Miércoles 18 DE Septiembre DE 2019
Domingo

NO al voto MULO

Fecha de publicación: 09-06-19
Por: César A. García E.

“El voto nulo también tiene campaña negra”, se lee en un meme que me enviaron. Que cierto e inmoral es… pensé. En efecto, el voto nulo, es por primera vez un elemento tomado en cuenta en las viciadas “elecciones”… útil a medias, pero con valor tal que podría mandar un mensaje contundente de que el pueblo no es tan baboso… como creen, quienes promueven –de forma tendenciosa– como “proceso electoral”, el evento del otro domingo, insistiendo en que, quienes asistan a las urnas, tendrán posibilidad de “escoger” a los más aptos, para administrar la cosa pública, e imponiendo en las espaldas del votante una carga que no se merece, confiriéndole a su voto, un peso y valor que, en realidad, no tiene.

Los promotores de “la fiesta cívica” que celebra la vergüenza… entre ellos: falsos patriotas, iglesias que no cumplen con su rol de alumbrar sino entenebrecen, ex financistas de “patriotistas” e “Uneístas”, titiriteros, títeres, bufones, prensa irresponsable o cándida, auténticos siniestros con cara de buena gente y cientos de miles de ciudadanos esperanzados de encontrar tesoros, dentro de la basura, no se dan cuenta de que su concurso decidido –anti dignidad ciudadana y anti verdad– solamente ahonda el enorme abismo en el que corruptos han empujado al país… desde la “democracia” que es, en términos prácticos –para Guatemala– la dictadura sempiterna del ladrón y el homicida.

Es una mentira gigantesca o, como mínimo, una manipulación absurda que, si usted vota nulo o no acude a las urnas, esté “favoreciendo” a determinados candidatos. Ciertamente los votos válidos son los computables para definir “ganadores” (el pueblo volverá a perder), pero quien no vota o vota nulo… ¡No está votando por ninguno!, es decir, no favorece a nadie. El sistema electoral está diseñado para que, si acudiera –por ejemplo– solamente el tres por ciento de la población, acreditada para emitir el sufragio o, aún menos, a las urnas, de todas formas, se proclamarían ganadores ¿Se podría responsabilizar al 97 por ciento de abstencionismo de favorecer a los “electos”? Sería inmoral hacerlo; la interpretación correcta y moral, definiría, como no representativos a los “ganadores”.

La frustración que nos aqueja no es culpa nuestra, sino de un sistema estructurado, para que solo puedan participar rufianes, o en el mejor de los casos marionetas y mediocres. Al votante –los titiriteros y dueños del circo– también quieren –mediante campañas cívicas que lo hacen sentir responsable del desastre– atarle hilos a sus manos y pies, para que corran a las urnas a elegir entre mentirosos, improvisados, corruptos y payasos. La misma prensa que

–quiero pensar más por cándida que por vendida– promueve el voto, también revela –tímidamente– los vicios de los candidatos: tránsfugas, mañosos, enjuiciados, favorecidos por el antejuicio… olvidando difundir la realidad de que muchos de ellos se están reeligiendo y han sido parte fundamental del caos; a esos roñosos, la prensa les extiende alfombra roja y entrevista… es decir, los “valida”.

Se vale creer en el circo, ello derivado de la ignorancia de nuestro pueblo, de la presión mediática a su favor, de las declaraciones de observadores y diplomáticos que harán ver como “legítimo” lo ilegítimo; todos ellos, por distraídos o por seguir una agenda… están contribuyendo al timo de los ilusos votantes. Se vale tener favoritos, dentro de los impresentables y hasta ir a votar “en contra”, de quien se ha logrado posicionar, gracias a sus penosas credenciales, pero también al ruido mediático, como “el mal a vencer” … aunque votar en contra, claramente no es elegir y por ende, en las mal llamadas elecciones, paradójicamente, no se elige.

Lo que no se vale, es culpar a quienes no les da la gana ir a votar, porque están hartos de pagar impuestos para que se los roben los malvivientes y saben –a ciencia cierta– que con su trabajo deberán pagar la “deuda política” a los pillos en contienda, para que sigan participando eternamente. Tampoco se vale, intentar descalificar la convicción del voto nulo que implica rechazo al sistema viciado y agotado; el voto nulo –para quienes lo vemos como la única opción de repudio– define determinación, valor y asco; es hacer algo en contra del sistema y no a su favor. El votar nulo es un derecho, tanto como no votar o votar por el sistema disfuncional que intenta prestigiar la farsa.

Salmo 32:9 “No seas como el mulo o el caballo, que no tienen discernimiento, y cuyo brío hay que domar con brida y freno, para acercarlos a ti”. ¡Piénselo!