Sábado 21 DE Septiembre DE 2019
Domingo

Democracia es más que unas elecciones

Fecha de publicación: 18-08-19
Por: Jaime Barrios Carrillo

Terminó el circo electoral. El resultado de la segunda vuelta era previsible. Por lo menos en lo que se refiere a las encuestas, esta vez tuvieron razón. El debate electoral fue pobre, entre dos candidatos que se esforzaron más en comunicar las supuestas deficiencias del oponente que las propias fortalezas. De todas maneras, el gran protagonista fue el abstencionismo, que alcanzó casi el 60 por ciento, el más alto de este siglo en Guatemala. Aquí hay que sumar el voto nulo y el llamado en blanco, que alcanzaron el seis por ciento en el segundo turno. Estamos ante un voto general de rechazo, que se manifestó no votando. Porque la oferta no ha sido satisfactoria. Giammattei llega incluso con menos apoyo del que tuvo Jimmy Morales.

Ni el ganador Giammattei ni la perdedora Sandra, tuvieron votos que pudieran representar los más amplios sectores de la población, casi cinco millones dejaron de votar. En la primera vuelta Sandra Torres había tenido un bajo 23 por ciento, quedando sin embargo en primer lugar, mientras Alejandro Giammattei obtuvo un raquítico 12 por ciento. La legitimidad de la representación resulta así demasiado baja, y esto debe ser tomado en cuenta, sobre todo por el triunfador, que muy bien haría en buscar consensos y diálogos transversales para la unidad nacional. Con todos los sectores, no solo con la derecha y ultraderecha con las cuales se puede identificar.

La crisis política guatemalteca se podría concentrar hoy en un concepto central: “crisis de representatividad”. La democracia se ha desgastado debido a que no ha logrado suministrar los satisfactores sociales esperados. Incluso se comienza a aplicar el concepto de “Estado fallido”. ¿Quiénes han fallado? No entraremos aquí a analizar lo que Jimmy deja al salir del poder. Solo señalamos que no será fácil para el presidente electo, Alejandro Giammattei. Porque entra con una debilidad enorme, tanto por el bajo número de electores respecto al total de ciudadanos inscritos así como por la poca cantidad de diputados de su partido Vamos. ¿A dónde vamos con Vamos?

Preocupan algunos signos dados por Giammattei. Por ejemplo, su primera declaración de intenciones, que resumió en la idea de eliminar la SAAS, la cual, guste o no, es un resultado de los Acuerdos de Paz. ¿Pretende restaurar un nuevo engendro de Estado Mayor Presidencial? Un ente sin transparencia y con autoritarismo. También su poca afortunada declaración de que pediría una copia del Acuerdo de País Seguro, en ocasión de su visita Estados Unidos. ¿Acaso no pudo pedirla al presidente saliente Morales?

Por último, la conformación precoz de su Gabinete, constituido de inmediato después de haber sido electo por una minoría. Ha presentado una lista sectarizada hacia el CACIF y hacia contratistas del Estado. Incluso Jimmy Morales fue más cuidadoso en su arranque y trató en alguna medida de ser más incluyente, ampliando el Gabinete a diversos sectores, aunque esta ilusión no duró mucho a causa de su reacción drástica y punitiva contra la CICIG y contra todos los posibles contrapesos; el Presidente se incrustó al final en el hoyo sectario que le cavó el Pacto de Corruptos.

La combinación de las debilidades señaladas con métodos autoritarios, sería lo peor que pudiera sucederle ahora a la democracia guatemalteca, afectada institucionalmente durante el mandato de Jimmy Morales. El país no está para más polarizaciones.

Pero, ¿por qué perdió Sandra Torres? No basta con resaltar el antivoto. En esta ocasión Torres tenía una oportunidad real. Más se equivocó en su retórica y en sus métodos. Trabajó corriéndose hacia la derecha, se volvió de pronto más derechista que su oponente, pensando que podría así quitarle votos.

La realidad mostró lo contrario. Mantuvo su voto duro pero no amplió el espectro hacia otros sectores. Con el alto abstencionismo, se suponía tendría una relativa ventaja. Pero el electorado no se tragó el cambio, casi esquizofrénico, de pasar de la ideología socialdemócrata al conservadurismo. Atacó la publicitada homosexualidad de Giammattei y se declaró anti abortista y anti matrimonio gay. A todas luces, este ataque homófobo es algo anti ético, máxime si Giammattei mismo nunca se ha declarado gay (salir del armario como se dice). Anti ético también pues no debería importar la preferencia sexual del oponente. Torres intentó usar esto como una arma de descalificación. Asimismo, anunció que favorecería al Ejército y que este volvería a las calles, olvidando todos los esfuerzos por fortalecer la Policía Nacional Civil. Asistió al foro de los pastores evangélicos, donde hizo un auto de fe impresionante. En cambio, no lo hizo al debate de los gerentes. O sea, deshecho a un sector laico importante en la vida económica del país y prefirió un manto de religiosidad, dirigiéndose además al voto conservador protestante y alejándose del sector católico, percibido como más progresista. Finalmente, como había sido acusada por la CICIG por financiamiento ilícito, abandonó en su discurso la lucha contra la corrupción.

Sandra Torres demostró con creces su exacerbado interés por alcanzar el poder, que la llevó a abandonar los principios que pregona, en el papel, su partido. Una estrategia de campaña poco ética que resultó en un fracaso electoral, pues equivocó el grupo meta y no se abrió nunca hacia los sectores de la clase media urbana.

Desde luego, no fueron solo el antivoto sandrista, alimentado de nuevo con un anticomunismo a ultranza que raya con lo cómico, y los mismos errores de la candidata. Giammattei actuó con más tino y congruencia. Corrió algo su discurso hacia el centro. Puso en duda el Acuerdo de Tercer País Seguro. Ofreció incluso programas sociales condicionados. El aborto lo tocó con buen acierto político, resaltando las causas de los embarazos no deseados y el embarazo en menores de edad.

Los ataques personales de Giammattei a Sandra Torres, ofreciendo llevarla a la cárcel si ganaba, fueron una paradoja. Nunca mencionó que los señalamientos por financiamiento ilícito provienen de la CICIG, la cual tampoco atacó con fuerza, por táctica, sino se conformó diciendo que esta había terminado su mandato.

Reactivar la economía en Guatemala exigiría el remozamiento de las instituciones. La colaboración de los tres poderes. La certeza jurídica. Y la eliminación de la corrupción estructural. Ninguna inversión va a venir a un país donde hay demasiada inseguridad. La imagen de Guatemala no la dañan “los malos guatemaltecos” sino las cifras, los datos objetivos. Es un país de niños desnutridos, de extrema pobreza. Los jóvenes no van a la escuela sino se meten a las maras. Las cárceles son las escuelas del crimen. Las extorsiones agobian a los emprendedores. Un país de donde la gente huye por miles.

Urge, después de estas elecciones, una revalorización de la democracia política para alcanzar la sociedad democrática. Se incluye la democratización social, la política y la económica. El problema de la desigualdad y la necesidad de la integración social sobresalen como dos aspectos fundamentales en la construcción de la democracia.

Una definición resulta siempre difícil. No es lo mismo democracia para el habitante de los barrios marginales o para el campesino sin tierra y sin trabajo, que para las élites acostumbradas a tratar y administrar sus países como si fueran sus fincas o una de sus empresas.

Giammattei entra al escenario, en una Guatemala con alto grado de conflictividad. No resolvería nada haciendo uso de represión, ya que llevaría a más polarización e inestabilidad, aislamiento y de nuevo al pasado. La reactivación económica es su gran desafío, en un país donde la infancia está desnutrida y hay muerte por hambre. La migración conlleva un dilema. Al lograr pararla con todos los mecanismos ideados y deseados por Trump, con la buena ayuda de México, y sumarle las consecuencias sociales que habría al tener miles de solicitantes de asilo en el territorio nacional, podría llevar a caos social, inseguridad y violencia. Giammattei deberá resolver también el desbalance con la mayoría de la UNE en el Congreso. Esta vez no podrá valerse del transfuguismo como lo hizo Jimmy.

El sabor que dejan los comicios es de dudas y de un temor latente, amenazante por el devenir de Guatemala. ¿A dónde vamos? ¿Cuándo vendrán realmente los cambios? ¡La democracia es algo más que elecciones!