Lunes 16 DE Septiembre DE 2019
Domingo

Poca política para hacer Estado

Fecha de publicación: 10-03-19
Por: Mario Yon Secaida/ Sociedad de Plumas

La política es oficio de tiempo completo, es un trabajo que requiere concentración y dedicación. Políticos profesionales y habilidosos –bien controlados– son necesarios para hacer buen gobierno, para hacer Estado. Esto implica que el tiempo y energía limitadas de esas personas debería estar centrada principalmente en asuntos de Estado y en hacer carrera dentro de sus instituciones. Difícilmente sucede en Guatemala.

Los políticos parecen invertir buena parte de sus recursos en temas ajenos al Estado. En primer lugar están los partidos políticos. En cualquier lugar se comienza una carrera política dentro de un partido, es donde se aprende el oficio y se maduran las metas de la carrera. Lastimosamente –con algunas excepciones históricas– no hemos contado con organizaciones estables en el tiempo o muy democráticas a lo interno. Los futuros políticos dedican buena parte de su tiempo y energía en sobrevivir dentro de la institución o en estar alertas de la estabilidad de su partido. No lo hacen en planear en el tiempo, en formarse o en pensar en cuestiones técnicas del Estado (o en tener quién lo haga).

El actual sistema electoral también diluye el tiempo y energía de los políticos ya electos, especialmente de los diputados. En el actual sistema de listas cerradas para elegir diputados el orden en que son postulados los candidatos dentro del listado determina, en buena parte, si son electos para el Congreso o no, no existe un voto directo para elegir diputados. El orden de este listado –entre otras cosas– es normalmente controlado por la elite del partido, el incentivo del político es hacer mucha política en favor de esta élite y no en favor de los ciudadanos de su distrito.  

Cambios que signifiquen mayor estabilidad de los partidos políticos en el tiempo y más democracia interna fortalecerían la posibilidad de hacer carrera dentro de un partido. Asimismo, una reforma en la forma de elegir diputados y la creación de distritos electorales más pequeños modificarían parte de los incentivos de la política legislativa.

Es importante mencionar que no toda política estatal se hace en partidos políticos o puestos de elección popular. También existen instituciones especializadas y autónomas que influyen en nuestra vida y toman importantes decisiones de Estado. Estas instituciones necesitan de carreras burocráticas bien definidas –ingresos, ascensos, despidos y procesos estandarizados–, no solo para servir bien a los ciudadanos sino también como un blindaje de influencias políticas. Un buen ejemplo de esto es el Banco de Guatemala.

Muy dañino es para un trabajador del Estado –y en consecuencia el sistema– que su puesto dependa de decisiones políticas poco fundamentadas. Desgraciadamente la mayoría de las instituciones de esta naturaleza no tiene una carrera civil fuerte y son víctimas de intereses políticos. Las carreras profesionales de los futuros directores de hospitales, escuelas, museos, puertos e importantes administradores dependen de intereses ajenos a sus instituciones. Dedicarán su tiempo y energía en hacer política con sindicatos y políticos para no perder su trabajo o ascender, no en planear en favor de su institución, capacitarse o ejecutar políticas públicas. Es importante un cambio en la administración pública del país.

Por último, es importante un sistema judicial eficiente y reglas claras. Esto no solo para desincentivar prácticas nocivas para el Estado sino para evitar la judicialización innecesaria de procesos políticos. Por ejemplo, en el actual proceso electoral la mayoría de candidatos debería estar invirtiendo su tiempo en hacer campaña política y con su partido político diseñando planes de gobierno, no gastar recursos en asegurarse de ser inscritos.

Hacer Estado es hacer política, pero no toda política es para hacer Estado. Es importante cambiar los incentivos –entre otras cosas– para que nuestros actuales y futuros políticos dediquen más tiempo y recursos en la consolidación institucional y la ejecución de políticas públicas, para que hagan Estado.

Si no hacemos algo los jóvenes entusiastas que hoy quieren cambiar el país no lograrán los grandes avances que necesitamos. Las amargas lecciones e importantes éxitos de decenas de generaciones de guatemaltecos que han dedicado su vida a la política no deberían ser en vano. Una de estas lecciones es que la política y la administración pública deben ser profesionales y dirigida a asuntos de Estado y de bien público. No solo en sobrevivir políticamente o ser relevantes en medios de comunicación y redes sociales.


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