Domingo 15 DE Diciembre DE 2019
Domingo

Del Hogar Seguro al País Seguro

Fecha de publicación: 04-08-19
Por: Jaime Barrios Carrillo

Urge reactivar la economía, claman muchas voces. Los indicadores hacen la clara la recesión económica del país. Caída de precios de los principales productos de agroexportación, posible caída de las remesas, desempleo y falta de inversión, incluyendo la poco patriótica fuga de capitales. Y entre todos los indicadores, la enorme ola de migrantes. ¿Quién va a querer invertir en un país tan inseguro? 

Comencemos puntualizando que se trata de un mandato presidencial y legislativo, que en lugar de haber trabajado para eliminar la corrupción hicieron lo contrario. En un contexto de corrupción, el gasto público no logra sus objetivos y mucho menos contribuye a reactivar la economía. 

Cada vez más se confirma el modus operandi del gobierno de Jimmy Morales: la falta de transparencia. Es más, la ausencia de una política seria de comunicación. Es el caso del actual convenio, firmado por el ministro de Gobernación a nombre del Estado guatemalteco con los Estados Unidos.

Desinformar o dar información no correcta, a veces falsa, ha sido una constante. Recordemos cómo fue el terrible caso del Hogar Seguro, las vacilaciones de los funcionarios, las imprecisiones de Jimmy Morales, todos quitándose la responsabilidad. Cuarenta y tres niñas muertas en una institución estatal creada para cuidarlas, no fue solo un escándalo internacional sino una grave señal del estilo de gobierno y gobernante. En un momento desafortunado, el presidente Jimmy Morales llegó a clasificar a las niñas como criminales.

Ahora con el convenio de “Tercer País Seguro” se ha repetido el oscuro modus operandi, apenas unas semanas después del caso de los aviones Pampa III, falto de transparencia y manejos criticados por el entonces hoy despedido subcontralor general. 

La migración es una problemática importantísima para el país. Tratándose de un gobierno saliente, Jimmy Morales debió haber sido abierto, transparente y él, como centro de la unidad nacional en su función presidencial, debió apoyarse en todas las instituciones. Hizo lo contrario, se reservó los términos del convenio. Incluso llegó a mentir cuando anunció que suspendía su viaje a Washington en espera de la resolución de la Corte de Constitucionalidad. Fue Trump el que suspendió la cita. Jimmy Morales desobedeciendo a la Corte de Constitucionalidad envió a su Ministro de Gobernación a firmar, saltándose todas las normas. Y en una penosa conferencia de prensa acusó y atacó a la Corte de Constitucionalidad, máxima instancia judicial del Estado.

Entendemos la difícil situación del gobierno ante la prepotencia de Trump. Con mayor razón la situación demandaba una hábil mano de estadista no de comediante. Era el momento de la unidad nacional, de la consulta, tener a la ciudadanía, a la sociedad civil, a los partidos políticos y a los empresarios respaldándolo y aportando frente al gigante enardecido del norte.

México ya la había vivido, pues le pidieron que fuera “Tercer País Seguro” pero el gobierno mexicano la bandeó y tiró la bola caliente a la pequeña Guatemala. México ofreció parar el flujo de migrantes poniendo guardias en la frontera, mientras el Ejército de Guatemala desfilaba celebrando su día, muy lejos de las fronteras donde prolifera el tráfico de personas, de piezas arqueológicas, de madera preciosas y de narcotráfico. 

Jimmy actuó en la sombra, ocultando sus intenciones, dando información imprecisa. Hubiera marcado una diferencia si los susodichos acuerdos se hubiesen transparentado. Se preguntaba Jorge Jacobs al respecto, en una columna publicada en otro matutino: “si en realidad no tienen nada qué ocultar, que muestren lo que están negociando. Si es verdad lo que dicen, ¿a qué le temen?”

Los ataques de Jimmy contra la Corte de Constitucionalidad, acusándola de ser responsable de la ira de Trump y de los peligros que esto encarna para Guatemala, recuerda su actuación durante la crisis del Hogar Seguro. La misma prepotencia, exacta actitud desmedida y desatinada. La ignorancia con poder no es solo atrevida sino peligrosa. Y el peligro reside en la erosión institucional que este señor comediante, metido a estadista, ha ocasionado y sigue ocasionando al Estado guatemalteco. 

Arremeter, desobedecer y desinformar a la máxima instancia judicial del Estado es muy grave para el sistema democrático, que con tanta dificultad se ha venido levantando en las últimas tres décadas. Eduardo Mayora, conocedor docto y ético de nuestra legislación y del ordenamiento institucional, ha afirmado al respecto: “cuando un régimen político que haya tenido un tribunal supremo independiente lo pierde, lo que queda es una dictadura…la diferencia entre un país que pueda considerarse un Estado de derecho y otro que deba considerarse una dictadura estriba, en última instancia, en la existencia o no de un tribunal supremo independiente…En Guatemala, de acuerdo con su Constitución Política, ese tribunal supremo es la Corte de Constitucionalidad”. 

Lo escrito por Mayora constituye una aseveración contundente y válida. También una advertencia. Yendo más allá agrega: “¿Qué tipo de riesgo representa para un inversor extranjero, por ejemplo, que el Gobierno se permita descalificar, públicamente, las resoluciones de la Corte de Constitucionalidad, afirmando que no están apegadas a derecho? ¿Quién determina, entonces, qué acciones están o no apegadas a derecho? ¿El Gobierno o la Corte de Constitucionalidad?”.

Nadie niega que el Presidente es el encargado de la política internacional, pero eso no implica que pueda hacer lo que se le da la gana, saltándose procedimientos y legislación. Con mayor razón cuando se tiene que llevar una política de defensa de las instituciones a nivel internacional. Las abiertas amenazas de Trump, negadas torpemente por el gobierno, había que tomarlas en serio pero no aprovechar para combatir instituciones que no son del agrado del presidente guatemalteco, esta vez con la supuesta ayuda que le va a dar Trump. Es decir la soberanía se hizo inexistente y Jimmy Morales nos ha metido en una coyuntura donde el señor Trump si no se le obedece está dispuesto a todo, incluso combatir a los magistrados y diputados. Si esto no es amenaza y/o intervención ¿dónde queda el planeta Tierra?

Solo el hecho de que los coyotes locales van a ser investigados por más de cien agentes norteamericanos amerita una aprobación del Congreso. También la situación de los miles de solicitantes de asilo que vendrán al país o serán enviados por Trump. Acaso Jimmy Morales como ungido del Señor (¿Trump?) podrá hacer un milagro de multiplicación de peces y panes. ¡Va a hacer falta!

El secretario interino de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Kevin McAleenan vino a aclararle las cosas a los guatemaltecos. También advirtió que el presidente Trump tiene prisa, que el convenio tenía que comenzar a aplicarse en el término de la distancia. Afirmó que Estados Unidos pagaría por los gastos pero no dijo ni cuánto ni cuándo. No pudo contestar a un periodista norteamericano que cuestionó la calidad de Guatemala como “país seguro”, además le recordaron el famoso travel advice que el mismo gobierno de los Estados Unidos, durante años, ha dado a sus mismos ciudadanos para advertirles de los grandes peligros que pueden correr en Guatemala.

No cabe duda que la llegada de Kevin McAleenan es una forma de presión. También un eslabón más del juego preelectoral de Trump. Ahora es el turno de los demócratas con la visita de Nancy Pelosi, presidenta del Congreso o Cámara de Representantes. Guatemala se vuelve una arena neocolonial para el debate electoral gringo. No olvidemos que fue con Obama que comenzó a arreciar el número de deportaciones, eso sí, nunca metió niños migrantes en jaulas.

Las visas para agricultores no son nada nuevo, solo se visibilizaron pero sin concretar la cantidad, lo que deja esa expectativa demagógicamente en el limbo. ¿Serán nuevos espejitos? Lo único que resulta claro es que a Guatemala van a ser enviados los solicitantes de asilo, que seguirán las deportaciones y que las vías hacia el sueño americano serán cada vez más peligrosas y caras. Lo peor: no se le darán papeles a los guatemaltecos que trabajan en Estados Unidos. ¿Se habrá vendido la soberanía por un plato de lentejas?