Lunes 9 DE Diciembre DE 2019
Domingo

Ramazzini, el último mohicano

Fecha de publicación: 10-11-19
XIE: MARÍA JOSÉ ChEA (XIE ES CHEA EN CHINO)
Por: José Luis Chea Urruela

La primera colonia inglesa en

  1. UU. –Jamestown, 1607– fue fundada en nombre del Rey de Inglaterra James I, por Cristóbal Newport, un corsario manco, de nombre Cristóbal, igual que Colón y también a bordo de tres carabelas, “Susan Constant” “Godspeed” y “Discovery”. Newport desembarcó en lo que hoy es Virginia, otrora hogar de Pocahontas (la primera Malinche norteamericana) buscando nuevas rutas comerciales y la explotación de la tierra.

Eran los tiempos de la Ilustración, La Reforma, el Capitalismo y el protestantismo, auspiciado este último, por Isabel la Protestante. A los indios no había que evangelizarlos, como no tenían alma, el exterminio físico y el genocidio cultural como solución final sonaba plausible. ‘“Kill the indian, save the man”’. 

En contraste, dos siglos antes, los conquistadores españoles, anclados en los resabios de la Edad Media y el catolicismo autoritario de Santo Tomás, habían descubierto que los “buenos indios” sí tenían alma y por lo tanto eran sujetos de evangelización. Así que, en nombre de la cruz, de la espada y de Isabel la Católica, procedieron a crear una sociedad en la cual, los indios, reducidos a la servidumbre, formaban parte orgánica e indispensable de una sociedad, cuya columna vertebral era la religión católica. “Die Religion… Sie ist das opium des Volkes” diría Marx cuatro siglos después. “La religión es el suspiro de una criatura oprimida, el corazón de un mundo sin corazón, el espíritu de una situación carente de espíritu”

Desde entonces, la religión y la Iglesia Católica Guatemalteca han estado siempre en la escena, cuando se trata de un drama, o cuando la historia se convierte en tragedia. De esa cuenta su libreto ha sido, en ocasiones escrito de cara al pasado, ese que defendió con Carrera o contra Barrios, libreto que también acuerpó a Castillo Armas o justificó los gobiernos militares de turno.

En su momento, algunos de sus actores, trataron de escribir un libreto diferente de conformidad con los signos de los tiempos del “aggiornamento”, Vaticano II y Medellín, frente a la indiferencia y desentendimiento de la jerarquía católica guatemalteca. Finalmente, unos pocos optaron por salir a escena como voceros de una iglesia “profética” y “liberadora” fragmentando una sólida y ancestral cruz nacional, que a cambio de la pobreza y el sufrimiento aquí en la tierra, ofrecía, a los buenos cristianos, el cielo en la otra vida.

Entre entradas y salidas de la Iglesia Católica en el escenario nacional, Guatemala ha tenido tres cardenales, Mario Casariego, Rodolfo Quezada y ahora, Álvaro Ramazzini “la voz de los sin voz”. Tres Cardenales, tres tiempos “recios”, tres voces diferentes y tal vez, una sola Fe.

El nombramiento de Ramazzini, ha causado escozor en las “buenas conciencias” de algunos católicos y júbilo y esperanza entre miles de fieles que lo siguen. Sin embargo, más allá de cariños y animadversiones, su nombramiento, y la discreta salida del Nuncio Apostólico Nicolás Thevenin, presagian una comunicación directa entre el nuevo Cardenal, la Conferencia Episcopal y el Vaticano, en sagrada comunión con las ideas y la “revolución interna” del Papa Francisco.

El nuevo Cardenal sabe que los que de veras buscan a Dios, dentro de los templos e iglesias se ahogan. A su favor la realidad, la coyuntura externa y la esperanza rota de miles de fieles creyentes. En contra, los nuevos Dioses, y las denominaciones religiosas que, a costillas de la ignorancia y la buena fe, ofrecen, por un diezmo, el cielo aquí en la tierra. Siglos después, en infernal retorno, Isabel la Católica e Isabel La Protestante, y en medio, la fatal posibilidad de convertirse en el último Mohicano.