Viernes 18 DE Septiembre DE 2020
Domingo

Cancelación evita la nacionalización de los partidos políticos

Fecha de publicación: 24-11-19
Por: José Andrés Ardón Sociedad de Plumas

La semana pasada leía un estudio sobre el declive de los partidos políticos nacionales de mi colega Jonatan Lemus, quien es bien conocido en este espacio por sus interesantes y profundas columnas. Me pareció un ejercicio excelente que plasma de gran forma la debilidad de nuestro sistema de partidos políticos y la efímera vida, presencia y crecimiento de estos. El autor atribuye el declive de los partidos políticos nacionales en los últimos años y elecciones principalmente a la reforma electoral de 2016, el clivaje urbano–rural, la inclusión del narcotráfico en la política del país y a la Ley de Descentralización y la Ley de Consejos de Desarrollo. Sin embargo, yo creo que una de las variables principales de dicho fenómeno es más simple: la constante cancelación de los partidos políticos. 

La cancelación de partidos políticos en Guatemala es laxa, arbitraria y contraproducente. Varios artículos de la ley electoral mencionan las causales por las cuales el Registro de Ciudadanos o el Tribunal Supremo Electoral pueden cancelar un partido siendo estas, en resumen, las siguientes: fraude electoral, no alcanzar el umbral de cinco por ciento de votos para presidente o representación en el Congreso, no haber corregido las causales de una suspensión, no presentar candidatos a presidencia y vicepresidencia, no postular candidatos en más de la mitad de los distritos electorales o por el incumplimiento de las normas que regulan el financiamiento. Existen por lo menos seis causales de cancelación de un partido político siendo la última de ellas la más discrecional y coincidentemente la más aplicada a partidos con miras a ser nacionales. 

Actualmente por lo menos 13 partidos políticos están en proceso de cancelación por alguna de las distintas razones mencionadas previamente. Sin indagar sobre los méritos por los cuáles cualquiera de estos está enfrentando el proceso de cancelación, es totalmente contraproducente eliminar las expresiones políticas sin importar si son pequeñas, grandes, viejas, nuevas, locales, nacionales, buenas o malas. Al eliminarlas se erradica cualquier oportunidad de crecimiento e institucionalización de dichos partidos políticos. Los grandes partidos políticos de países desarrollados han sobrevivido a lo largo del tiempo principalmente porque la normativa permite que lo hagan y no necesariamente porque no hayan incumplido ciertas normas electorales. 

Regresando al punto principal sobre la nacionalización de los partidos políticos, entendida como la distribución de los votos de un partido a lo largo de los distintos distritos electorales, aún es necesario profundizar sobre varias preguntas. ¿Es preferible tener partidos nacionales sobre partidos enfocados en municipios, departamentos o regiones específicas? ¿Debemos apuntar a mayores barreras de entrada, umbrales más altos y requisitos más exigentes para forzar la nacionalización de los partidos? ¿A través de partidos nacionales se puede lograr una mayor unidad nacional? Creo que tenemos que partir de las respuestas a estas preguntas antes de calificar si los partidos nacionales son buenos o no y para qué. 

Sin embargo, optar por una u otra forma de organización partidaria trae consecuencias. Por un lado, podemos obligar a los partidos políticos a cumplir muchos requisitos y forzar la nacionalización o podemos irnos hasta el otro extremo y liberalizar dejando la nacionalización a la espontaneidad. Aumentar los requisitos podría eliminar una competencia efectiva electoral mientras que liberalizar podría debilitar temporalmente la presencia territorial de los partidos. Sin importar el camino que se elija debemos tener claro que mientras se favorezca la cancelación de los partidos políticos, poco importa si optamos por un rumbo u el otro. Un partido nacional podría ser cancelado por incumplir una simple norma o un partido en crecimiento podría ser cancelado por un mal desempeño electoral en una elección.