Lunes 15 DE Julio DE 2019
Domingo

¿Tiene lugar la paz en la opinión pública?

Fecha de publicación: 20-01-19
Por: Lesly Véliz / Sociedad de Plumas

Es muy esperanzador observar las sonrisas de quienes participan de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ). Los rostros de estos muchachos deben comprometernos a todos a trabajar con más ahínco porque todos los países brinden las condiciones necesarias para su sano desarrollo. Hemos estado equivocados al decir que son el futuro, pues muchos de ellos ya asumen roles protagónicos en distintos ámbitos sociales, y esto, es digno de admiración.

Me pareció una grata casualidad que la JMJ de este año tenga como lema “La buena política debe estar al servicio de la paz”. A Guatemala, en un año electoral y en el marco de una crisis, la frase le queda como anillo al dedo.

Hemos visto con mucha preocupación cómo nuestra coyuntura ha desatado guerras innecesarias. Una en el plano de las redes sociales, y otra, la que requiere más atención de nuestra parte, en las calles y entre diferentes sectores. Y esta guerra no es entre corruptos y no corruptos, como muchos han querido llamarla, sino ha trascendido al plano ideológico y a los extremos donde se ha etiquetado como villano al otro, simplemente por pensar distinto.

No niego que existen personas que prefieren la oscuridad de la corrupción y la impunidad. Para ellos es necesario que se aplique el castigo que corresponde y se siente un precedente para que sus acciones no se repitan. A lo que me refiero es al discurso equivocado de que “si no estás conmigo, eres un corrupto”. Estoy convencida, a pesar de esto, de que si en algo estamos todos de acuerdo (al menos a los que nos interesa el bien de Guatemala) es en que la ley debe respetarse y eso implica que todos somos iguales ante la justicia. Con un consenso tan grande en un tema toral como este, deberíamos enfocar nuestros esfuerzos en promover iniciativas multisectoriales que brinden soluciones.

Porque es muy fácil salvar al mundo en redes sociales. El verdadero mérito está en no prejuzgar al otro y en tener la madurez para sentarse con él, aunque haya algunos desacuerdos. No podemos hablar (ni bien ni mal) de alguien o de algo que desconocemos. ¿Alguna vez nos hemos puesto a pensar que quizá la opinión pública puede equivocarse o que esta no se interpreta de la forma correcta?

Elisabeth Noelle-Neumann escribió un artículo para la Universidad de Navarra, España, en el que comenta que Jean Jacques Rousseau es el primer autor que analiza detenidamente el concepto de opinión pública. Noelle-Neumann resalta que Rousseau escribió: “Estoy hablando… sobre todo, de la opinión pública, un factor que desconocen nuestros teóricos de la política, pero del que depende el éxito de todo lo demás”.

De acuerdo con la autora, esta cita de Rousseau da cuenta de cómo las personas, incluso aquellas “que se encuentran en mejor situación de juzgar, son incapaces de asimilar totalmente ese fenómeno ni la forma en que actúa”. Es decir, existen muchos vacíos en el plano de la comunicación humana, los cuales son aún más profundos en el universo de las redes sociales.

Quizá debemos conocer mejor antes de decir y permitir que no hable nuestra ideología, sino nuestra razón, alimentada por el conocimiento. Eso es, a mi criterio, construir la paz. Ya en el marco de esa paz, podemos vivir mejor la política, la cual, según el papa Francisco, no está reservada para los políticos. Considero que, en la medida en la que podamos fomentar la paz y la tolerancia, tendremos mejor capacidad para ejercer nuestras funciones ciudadanas. Entre ellas, se encuentra la participación político partidaria, que clama por figuras transparentes que realmente nos conduzcan a un cambio auténtico.

Me he propuesto ser más analítica y dedicar buena parte a escuchar los discursos de los candidatos. Si no es alguien que llame a la paz, pero sobre todo, que no la viva, no tendrá la capacidad de dirigir a una sociedad lamentablemente polarizada en la que todos quieren tener la razón. Eso, por sí mismo, ya es un verdadero reto, pues nos hemos acostumbrado a que no hay debates de altura ni mensajes propositivos. Llama más la atención aquel que grita o lanza las consignas populares para ganarse la voluntad de esa opinión pública a la que cree conocer…


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