Miércoles 18 DE Septiembre DE 2019
Domingo

Arde la selva

Fecha de publicación: 08-09-19
Por: Jaime Barrios Carrillo

“La naturaleza sostiene la vida universal de todos los seres”.
Tenzin Gyatso, decimocuarto dalái lama

La conciencia ecológica no constituye ningún histerismo. Todo lo contrario, resulta una necesidad imperativa, y mundial, para frenar el agotamiento de los recursos naturales, y a la vez luchar por un mundo más equitativo. El ansia depredadora del industrialismo postmoderno, se muestra en los devastadores incendios de las selvas americanas. Arden las selvas amazónicas en Brasil. Arden los bosques en Bolivia. Arde Petén en Guatemala. Los pulmones de la Tierra se están llenando de humo y si se atrofian llevaran al planeta a la inanición.

Los incendios en la región del Amazonas en Brasil alarmaron de inmediato al mundo. Pero no al presidente brasilero Bolsonaro, quien no solo intentó restar importancia a la dimensión de la tragedia ecológica, sino se permitió irresponsablemente acusar a las organizaciones ambientalistas de ser las causantes de los incendios. Una absurda acusación que fue rechazada nacional como internacionalmente. Bolsonaro ha recibido enormes críticas por esta falsa acusación, sobre todo teniendo en cuenta sus expresadas intenciones durante la campaña electoral de que facilitaría la explotación forestal del Amazonas. Bolsonaro no ha estado en contra de la implantación de ganado en la región, que significa deforestación. Además, ha tenido expresiones racistas y agresivas contra los grupos indígenas y pueblos originarios que han habitado milenariamente y en armonía la región amazónica. Por si fuera poco, Bolsonaro no demostró iniciativa ni dinamismo frente a la reacción mundial y a los ofrecimientos de ayuda. En cambio, expresó desatinados cantos por la soberanía para rechazar la ayuda europea, calificándola de ser un nuevo colonialismo.

La salud de las selvas amazónicas, y los bosques húmedos tropicales en otras partes del mundo, es un asunto global, pues atañe al ecosistema planetario, demasiado expuesto ya al efecto invernadero, la contaminación de las aguas y el calentamiento global. Por ejemplo, la organización World Wildlife Fond (WWF) le ha venido tomando el pulso al ecosistema de la Tierra, en base de llamada huella ecológica que consiste en medir por hectárea cuánto consume cada habitante en relación a lo que el Tierra reproduce. La huella ecológica mide el impacto sobre la biosfera. Entre 1970 y 2003 se ha triplicado. El dióxido de carbono, por el uso de combustibles fósiles, es el componente de crecimiento más rápido de la huella mundial, al aumentar en más de nueve veces de 1961 a 2003. Tenemos sin duda un déficit ecológico muy peligroso.

No se trata de eco histerismo sino de evidencias científicas, indicadores objetivos y estadísticas claras. Lo que caracteriza nuestra época, es más bien la enajenación de los ego histéricos, los que niegan el recalentamiento mundial y el deterioro del medio ambiente, en aras de justificar la depredación explosiva de los recursos naturales renovables y no renovables con objeto de obtener beneficios económicos, los cuales tampoco se ven que se extiendan a las grandes mayorías sino se concentran en pocas manos o en pocas grandes multinacionales. Pese al consumo creciente, medido en promedios generales, resulta una paradoja que la pobreza no haya sido eliminada en el mundo. Las estadísticas muestran un mundo de niños desnutridos y regiones con hambruna. Millones de personas no tienen techo ni condiciones mínimas de existencia, viviendo con menos de dos dólares diarios. Mientras en los países ricos se consume de sobra y se botan recursos consumibles, incluso alimentos que podrían dárseles a los hambrientos.

La base del modo actual de producción es el consumo ascendente y sin límites. Lo que significa evitar el reciclaje y combatir la conciencia ecológica. El consumo mundial sigue aumentando. Están devorando el planeta y nos encontramos ante el dilema de cambiar el estilo de vida o continuar hacia la catástrofe. Los cambios climáticos, las inundaciones y las sequías prologadas son signos de que algo grave está pasando. Según cálculos del World Wildlife Fond (WWF), en el año 2050 se necesitaría de dos planetas idénticos a la Tierra para mantener el nivel creciente de consumo.

Los países más industrializados, con Estados Unidos a la cabeza, están acabando los recursos naturales. La era del automóvil ha rebasado la capacidad de desgaste del planeta. Demasiados gases crean fallas irreparables al corto plazo en el ecosistema, como el conocido «efecto invernadero» que conduce a la destrucción del ozono y la protección natural del planeta contra la radiación solar. Lo que suena a una película de ficción está en las puertas de concertarse en catástrofes ecológicas, que van desde inundaciones, derretimientos de glaciares, incendios hasta sequías prolongadas, la distopía vuelta realidad.

Es una problemática global. Incluso los países no industrializados y pobres están contribuyendo negativamente a la destrucción de la naturaleza. De nuevo se constata que la llamada huella ecológica no se limita a ser mayor en los países postindustriales, sino que regiones menos desarrolladas también contribuyen negativamente. Es el caso de países pequeños como Guatemala donde casi todos los ríos, corrientes fluviales y lagos están contaminados. Petén lo están deshaciendo pedazo a pedazo, sin que nadie pueda detener la horda de termitas. Mucha palma africana y narco ganado en lugar de preservar los bosques naturales y la selva tropical húmeda. En Guatemala también arden las selvas y los bosques, no debido a los calores excesivos sino por la mano humana. La desforestación del país es escandalosa y parece no ser posible detenerla o controlarla en un mar de corrupción gubernamental y ineficacia institucional, combinada con los planes de explotación económica de empresas privadas y transnacionales. Guatemala es un país de vocación forestal que está viviendo una destrucción acelerada de sus bosques. Esta tragedia forestal, salvaje y amplia y sin reforestación ni control, llevará a una desertización de varias regiones del país.

  El sistema ecológico global presupone soluciones globales y colaboración internacional, más allá de los límites nacionales. De ahí que resulte deleznable actitudes como la del presidente Bolsonaro en Brasil, quien ahora se ha enfrentado en un guerra oral al jefe del Estado francés. Ya y desde su campaña había anunciado que no creía en el recalentamiento global y que de llegar a la presidencia haría lo posible porque Brasil se saliera del Acuerdo de París que intenta controlar y parar la destrucción ecológica, por medio de regulaciones internacionales efectivas. Bolsonaro ha sido en esto una versión tropicalizada del presidente Trump, quien ha retirado a Estados Unidos del «Acuerdo de París» y  ha anunciado la reutilización y explotación del carbono, el combustible fósil más dañino. 

Pero los incendios en la Amazonia tienen también una contraparte en el llamado Primer Mundo. El periódico sueco Svenska Dagbladet, «El diario de Suecia», publicó la semana pasada un reportaje sobre los millonarias asados en lugares públicos y privados donde en el verano se  utiliza carne importada del Brasil. Se estimula así la demanda y la importación de carne que se produce expansivamente en regiones deforestadas en Brasil y otros países latinoamericanos que tienen bosques húmedos.

Como un signo positivo de la preocupación regional sobre los incendios amazónicos, se reunieron el pasado viernes los presidentes de Colombia, Bolivia y Ecuador en la ciudad amazónica colombiana de Leticia. Pero con la ausencia del presidente Bolsonaro quien se excusó por motivos de salud.

Una novela guatemalteca, hoy clásica en su tipo, La mansión del pájaro serpiente del escritor Virgilio Rodríguez Macal profetizó de alguna manera los problemas ecológicos. Se presentan bellísimas descripciones de las selvas guatemaltecas, donde los personajes, en el marco de la mitología maya, son animales que simbolizan diferentes conductas humanas. Encontramos también una premonición, una profecía verde y todavía urgente:

“Ya se olvidó todo lo que es cruel, lo que es martirio aplastante…

¡Ya solo queda la urgencia de volver a la selva!”.