Jueves 14 DE Noviembre DE 2019
Domingo

México y el exilio del 54

Fecha de publicación: 13-10-19
Por: Jaime Barrios Carrillo

Mario Vargas Llosa ha puesto de nuevo en el mapa mundial a los sucesos de 1954 en Guatemala. Un país del cual Winston Churchill confesara que oyó hablar de ese «lugar sangriento» por primera vez a la edad de 79 años. No cabe duda que el derrocamiento del gobierno del presidente Jacobo Árbenz fue una noticia mundial. Aún antes de la invasión, y cuando era apenas un presagio, Guatemala y su gobernante «comunista» habían aparecido en primeras planas de medios norteamericanos, muy preocupados por el peligro que Guatemala significaba para Estados Unidos y para el mundo. En ese orden exagerado. Pero no se ha hablado aún suficientemente de lo que pasó con el exilio guatemalteco, después del derrocamiento del coronel Árbenz.

México, en un período que abarca medio siglo (1939-1989), fue receptor de grandes olas de exiliados de muchas partes. Lo peculiar es que en alto grado fue un exilio de cerebros. México se enriqueció cultural, científica y artísticamente en esas cinco décadas que arrancan con la caída final de La República española y se cierran con la del muro de Berlín. Primero llegaron los surrealistas franceses huyendo de los nazis, el mismo André Breton, principal figura de los surrealistas, Benjamín Péret y Alice Rahon, precursora del expresionismo abstracto. También el escritor austriaco Wolfgang Paalen, quien funda la revista Dyn (1942-1944). Es conocida una frase de Breton: «México es el país natural para el surrealismo», La crítica hoy coincide unánime en la influencia del surrealismo y de Breton en Frida Kahlo y en la poética de Octavio Paz.

A finales de 1938 y en afluencia masiva en el 39, llegan los republicanos españoles escapando del franquismo. Con el apoyo del presidente mexicano Lázaro Cárdenas 25 mil españoles se refugiaron en México a la caída de la República. Notables filósofos, escritores, editorialistas, arquitectos y científicos le dan una inyección revitalizadora y proyectiva a la academia mexicana, a la cultura, a las artes y por extensión a la producción de libros y revistas.

La caída de Árbenz significó la persecución generalizada contra toda forma de oposición en Guatemala, y se consideraban sospechosos de comunistas especialmente las voces críticas, los escritores, poetas, artistas y académicos. La diáspora fue grande. Desde junio del 54 y en los años subsiguientes el país perdió lo más granado de su intelectualidad. Prácticamente los escritores más importantes salieron al exilio mexicano, con excepción de Asturias que se exilia en Argentina y Manuel Galich que para en Cuba. A México llegan huyendo Luis Cardoza y Aragón, Augusto Monterroso, Mario Monteforte Toledo, los poetas Otto Raúl González, Carlos Illescas y Alaíde Foppa, pionera del feminismo en Latinoamérica, fundadora de la revista Fem. Sobresalió con sus cátedras feministas en la UNAM y con sus libros, así como los programas en Radio Universidad. Con Margarita García Flores funda la revista Fem, publicación pionera del movimiento feminista en América Latina y referente de la lucha por la igualdad de género. La revista vio la luz en octubre de 1976 con textos de Alaíde Foppa, Elena Poniatowska, Elena Urrutia, Margo Glantz y dos entrevistas: una de Simone de Beauvoir a Jean Paul Sartre y la otra de Carmen Lugo a la psicoanalista Marie Langer.

Pero en 1954 ya no estaba Cárdenas en el poder y estaba concluida la lucha mundial contra el fascismo y el nazismo. La Guerra Fría atornillaba sus helados tornillos y Guatemala fue la primera víctima en América. El presidente mexicano era un contador llamado Adolfo Ruiz Cortines. Tuvo una política de complacencia y colaboración con los Estados Unidos. Se trataba en la práctica de la política de «la buena vecindad». Ruiz Cortines buscó la inversión del capital norteamericano y la regularización de los migrantes, llamados entonces braceros. El futuro presidente norteamericano Nixon visitó entonces el país y declaró sentirse como en casa.

La solidaridad con el gobierno de Árbenz fue de todas maneras amplia, enraizada más en los partidos de oposición y en prominentes figuras de la cultura mexicana como Diego Rivera. Se recuerda una gran manifestación de apoyo a Guatemala, encabezada por Rivera que empujaba la silla de ruedas de su esposa Frida Kahlo, fallecida poco después.

Merece un lugar relevante el nombre de Luis Cardoza y Aragón. Su aporte a la poesía mexicana es fundamental. Como crítico de arte es la figura central durante muchos años. Obras como La nube y el reloj, Pintura Mexicana y Posadas, maestro de obras que hacía obras maestras constituyen un cuerpo indispensable en la historia y crítica de las artes plásticas mexicanas.

Otto Raúl González fue un poeta pedagogo. Además de su vasta obra producida en México fue un forjador de poetas, impartiendo talleres en todo el país y en los barrios populares del Distrito Federal. Carlos Illescas, también poeta, dejó un legado a la radio cultural mexicana. Hizo películas e impartió cátedras en la Universidad Autónoma de México.

Tito Monterroso es capítulo aparte. Su presencia literaria no solo cubrió México sino trascendió a España y América Latina.

Carlos Navarrete, con su largo exilio, es uno de los baluartes de la arqueología maya en México. También escritor que ha obtenido el Premio Nacional de Literatura en Guatemala.

Mario Monteforte Toledo estuvo exiliado años en México, donde escribió novelas y fue catedrático en la UNAM. Recibió la Orden del Gran águila Azteca.

Resulta indefectible recordar que antes de la diáspora del 54, Guatemala ya había, directa o indirectamente, expulsado a un grupo de extraordinarios creadores a México. Durante la dictadura de Jorge Ubico se exilian en México, Carlos Mérida, Arqueles Vela y Carlos Solórzano Los aportes de Mérida al muralismo y a las artes plásticas mexicanas son fundamentales. Mérida también se interesó en el estudio de la danza en México. Arqueles Vela fue de los fundadores del movimiento literario y artístico, con Salvador Novo a la cabeza, conocido como los estridentistas. El dramaturgo Carlos Solórzano reside desde 1939, se trasladó también huyendo de la dictadura ubiquista quedándose hasta su muerte acaecida en la Ciudad de México en 2011. Sus aportes al teatro mexicano, tanto en obra como en investigación e investigación y docencia son valiosísimos. Alfonso Reyes y Albert Camus dedicaron cartas y comentarios a sus textos y puestas en escena. Fue fundador del Teatro Universitario, profesor emérito de la UNAM y Coordinador Ejecutivo del Teatro de la Nación.

Hemos mencionado nombres esenciales de la literatura y las artes guatemaltecas. Muchos más merecen resaltarse pero el espacio no lo permite. Agreguemos que una nueva diáspora de intelectuales buscó refugió en México a principios de los años ochenta, a causa de la pavorosa persecución de los regímenes militares. En México encontraron un lugar para seguir produciendo. En primer lugar nuestro mayor historiador contemporáneo Severo Martínez Peláez, que fue acogido en Puebla. Asimismo la historiadora Lorena Carrillo, incorporada a la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Los sociólogos Sergio Tischler y Carlos Figueroa Ibarra. Los escritores Mario René Matute, Marco Antonio Flores, Otoniel Martínez, Luis Eduardo Rivera, Gerardo Guinea Diez, y Carlos Humberto López, entre otros.

En definitiva, México recibió una inyección de creatividad en los campos de la literatura, las artes y las ciencias con la diáspora guatemalteca. En su discurso de agradecimiento por el otorgamiento del Gran Águila Azteca, Luis Cardoza y Aragón dijo entre otras cosas bellas y profundas que México lo había acogido con trabajo, amigos y oportunidades y agregó de súbito «casi se me olvida decir que soy un exiliado». Y enseguida aclaraba: «No hay patrias segundas, México ha sido el país de mi elección, puede haber mayor privilegio?»

Gabriel García Márquez cuando recibió el premio Nobel de Literatura en 1983 era un exiliado en México, acosado por el régimen colombiano. Terminó su discurso de recibimiento del Premio Nobel haciendo un homenaje a Luis Cardoza y Aragón y pidió un brindis por la poesía citando el famoso verso cardoziano: «La poesía es la única prueba concreta de la existencia del hombre».