Martes 17 DE Septiembre DE 2019
Domingo

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Fecha de publicación: 18-08-19
Por: Laura Castañeda / Sociedad de Plumas

¡Estamos estrenando presidente! Recién el domingo pasado la ciudadanía que votó eligió al doctor Alejandro Giammattei como su presidente para los siguientes cuatro años a partir del 2020, y a la vez dio un mensaje de no retorno al populismo que promovía en campaña programas sociales asistencialistas pagados con deuda, (porque ¿con qué más?) del presupuesto estatal. 

Pero salir de estos cuatro años de polarización, confrontación, desaceleración económica y politización de casos judiciales no va a ser fácil. Es justo mencionar que contrario a lo que muchos promueven, no es culpa del presidente Jimmy Morales que estemos así, no puede ser todo culpa de Jimmy. Hay mucha responsabilidad de la situación actual en la muy añeja idea de lucha ideológica y falta de un verdadero “perdón y olvido” como el que tuvo Alemania después de la Segunda Guerra Mundial. 

Circunstancialmente todo el caos de estos cuatro años tuvo mucho que ver con la gestión de un personaje “de cuyo nombre no quiero acordarme”, como decía Don Quijote, que después de dos buenos primeros golpes a la corrupción y de lograr investigaciones simples pero emblemáticas que decantaron en derrocar a un régimen corrupto y ponerlo tras las rejas, decidió que su causa era salvar el país, cambiar la Constitución, el sistema judicial y poner a un presidente(a) con el que pudiera consolidar todas sus aspiraciones.

Lo que comenzó bien culminó con un evento inolvidable como lo es el episodio cuando el hielo llegó a Macondo, un video de la elegida con la exposición detallada de su primera acción de gobierno: la transformación de la cárcel de Pavón en un parque de diversiones digno de una película de George Lucas, que dejó claro las “fortalezas” de todo el plan y las personas que lo promovían. 

En medio del caos que se vivía, el presidente Jimmy Morales demostrando un coraje sin precedentes representaba a Guatemala ante organismos internacionales denunciando los abusos que utilizando la justicia se cometían en el país, imponía el poder de la presidencia para tomar decisiones diplomáticas importantes, pese a que la Corte de Constitucionalidad en flagrante prevaricato y violando el principio de separación de poderes impidió que se ejecutaran, trasladó la embajada de Guatemala a Israel, coordinaba la reparación de carreteras importantes, en especial resolviendo como pudo el desastre del mal arreglo con Odebrecht y por último, aunque se oiga mínimo, en comparación con los anteriores, logró abrir el “bypass” de Chimaltenango, una labor titánica que varios gobiernos no habían podido resolver.

Lo que Jimmy y su familia han pasado representa las heridas abiertas de un país en que no cesa la confrontación. Pedir ayuda para pagar fiscales de mesa sin observar los formalismos de ley y las malas prácticas de solicitar facturas a cuates para tratar de hacer negocios son inaceptables, que lejos de ser actos criminales, son errores que los metieron en un gran lío judicial. A partir del 14 de enero próximo seguramente transformados en personas más duras, tendrán que dedicarse a cerrar sus procesos judiciales y tratar de retomar la vida sencilla que debían tener antes de llegar al poder, ojalá lo logren. 

Ahora el turno es de Giammattei quien irónicamente ya fue perseguido injustamente por la CICIG y asume el poder con las cuentas saldadas con la justicia mientras que la familia de Jimmy sale con cuentas pendientes con la justicia que dejó la CICIG, pero llegó a la presidencia como lo hace el doctor Giammattei. Volteando la página, hay que seguir adelante apoyando al Doctor en la titánica labor de dirigir los destinos del país. Nuestro incondicional apoyo a su gestión, porque si a él le va bien a Guatemala le va mejor y eso es lo que todos queremos.


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