Martes 15 DE Octubre DE 2019
Domingo

Embajada en Suecia

Fecha de publicación: 15-09-19
Por: Jaime Barrios Carrillo

Con indignación y desconcierto, seguimos la conferencia de prensa del vicepresidente Jafeth Cabrera, donde se dijo una de imprecisiones y crasas mentiras; dentro de un marco de cinismo y arrogancia pocas veces visto. Han aprendido bien los actuales miembros del Ejecutivo a retorcer la verdad, aún más: a decir falsedades sin tener el mínimo de parámetros éticos, en el mejor estilo de un Bolsonaro.

Comencemos con cuestionar las razones de “poco comercio y turismo” con Suecia. Aquí se nota el discurso impuesto por el CACIF a “su alto funcionario”. Si bien es cierto que los criterios comerciales son importantes, una legación diplomática abarca más que el mero ámbito de los negocios. En lo fundamental, se olvidan Cabrera y el CACIF de que la embajada de Guatemala en Estocolmo atiende a toda Escandinavia, más a Estonia y Lituania. Es un espacio geopolítico amplio de países, en donde viven cientos de familias guatemaltecas. Pero los guatemaltecos en el extranjero nunca han sido prioridad para este gobierno y menos del CACIF. 

Guatemala está abandonando a sus connacionales en los países escandinavos y bálticos. Al mismo tiempo aislándose de una región importante en el mapamundi económico y político. Se trata de países como Suecia, Finlandia, Dinamarca y Noruega que tienen enormes potenciales de intercambio en todos las esferas, desde el comercio hasta la transferencia de tecnología por medio de programas de capacitación y becas. Y desde luego, a través de la cooperación internacional, que históricamente suma millones y millones de dólares donados por estos países a Guatemala. Jafeth Cabrera declaró ingratitudes al no reconocer todo el apoyo dado por estos países, Suecia en especial, a nuestro país, para apoyar el desarrollo, la democracia y el apoyo a instituciones.

Resulta inconsistente la declaración del vicepresidente Cabrera de que el cierre de la embajada en Suecia, y por tanto en toda la región escandinava y báltica, obedece a una reorganización administrativa. Cabrera pretende negar los aportes de estos países a Guatemala y hace un intento de rebajar la importancia de los mismos en el campo de las relaciones exteriores. ¿Cómo defender, por otra parte, la apertura de una embajada en Sudáfrica? ¿Qué importancia comercial o de turismo tiene ese país africano? ¿Cuántos guatemaltecos viven en Sudáfrica?  Hay cuestiones que tarde o temprano saldrán luz.

Pero lo que da más grima, por ser una actitud de hipocresía y cinismo, es hacer estas aseveraciones tirando piedras falaces, teniendo el mismo vicepresidente techo de vidrio. No dijo nunca que su yerno, el dentista y pastor evangélico Francisco Gross Hernández-Kramer, fue el embajador de Guatemala en Suecia desde el comienzo de este nefasto y corrupto gobierno. Un caso escandaloso de tráfico de influencias que no debería ser tolerado. El nombramiento de Francisco Gross, que no tenía experiencia diplomática más que su trabajo en algunas iglesias europeas, fue un acto de nepotismo descarado. Gross nunca fue antes parte de Cancillería. El único “mérito” es el estar casado con una hija de Jafeth Cabrera.

La pregunta obligatoria, en vista de la situación de tráfico de influencias y nepotismo señalados, es indagar por el trabajo realizado por el embajador Gross en Suecia durante cuatro años. ¿Qué hizo para mejorar las relaciones con Suecia? ¿Cuáles son sus logros en el campo del comercio y el turismo? Nada. Cero. Durante cuatro años no vemos los resultados y ahora su suegro Jafeth Cabrera se atreve a pregonar que estos países generan poco comercio y no dan ningún apoyo. 

 Francisco Gross Hernández-Kramer ya no es el embajador en Suecia, fue nombrado hace poco plenipotenciario en Francia. Es decir el gobierno se avocó, amparado en la falta de transparencia, a realizar un traslado para asegurarle el “hueso” al yerno del vicepresidente y luego cerrar intempestivamente la embajada guatemalteca en Suecia. Encima, el vicepresidente Cabrera asegura que se trata solo de un cambio administrativo sin ningún revanchismo por el apoyo que Suecia dio a la CICIG. 

La Cancillería guatemalteca llega al último tramo del actual gobierno dejando un saldo negativo. Desde el principio faltaron políticas claras y coherentes, con objetivos operacionales tangibles y medibles. Lo que se ha visto, en cambio y sobre todo en los últimos meses, es un mecanismo para hacer nombramientos de parientes, amigos y gente ligada a financistas y políticos. Pasando por encima de la carrera diplomática, despreciando las capacidades del personal homologado. 

Ha sido una Cancillería manejada a lo cuadrúpedo. Con rebuznos y disonancias. Con torpeza de principiantes. Con codicia oportunista y tráfico de influencias en los nombramientos en los puestos diplomáticos, a donde ha llegado gente sin preparación. Hay muchas designaciones anómalas. En cambio, se ha destituido a personal con mucha trayectoria dentro de la carrera diplomática, creándose un clima de inseguridad en la Cancillería y un control despótico del personal. La canciller Jovel pasará a la historia como una analfabeta en el campo de las relaciones internacionales.

Cabrera nada dijo de los fracasos de la Cancillería en el campo internacional, su pésimo gobierno ha aislado al país, produciendo una imagen de falta de institucionalidad y poca seriedad como Estado signatario de convenios internacionales. ¿Quién va a invertir en un país así?

A los migrantes los dejaron solos, abandonándolos a su suerte, con niños en jaulas y gente detenida en situaciones precarias y sub humana según informes calificados. Un ejemplo lamentable, es la localidad de Clint, pequeña población de apenas cien habitantes situada en El Paso Texas, que alcanzó dimensión mundial después de varias demandas hechas sobre la situación de los niños migrantes centroamericanos, retenidos en un centro de detención. Trascendió la alarma de hacinamiento, enfermedades y mala nutrición que sufren los infantes ubicados en celdas y patios inadecuados. Un impactante reportaje del New York Times retrata ese centro de detención como una pesadilla, un verdadero campo de concentración, sin baños suficientes ni mínimas condiciones higiénicas.

El gobierno, en cambio, se plegó antinacionalmente a los designios del presidente Trump, afectando de manera oprobiosa a la soberanía del país y poniéndose como alfombra para el Acuerdo de Tercer País Seguro. 

Preocupa que el presidente electo, Alejandro Giammattei, apoye esta medida de cerrar la embajada en Suecia con su silencio absoluto. No es creíble que en esta etapa de transición no haya él sido consultado. Heredará un Ministerio de Relaciones Exteriores repleto de personal nombrado a dedo, siguiendo procedimientos muy dudosos de tráfico de influencias y nepotismo. 

Guatemala no puede seguir aislándose y desproteger a sus ciudadanos en el extranjero. Alarma vislumbrar en las relaciones exteriores un continuismo del “jimismo” (o sea más de lo mismo) o del cabrerismo nepotista. ¿Tendrá Giammattei el suficiente coraje de corregir el nepotismo? ¿Se atreverá sacar a todo el parasitismo burocrático que hoy tiene pasaporte diplomático y elevadísimos salarios y prebendas, mientras la pobreza campea en el país? ¿O le dará una embajada a Sandra Jovel y mantendrá a los amigos y parientes de Jimmy y de Cabrera para un continuismo que nos puede llevar a una caída aún mayor?

Consideramos que Giammattei, una vez puesta la gente adecuada en los cargos en el interior y exterior, debería implementar una política exterior con objetivos de abrir puertas que permitan romper el aislamiento. Esto implica la elaboración de un plan concebido en base de objetivo operacionales, diseñado y manejado por expertos y no en base de intereses particulares y amiguismo, dentro de un lamentable marco de amateurismo.

La política exterior debería representar las prioridades del interior y de los ciudadanos, no de particulares ni de grupos oscuros. Pero se demuestra, una vez más, que este gobierno no está enraizado en el bien común sino en los intereses del propio presidente y su gente. Cae de su peso que un gobierno sin rumbo, tendrá siempre una Cancillería con el mismo sello.