Lunes 14 DE Octubre DE 2019
Domingo

La nave de los locos

Fecha de publicación: 03-02-19
Por: Jaime Barrios Carrillo

“Cuando nací me pusieron dos lágrimas en los ojos para que pudiera ver el tamaño del dolor de mi gente”.
Humberto Ak’abal

Comenzando el siglo XVI el celebérrimo pintor flamenco Jerónimo Bosch, conocido más como El Bosco, pintó al óleo un cuadro donde se representa burlescamente el mundo que ha dado la vuelta y donde todo está al revés, especialmente las virtudes. El Bosco quiso retratar la corrupción regida por fuerzas que tenían en común un delirio codicioso, es decir una especie de locura nociva.

Las alegorías del Bosco no han perdido actualidad. Han pasado los siglos y aún encontramos sociedades donde las inmoralidades se institucionalizan, las corrupciones se vuelven normales y el ser humano se degrada y se convierte en un inescrupuloso glotón ávido de riquezas materiales y de  poder. Es el comportamiento dañino que el escritor modernista colombiano José María Vargas Vila consideraba como “la corrupción del alma que es más vergonzosa que la del cuerpo”. Muchos siglo antes, el senador o parlamentario romano Cicerón en su libro Cómo gobernar un país sintetizaba: “Servirse de un cargo público para enriquecimiento personal resulta no ya inmoral, sino criminal y abominable”.

Guatemala y sus “senadores” es uno de esos países. Tenemos un Congreso plagado de corruptos que además muestran lo que en buen castellano se llama “bajo entendimiento”. De ahí que en artículos pasados me haya permito calificar de incitatus guatemalteco a ese tipo de diputados que representan lo peor de una nuestra historia reciente: exmilitares gritones que con argumentos absurdos relinchan con ganas, abogados corrompidos sigilosos y políticos maniobreros sin ética. Todos muy equinos y compenetrados en un pacto de herraduras mentales. Todos unidos en ese Pacto de Corruptos que ha hecho mucho daño a la nación guatemalteca. La peor legislatura de las últimas décadas. Sin ideas, sin trabajo eficaz y en cambio en permanentes componendas para transar y hacer ilícitos, conseguir privilegiadas licitaciones para amigos y parientes, plazas fantasma, protección y blindaje de un Ejecutivo también corrupto e inepto y ante todo legislar maliciosamente para destruir las instituciones y la esencia la misma democracia. El supuesto legado se reduce a las cenizas de la malversación de la ley y al tráfico de influencias.

Las elecciones se acercan y los corruptos no tienen ni candidato ni partido ganador. Por eso el Pacto de Corruptos la emprende hoy contra el Tribunal Supremo Electoral y aunque hasta ahora sean sátiras de mal gusto del mismo Presidente de la República y de los diputados incitatus, deben ser tomadas en serio por la peligrosa coyuntura que vivimos. Una especie de golpe de Estado en cámara lenta que pretende destruir o neutralizar a las instituciones que no correspondan ni apoyen al Pacto de Corruptos o sean percibidas como adversarias desde una visión autoritaria que quiere eliminar la columna vertebral de la democracia, o sea el sistema de pesos y contra pesos en las decisiones políticas o meramente administrativas, siendo ahora el TSE, la  Procuraduría de los Derechos Humanos y la Corte de Constitucionalidad. Recordemos que han tenido al financiamiento electoral ilícito como una salida, lo que la CICIG en conjunto con el Tribunal Supremo Electoral trabajaron conjuntamente para impedirlo ya que y en palabras de Iván Velásquez: “el financiamiento electoral ilícito es el pecado capital del sistema corrupto”.

No es de ninguna manera positivo constatar que el país que dejará la actual legislatura será más pobre o tendrá más pobres, tendrá peores carreteras y una estructura vial calamitosa, un sistema educativo que va como el cangrejo dando pasos enormes para atrás y otro de salud que no solo deja mucho que desear desde todo punto de vista sino es un peligro para los ciudadanos y una vergüenza para Guatemala. Principalmente dejará una República afectada en sus instituciones con un déficit democrático lamentable.

Mas no es extraño el actuar orate de la nave del Congreso, la nave de los locos. Se trata de sectores ultraderechistas. Excoroneles, abogados turbios y líderes locales corruptos. El diálogo y el respeto no existe para ellos. Nunca existió esa posibilidad para esos sectores negadores del otro: los que combatieron las ideas con ejecuciones extrajudiciales. Los que solo saben usar la mentira, la distorsión informativa y la estigmatización del antagonista mediante campañas negras. Son los sectores oscuros de la historia reciente de Guatemala, enganchados a un poder deslegitimado por los hechos jurídicos que los señalan indudablemente como corruptos.

En la semana que termina falleció un poeta maya reconocido internacionalmente. Fue Humberto Ak’abal una cima literaria de Guatemala. Saco a colación su dramática muerte pues ilustra el sistema de ineficacia y corrupción que tenemos. Su muerte duele e indigna. Intervenido en el Hospital Nacional de Totonicapán tuvo “complicaciones” y ahí no se cuenta con una unidad de cuidados intensivos por lo que obligaron a transportarlo penosamente a la capital donde falleció en la emergencia del Hospital Nacional San Juan de Dios. Me dicen que hubo problemas logísticos, que la ambulancia no llegaba, que todo fue una cadena de infortunios y retrasos. También que la familia ha tenido que pedir una colecta para el sepelio. Humberto murió no solo pobre sino como los pobres. Gran diferencia con los políticos corruptos sentenciados o en proceso que por cualquier cosa son trasladados de inmediato a hospitales privados o al militar. Recuerdo que la señora Baldetti cuando le tiraron harina en el Teatro Nacional fingió toda clase dolencias y se internó en un carísimo hospital privado, no en uno nacional.

Humberto Ak’abal nos deja su poesía que es una obra de protesta contra la injusticia, la exclusión y el racismo. ¿Podrá la poesía cambiar el mundo? Sería muy interesante darle una antología de poesía a todos los diputados y a los secretarios generales de los partidos. Partiendo de que hay un deseo generalizado de que las cosas cambien. Que Guatemala sea otra en el 2019. Que la realidad sea otra.

Pero políticos y poesía pertenecen a esferas contrarias, frecuentemente antagónicas. La poesía se basa en la imaginación que siempre es libre, mientras el poder mal usado utiliza el control y la manipulación autoritaria. De ahí que sería una exigencia constructiva que los políticos aprendieran un poco de poesía. Para que se humanizaran y se compenetraran en algo con la imaginación. Ya lo afirmaba la juventud rebelde de la Francia del 68: “La imaginación al poder”. Aunque la vieja sentencia del poeta argentino Aldo Pellegrini no deja de ser lapidaria, sobre todo para ciertos políticos chapines, en especial los incitatus en el Congreso: “La poesía tiene una puerta herméticamente cerrada para los imbéciles”.

No cabe más que recurrir a una paráfrasis de las antiquísimas Catilinarias de Cicerón para hacerle una pregunta a los guatemaltecos sobre los diputados incitatus y antipoéticos: ¿Hasta cuándo esta locura seguirá riéndose de nosotros?

Terminemos aseverando positivamente que donde hay voluntad hay un camino, es decir las próximas elecciones pueden ser la vía para deshacerse de los incitatus diputados y sus ecuestres maniobras. Es menester el creer que es posible democratizar el país y exterminar la corrupción de los poderes paralelos que han cooptado el Estado. Vale la pena recordar entonces de nuevo a Facundo Cabral cuando dijo: “¡Pero no digas no puedo, ni en broma!”.