Domingo 20 DE Octubre DE 2019
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“El sueño americano lo tiene uno con sí mismo”: Alfonso Pérez

El representante de la Alianza Guatemaltecos Unidos, en Los Ángeles, California, comparte su historia como migrante y la alegría de servir a la comunidad guatemalteca en Estados Unidos.

Fecha de publicación: 31-03-19
Por: Jorge Alvarado

A los 40 años, Alfonso Pérez ha vivido en carne propia el dolor de ser discriminado, pero también la alegría de servir a su comunidad y a los migrantes guatemaltecos que necesitan de su apoyo. En la búsqueda del sueño americano, sabe que cada uno vivió una historia particular, aunque todas tienen en común la angustia y el drama a las que se han tenido que enfrentar. Por eso, para Pérez resulta fácil sentir empatía por el dolor de unos o la suerte otros. En la siguiente entrevista, comparte sus experiencias después de más de una década de vivir en Los Ángeles, y cómo surgió su lucha por la igualdad de derechos de sus compatriotas.  

Un cruce agónico

Pérez salió de Guatemala un 22 de diciembre de 2007, con un nudo en la garganta que asegura no se le ha quitado hasta la fecha. Con su amigo Juan Carlos, obtuvieron la visa mexicana y partieron hacia el norte. No imaginaron el camino que les esperaba.

Ese día partieron rumbo a Tapachula, México, donde tomaron un avión rumbo a Tijuana. Por alguna razón, el vuelo hizo escala en el Distrito Federal. Ahí empezó la odisea, porque un policía les preguntó por qué se dirigían a Tijuana. “Dijo que con el tipo de visa que teníamos no podíamos pasar del D.F. Insistió tanto hasta que nos manifestó que si no le dábamos US$500 nos bajaba del avión. Finalmente logramos seguir después de pagar el soborno”, cuenta Pérez.

Al llegar a Tijuana contactaron a un coyote recomendado desde Estados Unidos. “El trato era que después de pasar la frontera debíamos pagar US$5 mil por cada uno. Fueron días de angustia. Pasamos la Navidad encerrados en un hotel”, relata.

Al día siguiente, el hombre los llevó hasta la barda fronteriza. En lo que burló a la policía, Juan Carlos su amigo logró pasar. Cuando llegó su turno, Alfonso no lo logró, cayó de nuevo del lado mexicano y quedó inconsciente. Por alguna razón el coyote lo recogió y lo llevó a un médico que también lo extorsionó para curarlo.

Dos días después, ya sanadas las heridas, Pérez volvió a intentarlo. Logró saltar la barda cuando el coyote burló a la guardia fronteriza. “Cuando caí del otro lado fue la vez que más rápido he corrido en mi vida, hasta refugiarme entre los matorrales”. Minutos después un chavo en un vehículo le gritaba: ¡chapín, chapín!

“Ni siquiera me movía, pensaba que era la policía, pero era un amigo del coyote. Al fin me subí al vehículo y me llevó a una casa grande y hermosa. Ahí me detuvieron hasta que lograra contactar a Waldir, el amigo que pagaría por mí”, recuerda Pérez. El dueño de la casa era un hombre tatuado y agresivo, dijo que tenía que pagar o me devolvía a la guardia fronteriza.

Waldir hizo el pago y se pactó el intercambio. Una vez dentro del vehículo, me indicó que lo esperara para hacer una diligencia; que durmiera y no saliera del auto. A los pocos minutos, apareció un hombre que me hablaba en inglés, decía que era policía, que bajara el vidrio. “Aterrado no lo hice, hasta que por fin se apareció mi amigo”, quien doblado de la risa le dijo: “bienvenido a Estados Unidos, feliz Día de los Inocentes”.  

¿Cuál ha sido tu experiencia como migrante?

He podido superarme, adquirir más conocimientos, experiencia y abrirme campo laboralmente. Con la comunidad, he podido trabajar como voluntario apoyando a los refugiados guatemaltecos. Pero también hemos tenido experiencias desagradables, como el mal trato que nos proporcionan como migrantes.

Todos los seres humanos tenemos derechos, pero en algunas ocasiones estos se violan. Somos abusados por el estatus migratorio que tenemos. Sin embargo, quienes tienen un estatus migratorio en orden, también son discriminados a veces. Es una de las razones por la cual apoyamos a la comunidad migrante para salir todos adelante. A veces, por el estatus migratorio irregular, se cierran las oportunidades para conseguir un trabajo. Pero si tenemos una visión empresarial, se puede empezar algún emprendimiento.

Una de nuestras mayores motivaciones es darles un mejor estilo de vida a nuestros familiares que se quedaron en la tierrita. Que no pasen por las dificultades que nosotros hemos pasado. Una diferencia es que, si uno aquí se queda sin trabajo, puedes volver a empezar de nuevo, no importa si te quedaste sin nada, te puedes volver a levantar en menos tiempo.  

De las cosas negativas, estar lejos de los familiares. La nostalgia de no contar con un estatus migratorio, de no poder viajar a visitarlos en fechas como Navidad, Año Nuevo, o un cumpleaños, es muy difícil.  

¿Volverías a cruzar la frontera?

Reflexiona antes de responder: ¡No!, no lo volvería a hacer. Una de las cosas negativas de la gente que regresa a Guatemala con un estatus legalizado es que tratan de mostrar una situación que no es la realidad que uno vive acá. También tenemos necesidades, como pagar una renta, gasolina, teléfono, comida. Muchas veces la gente llega a presumir que gana cierta cantidad de dólares a la semana, quincena o mes, pero no le cuentan los gastos. Así como ganamos, así gastamos.

Una de las cosas positivas son las remesas familiares que enviamos al país. Son beneficiosas, pues ganarse US$100 dólares en Guatemala es difícil. Tampoco quiere decir que a nosotros nos sobren.  

¿Qué situación viven con el consulado de Guatemala en Los Ángeles?

En lo personal me han atendido bien, pero también está la cultura del guatemalteco que deja las cosas a última hora. La gente quiere que le resuelvan sus problemas inmediatamente, por ejemplo, el trámite de los pasaportes. El consulado nos provee un documento de identificación: la “cartilla consular” que toma de dos a tres semanas.  

Para tramitar un pasaporte se necesitan certificaciones de nacimiento actualizadas en Guatemala, lo cual es complejo para algunos. Otra situación es la atención y el acompañamiento a las personas que son detenidas, por ejemplo, los niños no acompañados, reciben escasa atención.  

¿Cómo se vive cuando no se tiene estatus migratorio?

Con temor. Uno corre la suerte cada día. Afortunadamente, en Los Ángeles desde el 2015 los migrantes podemos tramitar licencia de conducir, lo que nos da un poco de alivio. Uno de los temores es que al manejar un vehículo y no tener licencia, la policía lo detenga a uno. Antes los agentes eran más estrictos. Más allá de esto, cuando una autoridad local te detiene, no se tiene la preparación para conocer los diferentes uniformes e instituciones, pues el verdadero temor es que nos deporten.  

¿Qué mensaje darías a los jóvenes que persiguen el sueño americano?

El sueño americano lo tiene uno con sí mismo. Las aspiraciones se pueden alcanzar en su propio país, queda en uno adquirir las habilidades y destrezas para alcanzarlo. Si tuviera la oportunidad de regresar hace 11 años, no hubiera venido. Quizás la situación fuera diferente. Creo mucho en un slogan que utilizan las organizaciones que dice: “Educar para no migrar”. Si los jóvenes tienen la posibilidad de adquirir habilidades técnicas, de estudiar en un centro tecnológico y emprender su propio negocio, eso sería una buena herramienta. Los guatemaltecos deberíamos tener un espíritu más emprendedor.

¿Cuáles son las situaciones más difíciles que has experimentado?

La discriminación racial. Algunas autoridades, por el simple hecho de que parecés un hispano, te etiquetan como mexicano, independientemente del país de donde vengás. A veces en el tráfico las personas te gritan: ¡regrésate para México! Es muy difícil, porque todos tenemos derechos.

Hace un año, fui víctima de un ataque violento en un parque. Estábamos con los hijos de unos amigos. Fue una pelea entre hijos de afroamericanos e hispanos, niños de 8 y 9 años agrediéndose. La mamá de los hijos de mi amigo no hablaba inglés. Los afroamericanos se le dejaron ir y la atacaron violentamente. Por tratar de defenderla me reventaron el pómulo y por no tener seguro social o médico estuve sangrando desde las 7 de la noche hasta las 5 de la mañana del día siguiente.  

¿Cómo te ves en cinco años?

Con un estatus migratorio legal, quiero continuar ayudando a los migrantes, para que de una u otra forma también puedan legalizarse. Existen formas que no nos lo dicen, por ejemplo, muchas mujeres sufren violencia doméstica y pueden arreglar su estatus migratorio buscando protección bajo esta medida. También pueden buscar amparo al ser víctimas de crimen o amenazas de muerte y otras más.  

¿Qué servicio social prestas a la comunidad guatemalteca?

Comencé a participar en la comunidad migrante guatemalteca porque el trámite de mi licencia de conducir en California me tomó más de un año. La injusticia en el trato hacia los guatemaltecos me motivó a servir a la comunidad. Los asesoramos con la papelería, nos entrenamos en las relaciones con las autoridades policiales. Logramos que se hicieran en español. También tomé un curso con los bomberos en caso de emergencias.

Por otro lado, impartimos cursos de computación y de inglés gratuitos. Además, estamos interesados en entablar un convenio con el Ministerio de Educación para que los migrantes guatemaltecos puedan continuar la educación primaria, básica o diversificado en los Estados Unidos.

¿Qué te motiva a ayudar a los demás?

No quiero que a otros les pase lo que a mí me ha sucedido. No puedo ser indiferente ante el sufrimiento de ser migrante. Quiero hacerles ver las oportunidades que nadie me dijo, por eso formé la organización Alianza Guatemaltecos Unidos donde les damos oportunidad a todos los que arriban a Estados Unidos. Primero de solidarizarnos con ellos y luego ver la posibilidad de ayudarlos. Aunque no todos piensan igual.