Sábado 7 DE Diciembre DE 2019
Domingo

En el mundo de los niños con altas capacidades

Dos o tres de cada cien personas en el mundo tienen una mente prodigiosa. La Dirección General de Educación Especial comienza a diseñar un plan para atender a este pequeño grupo poblacional.

Fecha de publicación: 01-09-19
El Centro Educativo Benito Juárez es el único plantel especializado que atiende estudiantes a partir de un CI de cien.
Por: Ana Lucía González / elperiódico

El patio de recreo del Centro Educativo Benito Juárez, en la zona 2 capitalina, es igual al de un colegio normal donde los niños platican, juegan pelota, refaccionan y se divierten. Sin embargo, es el único centro de estudios en el país donde el requisito para ingresar es contar con un Cociente Intelectual (CI) de cien en adelante, así como pertenecer a un nivel socioeconómico medio bajo o bajo. 

Es el caso de Sofía, quien a los 10 años se expresa con un inglés fluido, de excelente pronunciación y tiene claro que cuando sea mayor quiere estudiar biología. También está Julio, que a los 11 años debuta en los escenarios con soltura cantando rancheras, o de María, quien a los 12 años tiene la destreza de expresar pensamientos de gran agudeza.*  

Es un grupo de poco más de 300 estudiantes desde kínder a bachillerato. Heterogéneo, pero talentoso. Algunos destacan en alguna materia en particular, mientras que hay otros que les va bien en todo. Forman parte de las estadísticas de niños con altas capacidades y superdotados, que han estado desatendidos por el Estado, a pesar de que deben ser tomados en cuenta como parte de la Ley de Educación Especial para Personas con Capacidades Especiales (Decreto 58-2007). Una falta de atención que puede empezar en casa y la escuela, y que desencadena en problemas de conducta, frustración, bullying, hasta la pérdida de ese talento.  

Para los maestros tratar este tipo de niños es un desafío, aunque también refuerzan hábitos y valores.
Fotos Edgar Pocón

Sin embargo, desde 2017, la Dirección General de Educación Especial (Digeesp) del Ministerio de Educación cuenta con un área específica, en donde se comienzan a diseñar guías para que los maestros estén capacitados para atender la inclusión de este tipo de estudiantes dentro de las aulas.  

El CI no es una medida estable

Las mediciones de inteligencia o CI se basan en la curva de Gauss, que referencia el rango normal o promedio de CI en una escala de 85 a 114, que abarca a un 68.2 por ciento de la población. La siguiente escala es la inteligencia superior con un CI de 115 a 130, y que representa al 13.6 por ciento. En un rango aún menor, están los superdotados que tienen un CI de 130 a 145, y son el 2.1 por ciento. Y a partir de 146 están los considerados genios, que son el 0.14 por ciento de las personas.

En Guatemala no se tienen datos de cuántos niños y jóvenes tienen estas características. El diagnóstico más simple son las pruebas de CI, “pero este es un concepto que ya no se usa, pues las medidas no son estables”, indica el investigador educativo Andrés Gálvez-Sobral de la Universidad del Valle (UVG).

Una de las preocupaciones es que muchos de estos niños y jóvenes tienen problemas de rendimiento debido a la falta de estímulo y adaptación.

Sustenta su afirmación en el Estudio longitudinal de desarrollo del niño, investigación de largo alcance hecha en Guatemala por la UVG entre los años 1953 a 1999. Relata que se evaluó a estudiantes de siete colegios todos los años con pruebas de inteligencia, lectura, talla, peso, fuerza de la mano, dientes, etcétera. “Se determinó que hubo cambios en el estándar del CI en el 60 por ciento de los evaluados a lo largo del tiempo”, indicó. 

Gálvez-Sobral indica que hoy se toman en cuenta otras variables. Por ejemplo, la inteligencia fluida, que es la capacidad de aprender cosas nuevas y la inteligencia cristalizada, que implica la capacidad de recobrar de la memoria lo que ya se sabe y ponerlo en práctica. 

Los especialistas toman como referencia el modelo de los tres anillos del psicólogo estadounidense Joseph Renzulli como uno de los más aceptados para evaluar el comportamiento superdotado. Este se basa en la interacción o solapamiento de tres conjuntos de rasgos: Uno, la capacidad cognitiva por encima de la media (razonamiento verbal, espacial, memoria, etcétera). Dos, el compromiso, perseverancia o implicación en la tarea y tercero, la creatividad.  

“Estos diagnósticos requieren una serie de pruebas, observación, entrevistas para llegar a una conclusión. Encontrar ese alguien integral es como buscar una aguja en un pajar”, asegura Gálvez-Sobral. 

Una problemática no atendida

“Tengo dos hermanitos que casi no llegan a la escuela, dice la maestra, y qué bueno que no van, porque cuando llegan se la pasan molestando. Pero cuando se evalúan sacan cien puntos. Sin embargo, no pueden ganar porque no cumplen con los 180 días de clases”, refiere como anécdota William Patzán, titular de la Digeesp del Ministerio de Educación. 

Sin duda, los maestros los reconocen. Son los que responden más rápido en clase, los primeros que terminan el examen, los que platican de más, molestan o se aburren. Pero los comportamientos varían. Están los callados o los que se hacen los tontos, con el objeto de evitar apelativos como cerebrito, el nerd, el que todo lo sabe. “Optan por mimetizarse, para no ser víctimas de bullying y porque valoran más el sentido de pertenencia a un grupo”, explica Mayra Sierra, directora de secundaria del Benito Juárez.  

Este es el tipo de abordaje que ha estado desatendido por el Estado, por falta de información, estudios, y porque no se le ha prestado la debida atención en las instituciones públicas y privadas. A pesar de que la Digeesp se creó en 2008, es hasta 2017 que se empiezan a crear protocolos para atender a los niños con altas capacidades. 

“Estamos iniciando, antes quizá no era una prioridad de atención, debido a que se han centrado los esfuerzos en discapacidad”, explica Ileana Bolaños Martínez, asesora a cargo de esta área en el Digeesp. 

Patzán reconoce que se han tenido dificultades para poderlo abordar. De momento se hizo una primera consultoría y ahora se encuentran en la fase de elaborar un manual con estrategias pedagógicas para que el maestro pueda abordar este tipo de casos, así como contar con una persona capacitada para atender este perfil de estudiantes en cada dirección departamental. 

Parte de las preocupaciones es que muchos de estos menores tienen problemas de rendimiento debido a la falta de estímulo y adaptación, sea desde la familia y la escuela. “No tenemos presupuesto específico para esto, tampoco especialistas, pero se debe atenderlos para no perder este talento”, dice Patzán. 

“Pueden ser fastidiosos, pero hay que apoyarlos”, explica Ana Aldana, directora de primaria del Benito Juárez, quien ha estado en este plantel desde sus inicios, hace 20 años. Explica que para los educadores tratar este tipo de estudiantes es un desafío, aunque en ese plantel, los maestros tienen estudios universitarios, en psicología y se trabaja en reforzar valores y hábitos. 

Lucía de Anaya, psicóloga de este plantel, explica que uno de los mitos para los educadores es que tienen que ser atendidos por maestros con altas capacidades. Expone que en realidad el maestro no basa su rol en una “superioridad de conocimientos específicos, sino en la mayor madurez socioemocional, así como en una disposición mayor de recursos o referencias, aspectos que le permiten orientar y aconsejar, más que aportar conocimientos”. 

Que la llama no se apague

Las evaluaciones cognitivas desarrolladas por la UVG muestran –en confidencial– las altas capacidades de un estudiante de secundaria. Estas dan como resultado: 85 en razonamiento verbal, 90 en habilidad numérica, 90 en razonamiento abstracto y 99 en relaciones espaciales. “Este estudiante puede escoger cualquier carrera”, asegura con orgullo Mayra Sierra, directora de secundaria del Benito Juárez.

Sin embargo, prestar atención a esta clase de personas en un contexto de país con necesidades más urgentes parecería poco importante. Pero es el caso que en cada escuela un promedio de dos de cada cien alumnos necesita atención especial.

Gálvez-Sobral considera que por el nivel de subdesarrollo, se necesita gente con altas capacidades que resuelva problemas, de crear espacios para que prosperen y no se vayan quedando sin opciones. Destaca un estudio donde se demostró que solo con el hecho de tomar agua limpia, la población creció hasta cinco centímetros. “Con solo resolver las necesidades nutricionales, redunda en altura, desarrollo cognitivo, rendimiento escolar y productividad laboral”, afirma.  

A nivel familiar, Anaya considera que estos chicos deben verse como un regalo y no como un problema. Se les debe cuidar para evitar que su llama se apague. Aldana apuesta porque en el largo plazo, el país tendría profesionales exitosos.   

“Hace falta atenderlos con mejores lineamientos. Responder a esta necesidad educativa es parte de nuestro mandato”, concluye Patzán.

Una historia de inteligencia y perseverancia

Roberto Chávez Marroquín fue uno de los alumnos que integró la primera cohorte del Centro Educativo Benito Juárez en el año 2000. Es el menor de tres hermanos y fue reclutado y evaluado en una guardería de Bienestar Social. 

Su vida ha transcurrido en el asentamiento El Esfuerzo, en la zona 7 capitalina. Llegaron allí porque su papá fue parte de un grupo que invadió los terrenos debajo del puente el Incienso. “Pasábamos demasiadas penas en casa, a esto se sumó que las pandillas empezaron a reclutar jóvenes. Su primo y hermano mayor no tardaron en unirse a la MS”.

Roberto Chávez Marroquín.

En contraste, Roberto destacaba en el colegio por su espíritu inquieto y su habilidad para resolver problemas, recuerda la directora de secundaria, Mayra Sierra. Empezó a debatirse entre dos mundos. Llegaba a una casa donde encontraba drogas, armas y el asedio de los pandilleros. No tardó en manejar la situación con inteligencia: se hizo su amigo, aunque nunca se involucró en sus actividades. 

Fue así como el colegio llegó a convertirse en un oasis, donde encontraba palabras de aliento como: “usted puede, es diferente”. Recuerda que cursaba 1°o. básico cuando supo que solo quería hacer bien las cosas. Por eso cuando llegaba a casa prefería encerrarse en su cuarto a estudiar. 

Aunque tuvo dudas sobre su futuro, ahora, de 27 años, fue uno de los pocos alumnos que sacó la carrera en limpio de la licenciatura en Producción Audiovisual en la Universidad Panamericana. Además, imparte computación y mecanografía en la secundaria del Benito Juárez, y en su tiempo libre se dedica a las fotos y videos para eventos especiales. Una de sus metas es estudiar una maestría de fotografía en el extranjero.


*Nombres ficticios