Sábado 21 DE Septiembre DE 2019
Domingo

Democracia y libre expresión

Fecha de publicación: 01-09-19
Por: Jaime Barrios Carrillo

«La información se ha convertido, sobre todo, en una mercancía. Ya no tiene más una función cívica. Aunque algunos todavía lo creamos, pero ¿no somos solamente un recuerdo? ¿Somos reales? ¿No somos acaso virtuales?».
–Ignacio Ramonet

Preocupan las actitudes de actuales mandatarios autoritarios. De Estados Unidos a Guatemala, pasando por Bolsonaro y Daniel Ortega, en América Latina, y el gobierno de Orban en Hungría.

La verdad es la primera víctima de la guerra, como afirmaba un periodista norteamericano llamado Hiram Johnson en 1917. Lo primero que un régimen autoritario elimina es la libertad de expresión. Se corta el acceso público a la verdad y se suprime el derecho a la fiscalización. En situaciones extremas se elimina físicamente a los periodistas. El poder ejercido autoritariamente se resiente al sentido de contrapoder que puede tener el periodismo independiente y profesional.

En Guatemala, durante el desafortunado mandato de Jimmy Morales, el gobierno no ha ocultado su aversión a la prensa independiente, es decir la que no acepta manipulaciones y mentiras. Por ejemplo, ha llegado tan lejos al hacer señalamientos ofensivos, fuera de tono y con grandes dosis de embustes, a medios como La Hora y Prensa Libre, habiendo alcanzado la criticable personalización de sus ataques contra distinguidos periodistas, como Óscar Clemente Marroquín y Mario Antonio Sandoval. Jimmy Morales ha dado muestras inequívocas de haber aprendido bien la lección de su mentor, el fallecido expresidente y exalcalde Álvaro Arzú, en cuanto a cómo «domar» a la prensa independiente: «Se le pega o se le paga». Aducir que son los medios independientes los que desinforman y mienten, porque fiscalizan a este desajustado y prepotente gobierno, resulta una paradoja cuando los resultados e indicadores resultan las evidencias históricas más contundentes del fracaso de Jimmy y el daño producido a Guatemala.

El periodismo verdadero, aquel que no se vende sino que profesionalmente trabaja en busca de la verdad, está siendo acosado de forma global. Por ejemplo, el presidente Trump ha dado ya muchas muestras de despotismo, e impudor institucionalizado, incluso humillando a reporteros en conferencias de prensa, o desacreditando a los medios de manera abierta y con la violencia oral que caracteriza al estrafalario presidente de Estados Unidos.

Aunque le duela a míster Trump, la misión periodística no reside en agradar a los políticos, así sean presidentes o fueran reyes. El verdadero periodismo no basa su existencia en la propaganda y defensa/apología acrítica de un régimen, sino en la fiscalización democrática como función principalísima de la prensa. Se busca decir la verdad y nada más que la verdad. De tal manera que es permisible afirmar que hay una correlación entre la misma democracia y el periodismo, como dos caras de la misma moneda. Sin democracia no hay libre expresión y medios libres. Sin prensa responsable y libertad de expresión no hay democracia. La prensa busca siempre la verdad de la manera más objetiva posible. Los regímenes autoritarios detestan al periodismo fiscalizador.

América Latina no está libre de las gestiones autoritarias. Es más, en muchos países se ejerce abiertamente la censura, combinada con represión. Como la que realiza el presidente Daniel Ortega en Nicaragua. En bastantes países se persigue a los medios, se les acosa y se les combate con métodos sin ética a través de chantajes, estigmatización y el uso criminal de las redes sociales, especialmente los llamados «falsos perfiles» o net centers. Los poderes fácticos de oligarquías y mafias, muchas veces entremezclados, quieren imponer su «verdad», es decir sus intereses a la VERDAD, la que el auténtico periodismo busca y defiende. Es decir, los regímenes autoritarios, y más aún las dictaduras, difunden y difunden ficciones impuestas como «realidades» a la opinión pública.

¿Será la democracia un resultado de la libertad de expresión o viceversa? La respuesta implica una toma de posición. El periodista español Ignacio Ramonet ha lanzado el sugestivo concepto de «El Quinto Poder», entendiendo que si la prensa es el «Cuarto Poder», debe haber una instancia que fiscalice a la prensa, que no debe ser el Estado sino los llamados observatorios de los periodistas y desde la sociedad civil.

«La información se vende ahora, es decir ya no se paga por ella sino se vende gente a los anunciantes», ha dicho Ignacio Ramonet, fundador de Le Monde Diplomatique y director de la bimensual Manière de voir en París. Inspirador del movimiento Attac, especialista en geopolítica y consultor de Naciones Unidas, además de numerosos libros publicados.

En su libro La explosión del Periodismo. De los medios de masas a la masa de medios, hace un recorrido fascinante por las condiciones históricas y actuales del periodismo. Asimismo una reflexión profunda, hecha sobre un conjunto de análisis puntuales, en torno a la crisis del periodismo producida por la irrupción global del Internet. Tanto que llega él a preguntarse si sobrevivirá el periodismo, a lo que responde afirmativamente, aunque explica que se está dando un «periodismo sin periodistas» y que la calidad del mismo se ha deteriorado.

Ignacio Ramonet plantea en síntesis que la revolución digital está dominando más y más el periodismo en todas partes e indica: «Una consecuencia general viene a ser la crisis de modelo de negocio, seguido de una devaluación de la profesión».

Afirma también: «Se trata de una crisis de identidad. Los periodistas tenían el monopolio de la información y la han perdido con la revolución digital y su expansión global. Lo que ha pasado en esencia es la información se vende ahora, es decir ya no se paga por ella sino se vende gente a los anunciantes».

Se presenta también la existencia de un nuevo muro de censura: el de la sobre información o flujo excesivo de la misma. Si en las dictaduras había un muro directo de censura entre el ciudadano y la verdad (información) ahora paradójicamente se levanta un muro de sobre información que hace que el ciudadano se indigeste y en lugar de informarse permanezca desinformado. La cantidad suprime a la calidad. Además se repiten sistemáticamente los valores, ideas y visión del mundo de la ideología neoliberal que es presentada como la única válida, obviándose u olvidándose que el neoliberalismo también es una ideología y no una verdad absoluta. Lo anterior cuando el neoliberalismo se está derrumbando económicamente en Europa, cómo se derrumbó en América Latina, concluye Ramonet.

Por último, Ramonet ha tocado repetidas veces es el tema de democracia y periodismo. Si el periodismo se deteriora la democracia sufre un efecto negativo, es su tesis. El periodismo debe ante todo construir ciudadanía, el buen ciudadano se interesa por la cosa pública. Ignacio Ramonet nos advierte del peligro de la «ilusión de la información» que forma parte de la desinformación.

Repetimos que el periodismo libre, como contrapartida de la democracia, está amenazado de una manera global. Los métodos de Trump de estigmatizar, incluso de falsear, han sido aprendidos por sus seguidores tropicales, es el caso de «nuestro» Jimmy.

Por otro lado, la irrupción y dominio de la era digital ha creado nuevos escenarios, no libre de problemas en cuanto a la información. Ignacio Ramonet ha tratado amplia y profundamente este tema. El dilema entre la falta de información y el flujo de sobre información que crea un muro que impide que se procese lo entregado, es decir la misma información. Además de la penetración y dominio perverso de los medios sociales, con el uso de perfiles falsos, daña la veracidad.

Una sociedad, un mundo, mal informados o desinformados nos aleja de los controles democráticos, si partimos de que libre expresión, información verídica y acceso a la misma constituyen el triángulo equilátero de la democracia. En definitiva y en cuanto a democracia y periodismo: la esencia de la primera es la participación ciudadana en los mecanismos de toma de decisiones. El periodismo se ocupa de buscar la verdad y nada más que la verdad. ¿Será la democracia un resultado de la libertad de expresión o viceversa?