Sábado 20 DE Julio DE 2019
Domingo

Los verdaderos asesinos

Fecha de publicación: 17-02-19
Por: César A. García E.

La semana recién terminada, sumaría otros setenta muertos en nuestras calles. Mucha gente honrada fue despojada de su celular, entre el tráfico, el bus o caminando; desde las cárceles siguieron saliendo cientos de llamadas de extorsión, porque las compañías telefónicas aseguran –lo que no es creíble– “no pueden” bloquear la señal, pero si vender –a granel– teléfonos para el delincuente que los necesite. Una muchacha dedicada a la “Lucha Libre” fue asesinada a tiros, después de haber entregado su móvil… aparatos que, si no se pudieran reusar, no habría ladrones y asesinos asediando a los honrados. Finalmente me enteré de que una estudiante fue violada en un parqueo universitario, mientras decenas de radios de automóvil, baterías y otras piezas, son sustraídas, en parqueos privados pagados que –como los de los restaurantes– “no se hacen responsables” de nada, pero son muy eficientes, para cobrar la media hora “o fracción” a como les dé la gana.

Unos ciento sesenta mil niños perdieron su cerebro en 2018 (haga usted la cuenta considerando que nacen más o menos el doble que esa cifra cada año y la mitad son desnutridos crónicos). Al llegar a sus cuatro añitos, su cerebro prácticamente deja de “formarse” y su oportunidad de lograr la inteligencia normal –y mucho menos la brillantez– se ha ido… para siempre. Ocurriendo ello –permanentemente– con un millón de nuestros niños, menores de cinco años, podemos inferir que la mitad de nuestros adultos, son “descerebrados”, es decir “de poca inteligencia”. El término no tiene ninguna connotación peyorativa… es nuestra triste y criminal realidad; los gobiernos nefastos sucesivos han ignorado y escondido este crimen. Los “pensantes” ajenos al gobierno, simplemente no lo creen y piensan que la desnutrición se expresa –solamente– en el rostro de los niños del “Corredor Seco” que lucen macilentos o moribundos.

La desnutrición crónica, no es esa, ésta es… “invisible”; solamente se pondrá en evidencia, si Usted pone atención y pregunta, de lo contrario, aunque afecte a ¡Un millón! de nuestros niños es un monstruo “transparente” que devora el futuro de quienes debieran ser el futuro. ¿Cómo la puede notar? Bueno, es fácil; cuando viaje al occidente del país, pare en cualquier sitio: en el mirador de Atitlán, en alguno de los múltiples restaurantes de

Tecpán, en Panajachel o cualquiera de los otros –mucho más lindos– pueblecitos de la cuenca del lago. Vea a cualquier niño y resuelva calcular su edad; luego pregúntele –con la excusa de comprarle algo… que no le salga gratis el experimento– ¿Cuántos años tienes? Se sorprenderá de que aquel pequeñín al que le calculó cinco años tiene en realidad nueve o al que le calculó ocho, tiene realmente once años. No será –necesariamente– un niño cadavérico, estará –a lo mejor– lleno de vida y su amplia sonrisa –quizá con dientes “picados”– le agradecerá su compra… y usted habrá descubierto el rostro felizmente siniestro de la desnutrición crónica. La que menguó la talla, la que limitó el peso, la que restó infancia, la que degeneró el cerebro… la que vota cuando es adulta, tiene hijos prematuramente, genera esperanza en malditos impresentables y provoca caos sempiterno en nuestra patria… y tristeza profunda –en el alma– de nuestros risueños “pequeñitos” inducidos.

Esta mi “cantaleta” sobre la desnutrición crónica, la inicié en 2007, durante el gobierno de Berger, cuya esposa sí entendió la problemática e inició un camino sensato para atacarla… esfuerzo que avanzó poco y concluyó con la terminación de ese gobierno; en estos doce años, han pasado por la presidencia: Colom, Pérez y A-Morales. A ninguno de estos mequetrefes, le interesó –en lo más mínimo– el principal problema y mayor vergüenza de Guatemala que nos hace estar atrás de Haití en desnutrición crónica… pero todos prometieron atacar el problema, incluso repitieron a un sobrealimentado “comisionado” que llegó solo a traficar influencias y “pasar el agua”. Mientras ellos se hartaban, hasta saciarse, disfrutaban las mieles del poder –y perpetraban circos continuados victimizándose y haciendo parodias– perdieron su cerebro casi dos millones de niños guatemaltecos. La “esperanza”, la “mano dura” y el no ser “ni corrupto ni ladrón”… se tradujo en miseria y más miseria, porque se trató de un timo, de barata demagogia, como la que hoy vemos entre tanto impresentable que promete el oro y el moro.

Pero no es el único crimen –aunque sin duda el más importante– del que es víctima el país… desde la cosa pública corrupta y podrida. También le negaron el derecho a acceso a salud pública a cientos de miles de necesitados; dejaron morir a cientos de adultos mayores por la falta de insumos hospitalarios, permitieron que demasiada gente, muriera víctima de balas asesinas, tuviera que abandonar su casa o negocio, por temor a los mareros… o perdiera su trabajo, por la magra inversión que existe en el país… “gracias” a que somos un territorio de terror, desinformación y desesperanza.

Cientos de niñas –entre 10 y 17 años– quedan embarazadas, todos los años. Ello, aún y cuando los roñosos diputados, dispusieron que “es prohibido casarse ante de los 18 años”; es decir: 1- ser violadas si se vale, 2- tener hijos sin haber terminado de crecer también, 3- ser prostituidas tampoco es prohibido en esa ley. ¿Cuántos abusadores y violadores vemos procesados?, ¿No es extraño que no haya un hombre preso, por cada niña embarazada?, ¿Dónde está el mediático y patético PDH ante estas tragedias?, ¿Por qué nuestros impuestos solo sirven para que se enriquezcan gobernantes, mientras el pueblo perece? ¿Por qué para la prensa estos problemas carecen de importancia?, ¿Por qué muchos empresarios no ven el problema de los descerebrados, cuando le toca lidiar con esas deficiencias?, ¿Por qué aceptamos idiotas como candidatos?, ¿Cómo es posible que exministros del payaso tengan cobertura mediática, aun cuando acuden con una carreta de supermercado y un ridículo rótulo que dice “El pisto no alcanza”, como sugiriendo que de ser electos sí alcanzará?, ¿Por qué en la mayoría de los partidos políticos existen básicamente reciclados?, ¿Por qué permitimos que el Parlacen esté copado por amantes, hijos y padres de politiqueros que han mamado de la teta del Estado por décadas?, es más ¿Por qué existe el Parlacen?, ¿Por qué los “líderes” de opinión apoyan el voto, sabiendo que lo que faltan son opciones dignas o que los dados están cargados?

La respuesta a todas las preguntas es una sola… estamos alienados. La mitad de los chapines, con motivo de su subdesarrollo cerebral y cognitivo, la otra mitad, por voluntad propia… son ignorantes o al menos distraídos “voluntarios”, notando solamente lo que otros quieren que noten. La semana pasada me encontré con uno de ellos, en un ascensor. A manera de largo saludo me dijo: “¿Que tal vos, está alegre la cosa verdad…?, bueno si no está alegre, está entretenida, el otro año vamos a estar mejor” –terminó diciendo– Creo –le dije– que no será así, Guatemala ha llegado a su punto de no retorno; salió del ascensor llamándome “pesimista” y riéndose, igual que lo han hecho muchos de los “ciegos” que no quieren ver, ¿Cuál es la risa ante esta tragedia? ¿En qué nos convierte el optimismo irreflexivo, cuando lo esencial –la vida humana– carece de importancia? ¡Piénselo!