Jueves 18 DE Julio DE 2019
Domingo

Un país habitable y saludable

Fecha de publicación: 23-06-19
Por: Jaime Barrios Carrillo

El sabor que dejan los comicios es de dudas y de un temor amenazante por el devenir de Guatemala. ¿A dónde vamos? ¿Cuándo vendrán realmente los cambios? Porque todavía hablar de cambios es para sectores conservadores de derecha ultramontana un camino inevitable al socialismo. Siguen viendo comunistas hasta en la sopa de lentejas o debajo de la alfombra.

Por otro lado hay que resaltar el papel activo del crimen organizado y del narco. Las mafias han gobernado con Jimmy Morales. Y hay otras mafias, las que vienen con Giammattei o con la UNE. Un dilema entre la peste y el cólera. Una prueba más de la falta de responsabilidad ciudadana en Guatemala, ya que pocos se involucran genuinamente en los partidos dejando que la política sea cosa de cada cuatro años.

Lo terrible, lo más peligroso del papel de las mafias es la falta de escrúpulos para lograr sus fines de enriquecimiento ilícito bajo la sombra del Estado. A la vez que, repetimos, las mafias son eso: grupos criminales no unificados ni dirigidos por una supuesta cúpula de capos. De ahí que los intereses enfrentados lleven a la violencia con la complacencia de un Estado cooptado. Un ejemplo sangriento fue el asesinato del capitán Byron Lima en prisión, producto del enfrentamiento de mafias entre sí. Y ya comenzamos a ver ejecuciones extrajudiciales de políticos o excandidatos. Basta con recordar cómo los cárteles mexicanos se combatieron sanguinariamente entre sí dejando un estela de miles de muertos. Un escenario similar es previsible en Guatemala si no se logra garantizar un Estado no cooptado que de verdad se enmarque en el derecho y en la obtención del bien común.

Resulta risible que el CACIF o voceros o gente del mismo, salgan públicamente a decir que les preocupa que Thelma Cabrera haya tenido tantos votos. Además de ser una acción que riñe con los principios de respeto democrático, de respeto al sufragio universal, sorprende que en cambio no les preocupe para nada que el narcopartido UCN, cuyo líder máximo está preso en Estados Unidos acusado de narcotráfico, haya obtenido 11 diputados que lo convierten en la tercera fuerza en el Congreso.

Pero, ¿Cuándo fue Guatemala un país habitable? La respuesta varía dependiendo de quién responda la pregunta. Según la antigua generación terrateniente y autoritaria, durante el régimen del general Jorge Ubico no había ladrones y abundaba la tranquilidad. Pero hay testimonios que dan cuenta del aparato represivo del ubiquismo, la pobreza y el racismo.

Durante la Primavera Democrática (1944-54) el país fue más habitable para las grandes masas campesinas y para los obreros y trabajadores. Reforma agraria, creación de empleo, programas sociales y un cúmulo de conquistas culturales y sociales. Todo echado abajo en 1954. No se permitió construir un país capitalista moderno.

Con el conflicto armado interno (1962-1996) el país se hizo menos habitable para los campesinos y en especial el sector indígena de la población. Masacres, tierra arrasada, desaparecidos, ejecuciones extrajudiciales y refugiados internos. Guatemala se tiñó de sangre y la pobreza se profundizó. Es el país que heredaron las generaciones que no sobrepasan hoy los 30 años.

A pesar de los grandes avances que hubo contra la impunidad, gracias a la CICIG y al Ministerio Público, el narco y el crimen organizado mandan todavía en casa, con sus narcoempresarios, narcodiputados y narcogenerales. Se han mantenido las estructuras invisibles de un aparato criminal que nunca se desmontó totalmente. Y ahora con la neutralización y expulsión de CICIG se han desatado las manos a las estructuras de corruptas que vociferando la defensa de la soberanía nacional han engañado a muchos ciudadanos honestos. Estamos contemplando no solo un retroceso judicial sino la restauración del régimen de impunidad que ha corroído al Estado e impedido cabalmente sus funciones.

Poco se analizan las causas estructurales que han dado origen a la actual situación. Porque la pobreza no surgió hace cuatro años. La inseguridad tampoco. En el siglo XXI hemos tenido ya varios gobiernos dentro del sistema de democracia representativa. Pero en la última década innegablemente han aumentado la pobreza, la violencia, la corrupción y el narcotráfico. La democracia no ha suministrado los satisfactores esperados y esto ha venido a reforzar las actitudes autoritarias. La salud de los guatemaltecos es mala debido a la desnutrición y también a una nutrición sin calidad basada en azúcar y carbohidratos, comida rápida, etcétera. Agregando la pésima infraestructura del sector salud. En definitiva, ya se han ido más de dos millones de guatemaltecos huyendo de la pobreza, ¿cuántos más deberán irse?

Por todo lo anterior es entendible el sabor a frustración que dejan las elecciones. El daño institucional está hecho y Jimmy Morales carga con gran parte de la responsabilidad. Resulta condenable y patético que salga ahora a criticar al Tribunal Supremo Electoral. Es decir continúa creando una atmósfera de caos e inseguridad. No considera Jimmy Morales que las elecciones con sus fallas menores hayan sido aprobadas por la Organización de Estados Americanos. De nuevo las dudas sobre las reales intenciones del mandatario. Es preciso recordar sus vínculos con el narcotráfico a través de sus almuerzos de gallina en crema con loroco. Se quebró un brazo jugando fútbol con militares pero, haciendo una parodia, hubiera sido preferible que el golpe no hubiera sido en una extremidad superior sino en la mera boca.

Tampoco ha sido un gobierno transparente ni firme en la defensa de los guatemaltecos migrantes. Al contrario, han aplaudido las políticas represivas de Trump con la esperanza de obtener el apoyo de la Casa Blanca. Después de haberse llenado las fauces con el tema de la soberanía están dispuestos a firmar hoy lo que sea y permitir el ingreso de tropas extranjeras para que vengan a controlar las fronteras e incluso reprimir a los guatemaltecos. Esto los muestra realmente como son, antipopulares y sin verdadero interés por nuestro país.

Guatemala retrocede ideológica y moralmente al pasado. La pregunta obligatoria sigue siendo: ¿Cuándo y cómo se convertirá Guatemala en país habitable y saludable? Guatemala hoy no lo es. La situación rural es frágil frente a los embates de la naturaleza; así se demostró con creces en diversas catástrofes naturales que han azotado al país en los últimos años y que han puesto al desnudo la vulnerabilidad de amplios sectores sociales en toda la República. Inútil, hasta irresponsable, negar los niveles de pobreza, de impunidad, de desnutrición y de mala salud.

La segunda vuelta electoral no resolverá automáticamente nada. Se necesitan mucho más de cuatro años para sacar al país de la situación en que lo entrega Jimmy Morales. Más lo esencial, para no caer en un pesimismo irreversible, es que los guatemaltecos reflexionen más sobre la importancia de asumir más responsabilidad ciudadana. Obtener más conocimientos sobre el país evitando ser manipulados con campañas negras de net centers y noticias falsas. Guatemala puede polarizarse aún más y los niveles de violencia alcanzar extremos insospechados. Es momento de poner las barbas, y los pensamientos, en remojo pues el país tiene una predisposición a los incendios.

Nos hace falta un verdadero proyecto de nación, más allá de las ideologías propias de una anticuada visión de Guerra Fría. Una necesaria e histórica búsqueda de consensos. De creación de ciudadanía e involucramiento ético y responsable. De lo contrario Guatemala seguirá en manos de las mafias que han penetrado el Estado y sus instituciones, sobre todo el Ejército. Menos mal que a Jimmy ya solo le quedan seis meses para que se largue. Recordemos sin embargo que hace cuatro años más de dos millones de ciudadanos votaron por él.

Hay que luchar por encima de los intereses mezquinos, aprender a dialogar y alcanzar consensos proyectivos en aras de crear un país habitable para las futuras generaciones. Luchar conjuntamente contra la pobreza, la impunidad y la mala salud. Que no nos recuerden como irresponsables, como enajenados de ultraderecha, como culpables de haber dejado un país en ruinas morales y económicas, sin cultura, sin justicia, sin esperanza.