Martes 15 DE Octubre DE 2019
Domingo

Una comparación no odiosa

Fecha de publicación: 15-09-19
Por: Laura Castañeda / Sociedad de Plumas

Reflexionar sobre el trágico episodio que hace unos días sirvió de base para que se decretara el Estado de Sitio en Izabal, nos revela la encrucijada en la que se encuentran las Fuerzas Armadas y el país.

Guatemala cuenta con un Ejército muy profesional, pero que comparando las capacidades militares entre los estados de la región es el más débil. Las amenazas del crimen organizado transnacional son muy fuertes y aunque el Ejército recibe cooperación de los Estados Unidos para combatir el narcotráfico y otros delitos conexos, esto no es suficiente para obtener resultados sobresalientes en el combate a fuerzas tan poderosas como son el narcotráfico, la invasión de fincas y la explotación ilegal de jade, entre los muchos ilícitos que suceden en Izabal y el país. 

Adicionalmente a la deficiencia de capacidad militar que tiene el Ejército, lo que estos crueles asesinatos nos revelan es la falta de apoyo político interno y externo que se traduce en una constante persecución a la Institución y el sometimiento de ella a la agenda de la mal llamada sociedad civil.

Esta satanización de la Institución Armada y todo lo que se traduzca como su empoderamiento es lo que hace que la declaratoria del Estado de Sitio sea atacada irracionalmente, contrario al sentido común. Es tan bizarro atacar esta declaratoria, como admitir que es preferible que el país sea tomado por fuerzas delincuenciales que contar con la seguridad y el bienestar del cuidado de la institucionalidad del Estado.

El noble acto de “entregar las armas” que protagonizaron los jóvenes miembros de las fuerzas militares, no debe ser interpretado como un acto de debilidad o falta de entrenamiento. Ese acto que dejó en la completa indefensión a los militares y que ocasionó el asesinato con saña de tres de ellos es solo la demostración de la obediencia a la doctrina de los Derechos Humanos que las Fuerzas Armadas se han comprometido cumplir, y que, más para mal que para bien, da lugar a episodios como el caso Alaska del coronel Chiroy y ahora el de Izabal.

No debe entenderse con esto que estamos a favor de la violación a los derechos humanos que se deben proteger por parte del Estado, pero sí es menester admitir que, abusando de una promoción con enfoque equívoco de la protección de los mismos, se pretende desaparecer al Ejército y disminuir la capacidad técnica de la Policía, dejando a los ciudadanos a merced de criminales, como sucede en Izabal y otros departamentos.

Hay que ponerle mucha atención al efecto que esta doctrina tiene sobre la moral de la institución y el actuar de las Fuerzas Militares, ya que sobre este particular escuché al vocero del Ejército al ser cuestionado sobre la falta de acción del grupo emboscado responder que el hecho de que no haya una declaratoria de guerra o conflicto armado interno decretado y reconocido por terceros,  hace imposible que el Ejército se defienda por la fuerza. 

Es útil en este punto tener un marco de referencia para poder saber si esta campaña de debilitar al Ejército es buena o no. Por ejemplo, el Ejército de los Estados Unidos, se defiende en donde le pongan, pues desde su creación hasta la fecha tiene bien clara cuál es su misión y con honra sus 1.018.000 miembros de la fuerza combinada la ejecutan, los ciudadanos la respetan y los políticos la respaldan- de hecho hasta en American Airlines los honran permitiéndoles que sean los primeros en abordar-.

Según se lee en su página, el Ejército de los Estados Unidos  tiene como misión: “preservar la paz, la seguridad y la defensa de los Estados Unidos, sus posesiones y sus áreas ocupadas, apoyar las políticas nacionales, la realización de objetivos nacionales y superar cualquier nación responsable de actos agresivos que ponen en peligro la paz y seguridad de los Estados Unidos”

Vale la pena preguntarse, ¿quiénes ganan con el debilitamiento de la fuerza? ¿Hasta dónde va a llegar la inseguridad y amenaza de los objetivos nacionales si el Ejército sigue de manos atadas? La frontera de la delincuencia cada vez se corre más y gana terreno. Vale la pena poner un “hasta aquí” a esos ataques sin sentido a una institución que ha probado gozar de la popularidad más alta de todas las instituciones del Estado. 

Reconociendo la gran diferencia que hay entre la realidad del Ejército de los Estados Unidos y el Ejército de Guatemala y aunque las comparaciones son odiosas, es hora de ver el caso del norte como ejemplo para regresarle al Ejército, con todo el conocimiento adquirido del conflicto armado interno, el brillo que se merece, no solo por el bien de la institución y quienes la integran, sino por el bien de todos y de las futuras generaciones.


Sociedad de Plumas es una red de colaboradores comprometidos con promover en las páginas editoriales el balance, el contraste y la propuesta constructiva.