Jueves 12 DE Diciembre DE 2019
Domingo

Se despidió y no supimos

Fecha de publicación: 14-07-19
Por: César A. García E.

El 2 de julio, fue nuestro último almuerzo juntos. Muy distinto y creo que el mejor que compartimos, de tiempo en tiempo y durante cerca de un cuarto de siglo de amistad y cariño. Allí estaba él, en el tranquilo lugar de comida japonesa en que nos gustaba charlar… inusualmente puntual y cariñoso; como cosa rara, casi sin tocar sus teléfonos y prestándome toda la atención, lo cual era gratamente extraño. Me había invitado, preocupado por mi salud; esta vez, me permitiría el uso de la palabra (siempre fue un gran monologuista) y me aconsejaría con afabilidad de hermano. Cuando nos despedimos –no sabíamos era para siempre– fue, con un abrazo más lleno de cariño que ningún otro antes; me encargó que me cuidara, me preguntó por mis hijos y me vio, de una forma que me dejó pensando… una mezcla de amor fraterno, de preocupación legítima… con notas tenues de melancolía que pude notar en sus ojos húmedos y la sonrisa más amable que le haya visto en mi vida. 

Por la tarde, le agradecí en un WhatsApp su tiempo y cariño y me contestó lo siguiente: “Siempre estaré ahí, para ti y lo que necesites de mí, porque te quiero de corazón y no lo olvides que te lo digo siendo menor que yo, te he admirado por tu coraje, honestidad, madurez, ética y temeroso de Dios… ánimo, adelante, usted no es de los que se quiebra, es un verdadero roble de ramas rectas. Te quiero Cesarín, y vamos para delante a donde la voluntad divina, nos quiera llevar…”. En los días siguientes, recibí una decena de reflexiones espirituales, de parte suya y el miércoles de su deceso, a las 2:07 su último WhatsApp; luego me enteré estaba almorzando en El Rancho; a las 2:51 le mandé una broma por ese medio… le llegó pero no la llegaría a ver, porque iba disfrutando de lo que me había hablado con tanta ilusión, durante nuestro reciente almuerzo, describiéndole “El mejor viaje en la mejor compañía” que empezaba justo ese día. 

Es la madrugada del jueves, mientras escribo estas líneas; simplemente no puedo dormir… hace unas horas, me enteré de la terrible noticia. El Sequito fue una de esas personas que Dios nos pone en la vida y se quedan para siempre. Peleamos muchísimas veces y hasta nos distanciamos por varios meses, en algunas ocasiones. Pero el cariño sincero, siempre prevaleció y el interés o segundas intenciones, estuvieron ausentes de nuestra amistad que, se basó en la admiración mutua, en la capacidad de abrir nuestros corazones uno con el otro, en la confianza plena de la discreción y el consejo que podía ser agrio e inesperado… pero infaltablemente sincero. Nunca escuchó de mí, necesariamente lo que quería oír, porque ello –a veces– es incompatible con la amistad y el cariño genuinos… de él puedo decir, exactamente lo mismo. 

Charlador dominante –por ratos largos– y reiteradamente quejón; siempre “buen diente”, amante de los mariscos y especialmente del pulpo. Su familia, la patria, la disfuncionalidad gubernamental, sus proyectos y la economía que marchaba lenta, eran últimamente sus preocupaciones. Supe escucharlo siempre, infaltablemente atendí el teléfono, erigimos mil anécdotas, fuimos fabricantes de sueños, compartimos catarsis, risas y en ocasiones hasta lágrimas… es decir, fuimos amigos verdaderos y jamás hicimos un negocio juntos. Fundamos la Asociación Guatemala Futura, junto con un grupo compacto de amigos que poco a poco se fueron yendo, pero nosotros permanecimos fieles a esas causas que son tan reales como utópicas. Esta entidad ha permanecido vigente, intentando alumbrar, hacer quijotadas, presentado gestas –infaltablemente– con magros recursos, pero con exceso de convicciones y amor. 

El miércoles, chateamos antes de mediodía; estaba en una parada de moto, pues viajaba a México con un amigo que también era su “hermano” y tuvo la infausta experiencia de su inesperada muerte, pero también el privilegio de pasar las últimas horas a su lado. Estaba realmente entusiasmado y feliz, con el periplo… horas después estaría muerto y quienes lo queremos devastados. El “Sequito”, partió a la vida eterna, haciendo lo que quería hacer en ese momento, lo cual es un privilegio; se trasladó a la trascendencia, buscando… la felicidad. Mucho mejor, me diría un amigo mutuo muy querido –a manera de consuelo– que esperar la muerte, en medio de la tristeza.

Estoy seguro de que muchos conocieron al “Seco”, otros al “Cilio” (apodo este último que no le gustaba). Muchas otras personas trabajarían con el determinado y temperamental Arquitecto Sinibaldi. Tuve la dicha de conocerlo, creo que como pocos. El privilegio de construir una amistad, a prueba de regaños mutuos, algunas recriminaciones y viscerales desacuerdos… culpa –a turnos– de ambos, de nuestras naturalezas fuertes y la confianza de hermanos mantuvimos intacta. No nos pedimos nada que no fuesen consejos, compañía y tiempo… es decir, compartimos lo más valioso que existe, lo que no está en ningún expendio, ni se puede comprar con dinero o influencia. ¡Dejas un vacío enorme en mi corazón querido Sequito!

Termino con un consejo: si tiene amigos valórelos, si los valora quiéralos, si los quiere … dígaselos; fuimos de quienes no se inmutaron, para decirnos un “te quiero” y eso fue quizá lo más acertado que hicimos juntos ¡Piénselo!