Miércoles 21 DE Agosto DE 2019
Domingo

… pero no claudico

Fecha de publicación: 04-08-19
Por: César A. García E.

Hago una pausa, a partir del próximo domingo, en este espacio; no sé si será un “punto final”, “punto y aparte”, o un “punto y seguido” …existen decisiones que no están totalmente en mis manos y merecen darles tiempo. Lo hago muy agradecido con las autoridades y editores de elPeriódico, porque me han permitido expresar mis ideas, sin ninguna cortapisa. 

Cada columna publicada, durante veinte años –con una brevísima pausa– nació, incluida ésta, de mis principios, desazones, sentimientos, amor a nuestra patria, preocupación por mis hijos y nietos… emanó de mis testarudas convicciones. Jamás privó el interés de quedar bien con nadie u ofender; tuve simplemente, la utopía –que tomé como un deber– de “alumbrar” un poquito, desde mi perspectiva y juicio. Indudablemente mis ideas, muchas veces se fusionaron con mis emociones; ello no me preocupó, pues –creo– es inherente a la franqueza que, estoy seguro, es lo más valioso de cualquier expresión que uno quiera compartir. 

El afán de cumplir con mi columna semanal, lo tomé muy en serio. Siempre implicó tiempo y conciencia, nunca cobré un centavo, ni pretendí hacerlo, por no considerarlo un trabajo, sino un compromiso, con mi patria y mis principios… agradecí –infaltablemente– contar con la libertad y el valioso espacio que me brindó elPeriódico. Recibí –muchas veces– gratificaciones perdurables; saludos de respeto, así como reconfortantes palabras de amables personas, a quienes no siempre conocía, pero me abordaban en un restaurante, el supermercado, la farmacia o cualquier otro sitio inesperado… beneficios inmateriales, tan valiosos como invalorables. Las voces de esos lectores –a quienes agradezco su paciencia y finos conceptos– me mantuvieron aquí, cada vez que pensé en que no valía la pena, continuar con una faena de tan poca estima, en un país cuya mayoría de habitantes, nunca leerán una columna de opinión, o prefieren no ver lo que –realmente– ocurre, deleitándose en la ceguera voluntaria o en ser dirigidos, influenciados y marcados por memes, bolas y todo lo que implica el rancio circo… que además aplauden. 

Durante años –demasiados creo ahora– he sentido un profundo desazón, nacido de la frustración, por insistir en ver la triste realidad de mi patria, en escudriñarla, intentar interpretarla y denunciar la debacle… para provocar reacción de los “indignados” sin derechos, es decir, quienes reniegan, pero mantienen –con sus tributos– el sistema insostenible y cruel. Nadie quiere escuchar o leer tales cosas, y si lo hacen, no están dispuestos a dar la cara, para luchar contra la ignominia. El chapín –mayoritariamente– incluidos muchos pensantes, está entrenado, para ser dirigido masivamente, para tomar partido por impresentables, timadores, patrocinados deformadores de la realidad y lacayos… programado para no pensar. Esta realidad, para quienes queremos nadar contracorriente, resulta debilitante e insana; me es imposible permanecer indiferente –como tantos– pero trataré de contaminarme menos, con la pudrición, nacida de la apatía que simplemente no puedo cambiar. 

Muchas gracias a este querido medio que –indudablemente– ha escrito historia, muchas gracias a mis pacientes lectores. Repito, para finalizar, lo que tantas veces dije y escribí: “Cambiar Guatemala, es asunto suyo”; su prójimo desdichado y en la penumbra, espera su luz, su sustento, su mano de apoyo, su abrazo… sus hijos y nietos merecen saber la verdad. ¡Piénselo!