Lunes 19 DE Agosto DE 2019
Domingo

Desafíos de una democracia

Fecha de publicación: 11-08-19
Por: Jaime Barrios Carrillo

Hoy domingo 11 de agosto es un día categórico para la democracia guatemalteca. El país tiene más de 30 años de democracia formal. Más de tres décadas desde los sangrientos gobiernos militares y dos y pico desde el fin del conflicto armado interno.

La elección en segunda vuelta muestra un déficit democrático, debido a la calidad de las opciones. Resultado de la pobreza programática, ideológica y organizacional de los partidos políticos.

¿Será cierto que los pueblos tienen el gobierno que se merecen? Conecto esta cuestión al descontento de muchos analistas y columnistas, que coinciden en que la oferta electoral ha sido mala y que ahora entre los dos finalistas, es como escoger entre la peste y el cólera.

Hace cuatro años estábamos en las mismas. Y casi lo mismo hace ocho. Total, no se avanza y se retrocede. Con el gobierno de Jimmy Morales se han debilitado las instituciones y el mismo Presidente ataca a las Cortes, a la Procuraduría de los derechos humanos, al Tribunal Supremo Electoral y a toda instancia que el Ejecutivo, en alianza con un sucio y corrupto Congreso, considere molesta porque no se somete a sus designios. Esto, aparte de las perspectivas meramente ideológica, es grave pues se erosiona el sistema de pesos y contrapesos, una de las bases del sistema democrático. Muy sensible, en una democracia tan reciente y no consolidada como la nuestra. 

De todas maneras las elecciones son parte fundamental de cualquier proceso de democracia representativa. Llegamos bajo un fuego cruzado que pretende declarar las elecciones como ilegítimas, contra todas las evidencias. Porque la “alegalidad” representa una forma conspirativa y autoritaria. Es el caso de Codeca y su Movimiento por la Liberación de los Pueblos. Intentaron hacer un “Paro Nacional”, que no fue ni paro ni nacional, para exigir la anulación de las elecciones porque según Codeca hubo fraude.

Codeca no reconoce más que sus propios métodos antidemocráticos. Tampoco respeta las reglas del juego. Incluso para cambiar las reglas existen reglas y procedimientos. Son ruidosos, bochincheros y no conocen ni el diálogo ni la búsqueda de consensos. Esta intentona de Codeca es antidemocrática y puede calificarse de golpista y vergonzosa. Pésima convergencia de Codeca con una ultraderecha que ha gobernado con Jimmy Morales y lo ha defendido a toda costa, sin ningún escrúpulo.

Repasemos un poco las estructuras y mecanismos de un sistema democrático. Es un mecanismo social de toma de decisiones. Con dos fases, democracia representativa y la participativa. La primera, refiere al sistema de partidos y elecciones. Con la debilidad de que la representación puede corromperse y los representantes (o clase política) se representan a sí mismos. La democracia participativa implica una dinámica más social, no solo de mecánica electoral sino de participación de amplios sectores ciudadanos. La sociedad civil forma parte esencial de la democracia.

Lo anterior es positivo, más funciona siempre y cuando haya una cultura democrática. Por otro lado, los partidos son los canales entre el Estado y los ciudadanos. Pero qué sucede cuando tanto el debate como la democracia internos de los partidos tienen tantas debilidades. Se vuelven instrumentos de intereses particulares o personales y no constituyen expresiones ciudadanas. Lo más grave sucede cuando existe financiamiento ilícito, sin duda el problema mayor de la democracia en Guatemala. Los partidos políticos, en todo caso, deben ser algo más que canales hacia el poder. En Guatemala se activan solamente para las elecciones. El liderazgo está basado en la verticalidad, las decisiones llamadas “a dedo”, o por la fuerza del dinero que aportan los verdaderos dueños de los partidos o sea los financistas, los cuales suelen cobrar las facturas políticas colocando a “su gente” o a ellos mismos en los puestos de elección y en las instituciones del Estado.

¿Qué es lo que se viene disputando, desde el inicio de la democracia, en Guatemala? El poder es la meta de todo partido, en el marco de una contienda ecuánime, es decir bajo control democrático. Pero los partidos políticos en Guatemala no han sido en las últimas décadas organizaciones democráticas, sino bandas que pretenden asaltar el Estado para enriquecerse. Así fue con Colom, Pérez Molina y con Jimmy Morales.

Estamos hablando de la existencia de una corrupción estructural que remonta al mismo gobierno de Vinicio Cerezo. En Guatemala se ha consolidado con los años una cultura de la ilegalidad. A nivel popular se expresa con aquello de “tuvo un puesto público pero no hizo pisto, ¡que tonto!” 

El exceso y la culminación de esta cultura de la ilegalidad es la “Cooptación del Estado”. El sistema de “contratistas del Estado” conjugados con la clase política para hacerse de los erarios públicos, en obras que no se terminan o sobre valoradas. Asimismo el uso indiscriminado de tráfico de influencias para crear plazas fantasma por cientos. 

Por lo anterior no puede haber calidad en el gasto público y el Estado no contribuye a la reactivación de la economía. Una prueba irrefutable son los grandes escándalos de corrupción, que tienen en la cárcel a un ex-Presidente y su ex-Vicepresidenta y a docenas de expolíticos, militares y exfuncionarios. Se demuestra lo vulnerable del sistema y las debilidades políticas, éticas y legales.

Los cuatro años de Jimmy Morales serán recordados justo por eso: INCAPACIDAD dentro de un marco de maniobras oscuras y falta de transparencia. Será recordado también como el mandatario autoritario que provocó daños institucionales graves. El que combatió, como si fuera su programa de gobierno, los esfuerzos legítimos que se hicieron para combatir la corrupción en Guatemala.

Las elecciones hoy muestran también un gran ausente, a la vez presente, es decir los guatemaltecos en el exterior. Solo en Estados Unidos serían más de dos millones, cerca del 15 por ciento de la población. Las votaciones en los pocos consulados con autorización de recepción de votos serán raquíticos, como en la primera vuelta, por lo limitado de las mesas y ciudades escogidas y la falta de papeles de muchos. En esto también ha fallado, casi con dolo, la cancillería de Sandra Jovel que por esta cuestión del voto en el extranjero se confrontó inútil y torpemente con el Tribunal Supremo Electoral. Pero los migrantes no son actores ausentes. Si las remesas la economía del país se iría en picada.

En definitiva, la democracia en Guatemala se debate entre la realidad y la utopía. Entre el sueño y la pesadilla de despertar con la inseguridad y la pobreza tocando las puertas. La democracia debe suministrar resultados. Si brinda salud, educación, seguridad y empleo, entonces el país se habrá democratizado. Los principales logros deben ser, sin duda, la disminución de la pobreza. Menos pobreza, más democracia.

Entendemos por pobreza no solo lo económico/material, como la falta de recursos y empleos o de vivienda, sino también la ausencia de participación, la discriminación, los obstáculos para influir en las decisiones que a todo nivel incumben y afectan a los ciudadanos.

Se anhelan cambios y que sucedan pronto. Ha faltado visión, sobre todo con la cuestión social y abunda la improvisación y sobra la demagogia. Lo importante no debería ser el QUIÉN sino el CÓMO se piensa gobernar. Porque se ha visto carencia en los programas y en cambio un énfasis en la competencia electorera. Las sombras del narcotráfico y el crimen organizado son amenazas terribles.

Cualquiera de los dos que gane esta elección tendrá una gran responsabilidad. Y el perdedor no lo será tanto en cuanto haga una oposición constructiva. La democracia que no se desarrolla se pudre, se convierte en un ritual y en fachada. De todas maneras, preferimos la democracia a la dictadura militar y, como hace cuatro años, llamamos a votar. No hacemos desde esta columna proselitismo por nadie, sino por el mismo sistema llamado Democracia (con mayúscula) y que es “el poder del pueblo”. Aunque sepamos que todavía en Guatemala existe el riesgo enorme de que buena parte de la clase política busca solo el “cratos” y le importa un rábano “el demos”.