Miércoles 16 DE Octubre DE 2019
Domingo

Dime qué comunicas y te diré qué sociedad eres…

Fecha de publicación: 14-04-19
Por: Lesly Véliz - Sociedad de Plumas

Hace unos días me preguntaba una alumna de Comunicación sobre cómo, siendo aún estudiantes, pueden aportar para que no se haga más profundo el mar de desinformación que nos ahoga diariamente. Le respondí que, en principio es importante ser cautelosos con lo que se comparte en redes sociales; además, que es indispensable ser altamente reflexivos y críticos con todos los mensajes que provienen del mundo digital, de los medios o del contacto humano directo.

Es cierto, no son acciones exclusivas de un estudiante de Comunicación, pero la responsabilidad de llevarlas a cabo es mayor para quienes hemos elegido esa ciencia como nuestra forma de vida. Al final, se generó un grato conversatorio sobre las cualidades de un comunicador y del uso responsable de los recursos disponibles para ejercer la profesión.  

Al salir del salón me invadió una sensación de esperanza, porque es vital que los comunicadores, desde las aulas universitarias, empiecen a generar autocrítica, a buscar soluciones a los problemas, y a tomar conciencia de la magnitud de su labor.

La forma de comunicar ha evolucionado tan rápido que los periodistas no nos dimos cuenta en qué momento cambió tan radicalmente nuestra rutina; de un momento a otro salíamos a la calle a reportear, tomar fotos, editar cápsulas de video y tuitear al mismo tiempo.

Antes, lo más importante era cuidarnos de que en el papel, al día siguiente, no se publicara una imprecisión. Hoy, es necesario revisar letra por letra en el tuit, en el post de Facebook y en la nota que, en no más de 10 minutos, ya debe colocarse en la web. Incluso retuitear el mensaje de una fuente puede ser fatal para la credibilidad del comunicador o del medio de comunicación.

A pesar de que la forma y el método han cambiado, hay elementos de fondo que deben prevalecer, como el rigor, la ética y imparcialidad. En ese sentido, siempre me gusta citar una de las tres funciones de la comunicación en sociedad que Harold Lasswell, experto en Política y Comunicación, desarrolló: la transmisión de la herencia social.

Esta función nos hace meditar sobre cómo documentamos nuestra historia cotidiana; nos lleva a evaluar qué decimos, cómo lo decimos, a qué intereses respondemos. Cada mensaje, cada nota periodística, cada pieza de comunicación, servirá como referencia en el futuro para saber qué tipo de sociedad somos ahora. ¿Qué legado estamos dejando los comunicadores a nuestro país? Como decía la estudiante, ¿qué y cómo estamos aportando? Nuestra comunicación de hoy es el reflejo de nuestra forma de vida.

La viralización se ha convertido en un enemigo, sobre todo para los periodistas; las vistas o los compartidos son prioridad por encima de la calidad de los mensajes. Vivimos nuevos tiempos de amarillismo, y esta vez no tiene nada que ver con un personaje de ese color en un rotativo, sino con una enfermedad que parece diseminarse sin control.

En la conversación con los estudiantes surgió un comentario muy oportuno: “quiero que mi legado sea comunicar bien, aunque ello implique comunicar diferente”. Sencillo, pero perfecto. Una postura interesante de un alumno de primer año de Comunicación.

Si logramos que desde la academia haya un compromiso con la profesión, no tendremos que estar lamentando que se compartan mensajes que atentan contra la privacidad, la dignidad de las personas u otros derechos fundamentales.

No se trata solamente de saber identificar las fake news, sino también la información que, aún siendo verdad, no construye valores, sino, por el contrario, debilita nuestra integridad social.

Ojalá que todos los días, antes de sumergirnos en ese mar de información, podamos preguntarnos como la estudiante ¿cómo podemos aportar?


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