciendo balance hay más razones para ser optimistas que pesimistas, con las excepciones que sabemos que son Cuba, Nicaragua. La democracia está abriéndose campo. Las dictaduras están de capa caída. Hay una reacción fuerte contra ellas. Eso habla bien de América Latina.