Sábado 21 DE Septiembre DE 2019
Domingo

Guerrilla y literatura

Fecha de publicación: 12-05-19
Por: Jaime Barrios Carrillo

La lucha armada en el siglo pasado llevó a una especie de holocausto en el continente latinoamericano. Más allá de las acciones meramente militares se produjo en gran escala violaciones a los derechos humanos y crímenes de lesa humanidad, afectándose sobre todo a la población civil. La llamada “guerra sucia” sumió a los países con guerrillas en verdaderos abismos de muerte, tortura y se aplicó el método inhumano de la desaparición forzada. Entre 35 mil desaparecidos en Argentina, 3 mil muertos y desaparecidos en Chile, más de 300 mil muertos en Centroamérica.

Las luchas guerrilleras en Colombia, Perú, Brasil, Venezuela, Guatemala, El Salvador, Nicaragua y Argentina tuvieron variados grados de impacto e injerencia pero a mediados de los setenta son, con excepción de las guerrillas centroamericanas, desarticuladas o en algunos casos, como en Venezuela, dejan las armas por decisión propia. Nicaragua culmina con el triunfo de los sandinistas en 1979. En Colombia continuó la guerrilla de las FARC hasta el acuerdo de paz de hace dos años, continuando activa todavía la guerrilla del ELN. En Guatemala y El Salvador las guerrillas continúan combatiendo hasta la década de los noventa, sumiéndose estos pequeños países en desoladoras orgías de sangre donde no faltaron los asesinatos masivos y selectivos y las masacres de población indígena. Se logró terminar con la absurda hecatombe por medio de Acuerdos de Paz que ponen fin a los conflictos armados centroamericanos y las guerrillas se convierten en partidos políticos.

Las guerrillas produjeron también un impacto literario. Novelas, poemarios y libros de testimonio. El escritor uruguayo Mario Benedetti publica en Madrid (1980) la antología Poesía trunca. El título lo dice todo, se trata de una colección de poetas latinoamericanos que cayeron luchando, incluyendo a Otto René Castillo, Roque Dalton, Javier Heraud, Rigoberto López, Íbero Gutiérrez, Roberto Obregón, Ricardo Morales y el mismo Ernesto Che Guevara como poeta.

Un breve inventario de la narrativa centroamericana en torno a las guerras internas comienza con la novela Pobrecito poeta que era yo (1975) de Roque Dalton. Trata de la conspiración revolucionaria y también de la represión contra la misma, el involucramiento de la CIA americana y el dilema de los poetas ante la lucha. En Guatemala Los compañeros (1976) de Marco Antonio Flores realiza la crítica de la lucha guerrillera. Seymour Menton considera esta obra como el inicio de la nueva novela guatemalteca después de Asturias. Otros narradores guatemaltecos que tocan el tema de las guerrillas son Mario Roberto Morales en El esplendor de la pirámide (1985) y Los que se fueron por la libre (1996), Arturo Arias con Después de las bombas (1979) y Sopa de caracol (2002), Dante Liano con El hombre de Monserrat (1994).

En Nicaragua encontramos la novela de Sergio Ramírez ¿Te dio miedo la sangre? (1977) cuya trama cuenta los inicios de la nueva guerrillera sandinista en los setenta. En El Salvador Caperucita en la zona roja (1977) de Manlio Argueta y La diáspora (1989) de Horacio Castellanos Moya.

En México, se produce alguna literatura vinculada al tema de las guerrillas, en especial las organizaciones revolucionarias de Lucio Cabañas. Es el caso del escritor Carlos Montemayor con obras como Guerra en el Paraíso (1997). La investigadora Sandra Ojeda Limón informa de más de 25 obras de ficción y de poesía referidas al tema de las guerrillas mexicanas durante los sesentas y setentas. Por ejemplo El infierno de todos tan temido (1975) de Luis Carrión, Guerra y sueño (1977) de Salvador Mendiola, Salvador Castañeda con la novela ¿Por qué no dijiste todo? (1986), La revolución invisible (1983) de Alejandro Íñigo, las novelas Veinte de cobre (2000) y Cementerio de papel (2004) de Fritz Glockner y Septiembre (2010) de Francisco Pérez Arc. Con el levantamiento del movimiento zapatista en 1994 se produce una nueva visión sobre las guerrillas, esta vez desarrolladas en Chiapas y con fuerte contenido de participación indígena maya. La oralidad retoma fuerza en la escritura de los intérpretes del zapatismo y sobresalen los textos epistolares del subcomandante Marcos.

En Perú resurgen las guerrillas en los ochenta bajo la bandera del maoísmo, la organización Sendero Luminoso opera en la región de Ayacucho y también con comandos urbanos. Los métodos de esta guerrilla fueron brutales, incluyendo el terrorismo. Son desarticulados con el apresamiento y condena de sus principales dirigentes, con El Presidente Gonzalo a la cabeza del movimiento. Otro grupo guerrillero menor el MRTA –Movimiento Revolucionario Túpac Amaru– fue también desarticulado y su dirigencia apresada y condenada a largas penas de prisión.

Mario Vargas Llosa ha escrito dos novelas que reflejan los dos períodos guerrilleros del Perú. Vargas Llosa logra en las dos novelas una presentación crítica y profunda que conlleva a una reflexión amplia sobre la violencia política y sus consecuencias humanas y psicológicas. La primera es La historia de Mayta (1984), donde se narra la vida del militante y conspirador Alejandro Mayta y su fracasada tentativa revolucionaria de 1958. La otra es Lituma en los Andes (1993), donde retoma el personaje del cabo Lituma, enviado a una misión en territorio donde actúa ferozmente la guerrilla senderista.

Menos difundida ha sido la lucha guerrillera en Chile después del derrocamiento de Allende. Hubo por lo menos dos organizaciones que realizaron operaciones armadas guerrilleras: el MIR –Movimiento de Izquierda Revolución– y el comunista Frente Manuel Rodríguez. El narrador Rubén González Lefno ha publicado una colección de cuentos, La Montaña Rebelde, que retoma como tema de fondo esas luchas guerrilleras y donde aparecen personajes históricos como el sueco Svante Grände o comandante Julio, caído en combate después en Argentina.

En Colombia el largo conflicto armado interno también ha producido la literatura. Podemos mencionar, dentro de una selección limitada, obras como la novela Los Ejércitos (2006) de Evelio José Rosero, Muchacha al desaparecer (2010) de Marta Renza, El olvido que seremos de Héctor Abad Faciolince, Abraham entre bandidos, (2010) de Tomás González, 35 muertos (2011) de Sergio Álvarez. El colombiano, y excomandante guerrillero, Rosemberg Pavón escribió Así nos tomamos la embajada (1984), texto testimonial sobre la toma por la organización M-19 de la embajada de la República Dominicana en Bogotá.

El escritor argentino Manuel Puig ha escrito la sensacional novela El beso de la mujer araña (1976) donde utiliza solo diálogos de los personajes en el marco de la lucha guerrillera en el Brasil.

En el género testimonial encontramos las obras del guatemalteco y jefe guerrillero Mario Payeras, especialmente Los días de la selva (1981) y Trueno en la ciudad (1987). En Nicaragua el libro de Omar Cabezas La montaña era más que una estepa azul (1982) sobre la lucha sandinista en la cual el autor participó. Y en Argentina Monte Chingolo. La mayor batalla de la guerrilla argentina (2006) de Gustavo Plis-Sterenberg, Fuimos soldados de Marcelo Larraquy (2006), sobre las luchas de los guerrilleros montoneros y Poder y desaparición. Los campos de concentración en Argentina de la académica y escritora Pilar Calveiro.

El novelista chileno Roberto Bolaño en su novela Amuleto (1999), nos presenta en una imagen tremenda a la juventud latinoamericana sacrificada por el ideal de transformar el mundo y volverlo mejor. Toda una generación inmolada. Fue de alguna manera como que las lecturas obsesivas de libros rojos, que hablaban de un venidero mundo socialista que sería el mejor, los hubieran llevado a la búsqueda en la práctica de la utopía, como análogamente había sido el mundo de la caballería andante que se caía, pero el Quijote salía a cabalgar en su “rocín de antes”. Así la juventud latinoamericana se fue a cabalgar por el continente, por selvas y montañas y en las ciudades, bajo la consigna de que el pueblo nunca sería vencido.