Miércoles 17 DE Julio DE 2019
Domingo

Un país vulnerable ante el cambio climático

En Guatemala estamos viviendo los graves efectos de este fenómeno. Los hallazgos muestran que en los últimos 40 años la temperatura ha aumentado y la lluvia es más intensa.

Fecha de publicación: 07-07-19
Por: Ana Lucía González

La conocida expresión “como agua de mayo” usada para esperar con ansias las lluvias de ese mes para que prosperen las cosechas, puede que tenga que empezar a correrse para junio… o julio. Los campesinos de las distintas regiones del país observan con desesperanza cómo el calendario agrícola se prolonga cada vez más, al punto de perder la cosecha de nuevo. Mientras en la Costa Sur, las lluvias torrenciales provocan inundaciones y caos en cuestión de horas.

“La temperatura está cada vez más caliente, la lluvia ha sido más variable en los últimos seis años es decir, se retrasa la temporada y cuando esta viene, cae en forma más corta e intensa, lo que termina por dañar los cultivos. A este escenario se suman canículas cada vez más largas y severas, como consecuencia del cambio climático”, explica el doctor Edwin Castellanos, editor general del Primer Reporte de Evaluación del Conocimiento sobre Cambio Climático en Guatemala.

Este primer reporte evidencia que Guatemala es un país frágil ante este fenómeno debido a factores políticos, económicos, sociales y ambientales. Entre estos, la alta dependencia de la población a la agricultura, la pobreza, baja escolaridad, altos índices de desnutrición y deforestación.

El reporte es el resultado de un esfuerzo académico que unió a diez organizaciones públicas y privadas que en 2014 formaron el “Sistema Guatemalteco de Ciencias del Cambio Climático”. Reunió a 36 científicos guatemaltecos de 18 instituciones académicas y de investigación en distintas disciplinas. Su objetivo: que todos los sectores productivos del país, gobierno, empresarios y sociedad implementen acciones de adaptación y mitigación. Además, tomar conciencia de que este es un problema que nos afecta a todos: desde la escasez de agua, en la salud humana, en la producción de alimentos o la alteración de los ecosistemas, entre otros. 

Intenso calor, lluvias alteradas

El cambio climático es un fenómeno que se ha dado de forma natural en el planeta. Sin embargo, los análisis de los últimos dos mil años de historia, observan que en los últimos 50 el calentamiento ha sido mayor y más rápido que en cualquier periodo similar. Esto debido a los gases de efecto invernadero generados por la actividad humana que han alterado la composición de la atmósfera, aumentando su capacidad de capturar calor. Como resultado, los glaciares del Polo Norte se están derritiendo lentamente, mientras que las sequías son más intensas que de costumbre en el continente africano.

En Guatemala, los hallazgos muestran que en los últimos 40 años la temperatura ha aumentado, al menos, un grado Celsius y la precipitación es más intensa. “…lo más significativo es el cambio de distribución temporal que se hace evidente por el retraso del inicio de las lluvias de mayo en los últimos siete años. Se ha detectado déficit en la primera o segunda parte de la época lluviosa, así como la intensificación de la canícula con periodos que han superado hasta 40 días sin lluvia en la zona semiárida de Guatemala en los últimos nueve años”, según el Informe.

En el futuro también se prevén escenarios más calurosos para Guatemala, con un aumento de temperatura de entre tres a seis grados Celsius para finales de siglo, y una disminución de entre 10 a 30 por ciento de las lluvias.

Sequías, heladas, inundaciones, deslizamientos, erosión o incendios forestales son algunas de las amenazas naturales que pueden provocar desastres en diferentes puntos del país como consecuencia del cambio climático. Y es que Guatemala se encuentra en el puesto 7 dentro de un listado de 15 países con mayor riesgo de una catástrofe tras un evento natural extremo, de acuerdo al Índice Mundial de Riesgo 2018, publicado por el Instituto para el Ambiente y Seguridad Humana de la Universidad de Naciones Unidas y el centro de estudios alemán Bündnis.

“Somos de los países más vulnerables, aunque el índice de contaminación del país al planeta sea menor al 0.2 por ciento, lo cual es prácticamente nada, expresa Sebastián Charchalac, experto en Cambio Climático y Desarrollo, quien dirige un programa sobre clima, naturaleza y comunidades en Quetzaltenango.

Semilla que no germina

La agricultura de subsistencia es una de las actividades más lastimadas frente a este fenómeno. Cultivos como el café y el maíz son los más afectados, especialmente para los pequeños productores de Alta Verapaz y Quiché. Mención aparte es el Corredor Seco, la zona que recibe menor cantidad de lluvia en la región centroamericana, pero en donde hay poca agricultura, casi solo en el Valle del Motagua, indica Castellanos.

El café, por ejemplo, crece en condiciones climáticas muy específicas, en donde el aumento de calor los está obligando a tomar decisiones drásticas: sembrar a mayor altitud, cambiar de cultivo o dedicarse a otra actividad. En cambio, el maíz es más resistente a los cambios climáticos, pues en la Costa Sur la cosecha rinde en un periodo de tres a cuatro meses, mientras en el Altiplano, tarda alrededor de nueve meses.

En Chiquimula, los agricultores se quejan de que “los suelos están desnudos”, cuenta Werner Ochoa, investigador de Usac, que trabaja en programas comunitarios con pobladores chortís. Los afectados, que se dedican a la agricultura de subsistencia, comentan que ya ni siquiera sale la semilla del maíz, frijol o de otras hortalizas.

Otro cultivo que también sufre los estragos del clima son las rosas. De ser tradicionalmente producidas en La Antigua Guatemala, sus productores han migrado poco a poco hacia las frías tierras de Quetzaltenango, comenta Charchalac.

La sequía y la consecuente pérdida de cosechas ha provocado que muchos campesinos opten por la migración, aunque los expertos todavía no tienen suficientes datos que confirmen tales cifras en el país. En el mundo, analistas estiman que los llamados “refugiados ambientales” podrían estimarse para el 2050 en cerca de 200 millones de personas, de acuerdo a un documento de la Organización Internacional de las Migraciones (OIM). 

Sistemas de irrigación, tecnología, semillas mejoradas (soluciones)

Una de las soluciones para controlar los cultivos en la agricultura es contar con sistemas de riego tecnificados, sin embargo, esto resulta funcional en terrenos planos, pero no en las empinadas montañas del Altiplano, que son más propensas a la erosión y donde sería costoso implementarlos.

En las comunidades de Chiquimula, Ochoa afirma que los comunitarios trabajan en programas para adaptarse al cambio climático. Se han capacitado y gestionan ante el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Alimentación (MAGA) las variedades de maíz desarrolladas por el Instituto de Ciencia y Tecnología Agrícolas (ICTA) que son más resistentes a la sequía. Otra alternativa es la reforestación de la zona para recuperar fuentes de agua, atraer la lluvia así como sumarse a los programas de incentivos forestales. 

Incidencia política

La adaptación al cambio climático implica soluciones técnicas como políticas. Los expertos concuerdan en demandar que el Estado cumpla un rol más protagónico y que no actúe hasta que la emergencia se venga encima.

Guatemala cuenta con políticas públicas e instrumentos legales sobre este tema: Ley de Cambio Climático (Decreto 7-2013). De esta ley nació el Consejo Nacional de Cambio Climático, ente regido por el Presidente de la República, con participación pública y privada. “Solo se han tenido de una o dos reuniones desde hace varios años. Tampoco es una prioridad para el Ministerio de Ambiente y Recursos Naturales (MARN) o Secretaría de Planificación y Programación de la Presidencia (Segeplan) (en la secretaría del Consejo) pues no se volvieron a tener convocatorias. En resumen, totalmente relegado de la agenda política”, resume Charchalac.

Efraín Bámaca-López, doctor en Comunicación y uno de los editores del Informe, resalta que parte de las soluciones es volver la mirada hacia la relación de los pueblos indígenas con la naturaleza, grupos que tienen un conocimiento ancestral de relación dialógica con el ambiente. En ese sentido, el experto apela a que el cambio climático también tiene un abordaje moral, el cual reclama cambios para un modelo de subsistencia agrícola ya agotado. Un ejemplo es que en el campo la gente todavía reza para que la lluvia venga, y cuando no llega, exclama: “Dios nos está castigando”, refiere.

A pesar de los escenarios apocalípticos, Bámaca ve el futuro con optimismo. “Hay esperanza con las nuevas generaciones, pero antes hay que demandar a las autoridades abordajes integrales, respetando la idiosincrasia de los pueblos”, asegura. 

Los negacionistas

La Conferencia sobre el Cambio Climático de Naciones Unidas en el 2015 en París, marcó el rumbo para casi 200 países de comprometerse a mantener el calentamiento global por debajo de los dos grados Celsius sobre los niveles preindustriales. Desde el 2016 se firmaron compromisos nacionales para reducir las Emisiones de Gases de Efecto Invernadero hasta 2030.

A pesar del acuerdo generalizado entre la comunidad científica sobre este fenómeno global, existe una corriente contraria: los “negacionistas científicos”, quienes argumentan que el cambio climático es un engaño. Argumentan que este fenómeno no es provocado por el hombre y que podría acabar con empleos y con el crecimiento económico. Esta postura la respalda el presidente estadounidense Donald Trump.

Castellanos explica que este pensamiento parte de intereses económicos, donde el corazón del problema es el petróleo, un recurso que ha sido el motor de la economía en el último siglo. Pero las acciones de auxilio son ya irreversibles y para mitigar el efecto de los combustibles fósiles, los países europeos tienen como meta prohibir los carros de gasolina en 2030. “Es una tendencia mundial, aunque nuestros países van más rezagados”, dice.

Guatemala no escapa de las corrientes de opinión diversas. La organización Red de Amigos de la Naturaleza (#RedRana) es un centro de pensamiento que busca la protección del ambiente y recursos naturales basado en los principios de propiedad privada y libre mercado. Jorge David Chapas, empresario forestal y fundador de Rana, cuestiona los efectos del cambio climático. “De ser vinculante, que no lo es, el Acuerdo de París sería letal para los más pobres, pues la matriz energética mundial depende, todavía y por mucho tiempo más, en un 81 por ciento de combustibles fósiles y sustituir esa fuente con energías renovables es sumamente caro”, opina, como parte de un artículo más amplio sobre esta cumbre en el blog de la organización.

Pero Castellanos, doctor en Ciencias Ambientales, sostiene que la evidencia científica es irrefutable. Fue el único centroamericano que participó en el 5to. Informe de Naciones Unidas 2014 sobre Cambio Climático, capítulo de Centro y Suramérica (IPCC). Este Informe reúne a los más reconocidos expertos del mundo para encontrar soluciones de adaptación y mitigación ante este desafiante problema que nos afecta a todos. 

Menos agua, más enfermedades

En la salud se determinó la estrecha relación entre el incremento de enfermedades vectoriales y los escenarios de cambio climático. “El dengue era más común en la Costa Sur, ahora se han incrementado los casos en la ciudad de Guatemala, aunque hace falta generar estos datos”, afirma Edwin Castellanos. Werner Ochoa, en cambio, traslada esta falta de agua en el día a día de una familia en casa, en donde se complican las tareas domésticas y el cuidado de los niños.