Sábado 21 DE Septiembre DE 2019
Domingo

Un techo de cristal duro de romper

La participación política partidaria de mujeres aumenta, pero falta definir si su mayor presencia garantiza avances en la agenda de género en el Legislativo.

Fecha de publicación: 12-05-19
Por: Ana Lucía GonzálezelPeriódico

El actual proceso electoral muestra una mayor participación de candidatas mujeres para los puestos de elección popular, tendencia que parece aumentar cada cuatro años. Algunas son rostros conocidos, como también hay nuevas caras y la esperanza de que surjan nuevos liderazgos, sea desde la presidencia, el Legislativo o el poder local.

Para el más alto cargo del Ejecutivo hay cuatro candidatas, tres de las cuales lideran la preferencia de voto en estas elecciones (por definirse incluso si participan), en tanto para la vicepresidencia se suman seis mujeres, de los 23 binomios en la contienda.

En el Legislativo, seis mujeres encabezan el listado nacional dentro de los 25 partidos políticos participantes. Otras más ocupan casillas importantes en los distintos listados para el Congreso. Tres de estos listados de postulación: Nacional, Metropolitano y departamento de Guatemala en la mayoría de partidos políticos, permiten observar cuáles son los espacios que ocupan las mujeres, las relaciones de paridad y de alternancia a lo interno de su equipo.

“Estos tres grupos se tomaron en cuenta debido a que gozan de una amplia representación poblacional en el padrón electoral”, explica Lindsley Tillet, directora de la Organización Alas de Mariposa, quien se encuentra elaborando listas de candidatas a diputadas por cada partido político. Asegura que este año sí se observa un avance en cuanto a la mayor presencia de mujeres, a solo cinco semanas para llegar a las urnas, hace falta ver qué espacios obtendrán en las elecciones generales y, una vez en sus curules, qué tanto podrán incidir para impulsar una agenda propositiva de género en el Legislativo. En otras palabras, qué tan difícil resulte romper esa barrera invisible conocida como “techo de cristal” en la política.

Más mujeres votan

En las últimas dos elecciones el padrón electoral inclinó la balanza con mayoría de votantes femeninas. En 2011 se tuvo un 50.9 por ciento mujeres vs. 49.1 por ciento hombres. En 2015, fueron 54 por ciento mujeres vs. 46 por ciento de hombres. En cuanto a las candidaturas, un conteo realizado por Convergencia en 2015 refleja que participaron 21 mil 241 hombres (82 por ciento) mientras que las mujeres fueron 4 mil 550 (18 por ciento).

Ese mismo año, el Legislativo quedó integrado con el 14 por ciento de mujeres. Es decir, 22 mujeres diputadas frente a un total de 136 hombres electos. “Pero al salir varios congresistas por enjuiciamiento u otros casos, esta cifra subió a 30, es decir, 19 por ciento, pero no fueron electas. Esto demuestra que a la mujer se le relega a los puestos secundarios en los listados de candidatos”, explicó en una entrevista Catalina Soberanis, primera mujer en presidir el Congreso de la República.

Hasta el cierre del padrón electoral el mes pasado, este quedó conformado con un 53.82 por ciento de representación femenina, contra un 46.18 por ciento de hombres. “Aunque ellas puedan tener mayor participación como votantes, esto no se ha visto reflejado en resultados electorales más equitativos o que ellas queden mejor representadas”, asevera Tillet.

Liderazgos a pulso

Esta campaña ofrece novedades, como también más de lo mismo. Algunas gozan de liderazgos más activos, mientras que otras no corren la misma suerte con sus compañeros de fórmula. Hay más mujeres indígenas participando, sin que falten incidentes. La candidata vicepresidencial Blanca Estela Colop de URNG-Maíz debió poner un alto a un comentario racista en Twitter. La candidata no tardó en poner una denuncia en la fiscalía de derechos humanos del Ministerio Público ante esta agresión.

En la carrera por las diputaciones, algunas ocupan las últimas casillas en los listados. Para muestra, en los listados nacionales, distritales y de Guatemala del partido Fuerza, solamente cuentan con tres aspirantes mujeres, respectivamente, cada una en la tercera casilla. Por otro lado, partidos como Winaq rompen esquemas al proponer en el primer listado por el distrito central, al primer candidato LGTB: Aldo Iván Dávila Morales.

Evelyn Morataya, candidata a diputada en la primera casilla del listado nacional por el partido BIEN, es una de las seis mujeres que esperan ocupar uno de los 32 espacios de esta categoría en el Legislativo. Después de más de 15 años fuera de las tarimas, es consciente que el espacio se gana a pulso. “Cuando visito las comunidades me doy cuenta que solo hasta después de dar mi discurso con mi propuesta para el Congreso, tanto hombres como mujeres validan mi participación”, afirma. Considera que esto sucede toda vez escuchan un proyecto político congruente y con la cual se sienten identificados, en su caso con dos ejes centrales: ley de aguas y ley de competencia.

Disparidad

El documento: Si somos más de la mitad, por qué no tenemos paridad, avances y desafíos en la participación política de las mujeres en Guatemala, elaborado por ONU Mujeres, PNUD y el Instituto para la Democracia (2018) muestra que aún no tenemos un panorama alentador, aunque se visualizan oportunidades.

En los resultados del Índice de Paridad Política en Guatemala, se obtuvo un puntaje global promedio de 42.6 sobre un total de 100 puntos. El país quedó con el cuarto puntaje más bajo entre ocho países analizados: México (66.2), Perú (60.1), Honduras (48.8), Argentina (44.7), Guatemala (42.6); seguido por Panamá (42.3), Uruguay (41.7) y Chile (38.2).

Cleotilde Vásquez es subcoordinadora de Asociación Moloj y se da cuenta de esta disparidad día a día. Parte de su labor es dar acompañamiento a mujeres indígenas participantes en política. No cuentan con una base de datos que permita definir cifras de cuántas son, pero su objetivo es apoyarlas para romper estereotipos y asumir retos. “Ellas no encabezan listados, hay pocos espacios y generalmente van en los segundos lugares”, dice.

Vásquez sabe que además de enfrentar obstáculos ancestrales como el machismo, la discriminación y la dependencia económica, también reconoce que hay factores que limitan la participación, como la escasa formación académica de las mujeres que les permita acceder a debatir distintas temáticas.

Morataya sabe que es importante la voz de las mujeres en el Congreso y en el poder local. “Históricamente siempre se nos ha silenciado y marginado de las decisiones de mayor relevancia. En la política, la mujer tiene hasta que modular la voz y de cierta manera mimetizarse con la apariencia de poder que dan los hombres para ser escuchada y tener un discurso creíble. Hay que romper con ese estereotipo”, asegura.

Impulsar una agenda horizontal

En Guatemala la lucha por lograr espacios de participación política comienzan en la mitad del siglo XX. Fue en 1945 cuando se aprueba el voto de la mujer alfabeta y hasta 1965 cuando se extiende el sufragio universal para las mujeres. Con la apertura de la era democrática en 1985 comienzan a discutirse mayores espacios de participación para la mujer.

La socióloga Ana Silvia Monzón recuerda que en un principio se hablaba de cuotas. Ahora el concepto se traslada hacia paridad y alternancia en los espacios de participación. Esto es parte de las discusiones de los grupos pro mujeres para modificar la Ley Electoral y de Partidos Políticos (LEPP) en los puestos de elección popular, como a lo interno de las organizaciones.

Según Monzón, hace falta camino por recorrer. Observa que en el actual proceso, resulta contradictorio que los mismos partidos políticos que han negado reformas a la LEPP coloquen mujeres en sus filas “más como una estrategia de mercadeo político, sin posibilidades de ganar”.

Una vez en el Congreso, la agenda de género toma un pulso entre la línea conservadora, como leyes de protección a la familia (Iniciativa 5272), contrario a las que impulsan una agenda a favor de tópicos difíciles de abordar como la educación integral en sexualidad. “El vínculo entre religión y política está cada vez más presente”, afirma la socióloga.

Lindsley Tillet resalta que suele suceder que en estos temas se de oposición entre los mismos grupos de mujeres. Se les conoce como “mujeres con bigote” lo cual indica que su presencia no significa que sus intereses estén representados. “Hubo una diputada que se opuso a la ley contra el femicidio”, afirma.

De manera que, atreverse a hacer una construcción diferente del poder es todo un reto, según Tillet. Recuerda que los partidos reproducen sistemas patriarcales, pero es consciente que este es un proceso que toma años para llegar a construcciones conjuntas, horizontales, de equipo para lograr cambios en la forma como se ejerce la política.

Llamado al voto

“Cuando una mujer entra en política, la mujer cambia; cuando muchas mujeres entran en política, cambia la política”, dijo la expresidenta chilena Michelle Bachelet, como lo cita el documento de Onu Mujeres y PNUD. Quizás faltarán varios años para que esta frase sea una realidad en nuestro país. De momento, Cleotilde Vásquez de Asociación Moloj hace un llamado a las mujeres para que tengan un voto consciente. “No se dejen engañar, revisen los planes de gobierno donde se tomen en cuenta programas dirigidos hacia la población más vulnerable”, resalta.

Poder local

Una de las novedades este año es la participación de la candidata para alcaldesa más joven. Se llama Gladys Victorina Hidalgo Castilla, tiene 20 años y se postula para Retalhuleu por el partido Prosperidad Ciudadana. En sus redes se presenta como la “Peque” Hidalgo y afirma que es la primera vez que vota y participa como candidata.

En las elecciones de 2011, siete de 333 alcaldías fueron ganadas por mujeres. Un triunfo histórico en algunas comunidades, en donde algunas de ellas siguieron los pasos de sus padres o esposos. Para las elecciones de 2015, diez mujeres quedaron electas como alcaldesas de un total de 338 municipios. “Esto representa solo el tres por ciento de las alcaldías a nivel nacional”, resalta Tillet, de Alas de Mariposa. Queda por definir cuántas mujeres recibirán este año la vara edil entre los 340 municipios del país.