Jueves 20 DE Junio DE 2019
Domingo

Los abusos sexuales en la Escuela Municipal de Música de la Ciudad de Guatemala

(Resumen de la investigación publicada por Nómada)

Fecha de publicación: 09-06-19
Por: Pia Flores / Nómada

Bruno Campo fue el director de la Escuela Municipal de Música de la Ciudad de Guatemala. Hasta que las denuncias por acosos y abusos llegaron a la oficina del fallecido alcalde Álvaro Arzú, y al gerente municipal, Ricardo de la Torre, pero la Municipalidad decidió no investigar las denuncias sino becarlo para que se fuera a Europa. Este año, a partir de otra felicitación pública de la Municipalidad, cuatro mujeres contactaron a Nómada para que la historia de acosos y abusos de Bruno Campo –y la protección de la administración unionista– no quede más en la impunidad.

1. Italia. “Te voy a mostrar por qué una mujer no puede dirigir una orquesta”

Rossana Paz tenía 19 años cuando fue aceptada para un curso de chelo en Italia. Era julio de 2012. Viajar sola le asustaba muchísimo. Para su alivio, un conocido suyo también se encontraba por allá. Bruno Campo. El director de la Escuela Municipal de Música y de la Orquesta Juvenil de la Municipalidad de la Ciudad de Guatemala. Bruno Campo también había conseguido una beca. En medio de varias acusaciones por su conducta agresiva y abusos sexuales, la Muni le financió el viaje para salir de Guatemala.

Eso no lo sabía entonces Rossana.

– Para mí era alguien muy, muy cercano. En la orquesta era una figura de autoridad, alguien que siempre daba algo de miedo, pero afuera para mí también era como un hermano o un papá. Me costó entender todo lo que estaba detrás y entender lo que pasó. Esa es de las noches que tengo más claras en mi mente. La noche que me violó.

Hace cuatro meses, en febrero, Rossana se enteró que no era la única víctima de Bruno Campo.

2. Cómo se construye un déspota que se convierte en monstruo

Isabel Ciudad Real fue la fundadora de la Escuela Municipal de Música. Conoció a Bruno Campo en 1996. Tenía 14 años y estudiaba oboe en el Conservatorio Nacional de Música. Ciudad Real lo recuerda como un niño con mucho talento. – Todo iba muy bien. Hasta que, considero yo, él se obsesionó cuando vio la posibilidad de crecimiento. Tenía buen liderazgo, pero comenzó a querer llegar a la meta sin pasar por un proceso, y comenzó a tratar mal a las personas.

En 2009, la Fundación Música y Juventud decidió romper el convenio de cuatro años con la Municipalidad porque no podían trabajar más con Bruno Campo. La Municipalidad prefirió a Bruno Campo.

– A partir de eso, él ya tomó control. Se volvió director musical, tenía su junta directiva, el financiamiento de la Municipalidad. Aparte estaba Juventudes Musicales, de la cual recibía fondos para ser ejecutados, igual que los fideicomisos. La capacidad de recaudación que se iba a generar con el SOG era fabulosa. El problema es que le dieron el control absoluto a una persona, Bruno. Nadie lo fiscalizaba, ni cuestionaba sus métodos, recuerda Fernando Archila, director del Coro Municipal.

A cambio del poder absoluto en la Escuela Municipal de Música y el Sistema de Orquestas, Bruno Campo le devolvía a la municipalidad unionista conciertos de niños y jóvenes. De calidad. Y con algo de explotación. En las elecciones de 2007 y 2011, hacían hasta tres conciertos “de barrio” semanales durante todos los meses de campaña. Sin compensación. Setenta y cinco niños y jóvenes de las áreas empobrecidas de la Ciudad de Guatemala tocando en chumpas blancas y verdes de la Municipalidad cada dos o tres días. La chelista Rossana Paz, entonces una adolescente, recuerda que los conciertos se hacían con las pancartas del Partido Unionista y luces pirotécnicas al final.

Hacia fuera, la Municipalidad y el unionismo brillaban con el proyecto social de música para jóvenes. Bruno Campo era la estrella. Hacia dentro, era una realidad oscura. De abusos verbales, físicos y sexuales.

3. El régimen de abusos. Las denuncias de las alumnas

La imagen del personaje carismático Bruno Campo, de quien todavía en 2019 se ufana la Municipalidad de Ricardo Quiñónez en redes sociales, se desploma tras las entrevistas con fuentes consultadas para este reportaje.

Por ejemplo, el profesor Julio Julián dice que se aseguraba de cuidar a sus estudiantes del coro de Bruno Campo porque no le gustaba cómo trataba a los jóvenes. En las sesiones que compartía con Campo presenció maltratos que iban desde palabras soeces porque no tocaban bien a manotazos. Describe a Bruno como una persona agresiva y lasciva.

Maru Amato es flautista y tiene 26 años. Entró en la Orquesta Juvenil en 2008 cuando tenía 15 años. El acoso de Bruno Campo comenzó sutilmente. Poco a poco avanzaba, de cosas verbales hasta agresiones físicas y humillantes para la adolescente, que él justificaba como “juegos”. Por ejemplo un día que Maru traía un pants, se lo bajó enfrente de todos sus compañeros en la Escuela. Otro de los “juegos” favoritos de Campo era tocarle sus pechos y hacer que se movieran. O besarla en la boca sin permiso y reírse. Lo hizo muchas veces, dice Maru, cuando estaban solos, y a veces enfrente de la gente.

4. El sueño (roto) de la música

Azucena Salinas soñaba con tocar violín. Tenía 12 años cuando en 2010 entró a la Orquesta Infantil. Allí, entre la multitud de los instrumentos y en la simbiosis melodiosa de la orquesta con el violín y su arco, sentía la felicidad plena. A Azucena la Escuela de Música se convirtió en su vida. Todos los días viajaba en bus los 30 kilómetros desde la aldea en el municipio de Palencia, donde vivía con su mamá y sus hermanos, para llegar a los ensayos en el antiguo Palacio de Correos en el Centro Histórico.

Una tarde Bruno Campo volvió a llamar a la niña de 12 años a su oficina. Dijo que quería enseñarle algo y agarró un set de llaves. La llevó a un salón donde guardaban los contrabajos y cerró la puerta.

Azucena quería contarle a alguien lo que estaba pasando. Pero no pudo. Muchas noches se quedaba a dormir en la casa de sus amigas, Maru Amato y su hermana, la novia de Bruno Campo, y quería tanto confiarles lo que había pasado y buscar apoyo en ellas. Pero no pudo. Tenía miedo de que ellas no le fueran a creer. Que nadie le fuera a creer.

– ¿Cómo iban a creerme si era Bruno Campo?

5. Las mamás que enfrentaron a Bruno

Azucena le contó a su mamá, Brenda Archila, lo que había hecho Bruno Campo. La señora se enfureció y enfrentó a Bruno Campo en una reunión.

– Usted es un abusivo, anda fastidiando a Sucy; quiere que se deje hacer cosas por usted. ¡Es un sinvergüenza! Como ella no quiso ceder a todos sus abusos, ahora la agarró contra ella.

– Mire señora, en ningún momento he acosado a su hija. Azucena es la típica niña que anda seduciendo a los maestros. ¿Sabe qué? A veces me alcanza por las gradas, me agarra, me abraza y me besa atrás de la oreja, respondió Bruno Campo, mientras miraba a la coordinadora Blanca López.

Brenda Archila, en su casa en una aldea a 30 kilómetros del Centro Histórico, no sabía qué hacer. Azucena le rogaba que no la sacara de la Escuela de Música. La orquesta y el violín eran su mundo. Aspiraba a una carrera profesional en la música y en un año ya había avanzado tanto. Para la mamá soltera, que trabajaba como empleada doméstica en la zona 16, los recursos económicos no alcanzaban para pagar clases privadas de violín ni para pagar otro colegio privado.

6. Las “piedritas en el hombro” de Bruno Campo

Actualmente Bruno Campo se encuentra en Dinamarca, donde trabaja con orquestas de jóvenes.

— ¿Piensa que alguna vez les faltó el respeto?, le preguntó esta periodista.

— Mi linda, me haces una pregunta que me duele un poco. A ver, por un lado llevo todo este orgullo positivo de lo más hermoso que fue montar este proyecto, y también llevo mis pequeñas piedritas en los hombros de si en algún momento de estrés uno levanta la voz, alguna cosa de esas.

Bruno Campo insiste, en la entrevista y varios correos después, que existe una conspiración de difamación en su contra de parte de personas, resentidas, que le dan pena, que “generan rumores y que se excusan detrás del anonimato”. Pero de las siete mujeres que lo acusan de violencia sexual, solo tres escogieron hablar desde el anonimato.

7. Una bomba de tiempo que llega hasta la “Muni”

En los años siguientes, entre 2009 y 2012, los maltratos continuaron y la tensión aumentó. Con el retiro de la Fundación Música y Juventud, confrontaciones con profesores de música, y las mamás que comenzaron a denunciar la violencia sexual en la escuela, Bruno Campo estaba cada vez más bajo más presión.

A la nueva directora del SOG, Verónica Molina, al delegado de la gerencia municipal, Siegfried Morales, y a Bruno Campo les tocó compartir oficina. La nueva directora Molina recuerda que desde el principio comenzó a ver cosas que no estaban bien. Un día ella llegó a la oficina a encontrar a Bruno Campo sobre el escritorio recibiendo un masaje de una alumna de unos 13 años. En otras ocasiones estaba enseñando pornografía a alumnos desde su computadora. Rossana Paz complementa este capítulo. Asegura que cuando volvió de Italia, Bruno Campo le escribió para pedirle que borrara un archivo con pornografía de la computadora de su antigua oficina.

El 14 de marzo de 2012, un grupo de 19 mamás y papás del alumnado de la Escuela Municipal de Música redactaron una carta dirigida al alcalde Álvaro Arzú Irigoyen, en la que expusieron los maltratos y abusos de parte de Bruno Campo. Solicitaron una cita personal con el Alcalde para abordar la situación.

La Municipalidad nunca les concedió la reunión a las mamás y los papás. Tampoco removió a Bruno Campo de su puesto y de su contacto con los jóvenes de la Orquesta.

8. La protección de la municipalidad de Arzú (y los aplausos actuales)

Los abusos físicos denunciados en la carta fueron completamente ignorados tanto por Bruno Campo, Lucrecia Rangel y el alcalde Álvaro Arzú Irigoyen. Es más, no solo fueron ignorados, sino que la Muni ayudó a sacar a Bruno Campo de Guatemala.

El último concierto de Bruno Campo con la Orquesta Juvenil fue el 17 de mayo de 2012, aunque su contrato vencía en septiembre de ese año. Ni el viaje o la beca fueron anunciados a la orquesta o al personal de la Escuela Municipal de Música. De un día para otro ya no llegó y se enteraron que había ganado una beca para asistir a varios cursos en Italia. Esto causó mucho asombro.

La Municipalidad financió el viaje de Bruno Campo a Europa.

En vez de suspender a Bruno Campo e investigar las acusaciones graves en su contra, la Municipalidad lo ayudó a salir y financió el inicio de su carrera en Europa, donde sigue trabajando con jóvenes.

De hecho, la Municipalidad de la Ciudad de Guatemala, ahora en manos de Ricardo Quiñónez, aún le aplaude a Bruno Campo. El 8 de marzo fue seleccionado por los músicos de la Orquesta de la National Radio Television de Albania, uno de los países balcánicos, para recibir el premio de director favorito en un concurso de dirección organizado por la misma institución. La noticia fue documentado por tres medios guatemaltecos y la Municipalidad felicitó a Bruno Campo en su página de Facebook el 15 de marzo.

Nómada envió varias solicitudes de entrevista al gerente municipal, Ricardo de la Torre, por medio del vocero de la Municipalidad de Guatemala. Cuando se le explicó que se trataba de Bruno Campo y las acusaciones, la Municipalidad ya no respondió.

*Aquí está la investigación completa de Nómada sobre las violaciones sexuales y abusos de Boris Campos, protegido y promovido por la Municipalidad unionista: https://nomada.gt/nosotras/somos-todas/muni-cuatro-mujeres-narran-la-historia-de-abusos-sexuales-del-director-protegido/