Viernes 26 DE Abril DE 2019
Domingo

Los Poderes en Guatemala

Fecha de publicación: 13-01-19
Por: César A. García E.

El fracaso de este desgobierno empezó el primer día del mandato de A-Morales. Para entonces estaba rodeado y debía obedecer directrices del poder real que lo sitió; su pecado original fue creer que, para ser presidente efectivo de un país, con serias precariedades, bastaba con su habilidad histriónica, rebuscados ademanes y comprarse finos trajes, mientras usaba ostentosos anteojos, cuyo valor –probablemente– superaba al del automóvil en el que se conducía, antes de ser electo. Como muchos otros “se mareó”. En pocas semanas, pasó de millonario a multimillonario, según él mismo lo declaró, antes y después de tomar posesión, pero más rápido que eso, sus ministros y allegados, obedecían otras agendas. El poder real que gobernó durante los primeros meses de A-Morales, lo hizo mutar de ser “pro-Cicig” a “anti-Cicig” y “Anti Embajada”… obviamente, no estudió historia y  nadie le contó que EE. UU. –el Supra Poder como yo le llamo– ha gobernado a distancia Guatemala, a partir de la promulgación de la doctrina Monroe en 1823 que decretó “América para los americanos” –en lo que a nosotros compete– “Guatemala para los EE. UU.”.

A-Morales se volvió enemigo instantáneo del exembajador Todd Robinson, demócrata de pura cepa que se había colgado las medallas, de haber derrocado –con el apoyo de CICIG a los nefastos Perezdetti. Este pintoresco embajador –que de diplomático tuvo poco– ya se había subido al pódium de Pérez, estando este en las postrimerías de su ejercicio y ahora actuaba como un Procónsul imperial, lo cual incomodaba al novel e improvisado presidente que –pese a esas características– había sido democráticamente electo y “comprado” una “idea falaz” que le musitaba –su rosca–  en sus prominentes orejas: “somos libres soberanos e independientes”… nada más alejado de la realidad. Los fantasmas de la guerra fría también fueron invocados por quienes rodearon a A-Morales y de pronto, se sintió ungido –por los dioses del olimpo– a lo cual contribuyeron inescrupulosos religiosos, siempre adheridos al poder, quienes oraron por el presidente e incluso le “profetizaron”. Seguramente ninguno de ellos –“por distraído”– le recordó la Regla de Oro, proclamada por Jesucristo, ni sobre cómo funcionaba la Ley de la Siembra y la Cosecha. Tampoco estaba enterado de la ley de “acción y reacción”.

El nuevo gobierno resistió, “en su ley” –haciendo nada– durante un año, A-Morales tuvo que afrontar la persecución de su hijo y hermano, así como la visita infausta a la Casa Presidencial de investigadores de la CICIG. ¿Era esto necesario? De ningún modo, pero Robinson quería demostrar quién mandaba y esa era su forma de hacerlo… para ello instrumentalizaba a la CICIG, que –trágicamente– generó un lío personal (Iván-Jimmy) que solo estorbaría los grandes logros hasta entonces alcanzados y celebrados por la mayoría de los guatemaltecos sensatos. La CICIG tuvo el mérito plausible de mostrar y demostrar –a quienes pecaron de ingenuos– las porquerías que muchos vimos y señalamos, desde muchos años antes. También desnudó, cómo se manejaban realmente, los hilos del poder…  y hasta entonces, todos le aplaudían, mientras los medrosos, con largas colas, le sobaban la leva.

Un año después de llegar al poder A-Morales vio en la elección de Trump… la luz al final del túnel; escuchaba de sus allegados, con la llegada de los Republicanos a la Casa Blanca… los “socialistas” Demócratas y los “comunistas” de la ONU, bajarían la intensidad de sus ataques y esfuerzo por “apoderarse” del poder, de forma abrupta. Para entonces ya los vividores de siempre, los fanáticos extremistas “de derecha” y los anacrónicos radicales “de izquierda”, cabildeaban en Washington… los primeros con congresistas republicanos y los segundos con demócratas. Localmente hacían lo mismo… manipulaban y desfiguraban a la CC y a la PDH, tomaban control del funesto Congreso y usaban –sin inmutarse– nuestros impuestos para una repugnante lucha ideológica que muchos “pensantes” comprarían sin chistar.

Para los politiqueros gringos, fue una ocasión “idónea” para protagonizar, influenciar y empujar su propia agenda. Los demócratas desgastarían a Trump lo más posible, mientras los republicanos, terminarían de desacreditar la penosa gestión económica de Obama. Guatemala era –nuevamente– un laboratorio o campo de batalla experimental, solo que los confrontados, esta vez no serían la URSS y EE. UU., sino  los políticos norteños que insisten –como nunca antes en la historia– en fracturar la democracia de esa gran nación y es esa titánica lucha, la que se expresa en los fanáticos criollos radicalizados que están perdidos en los setenta, en plena “guerra fría” y sirven de caja de resonancia, para que, quienes viven del conflicto, se harten de la confrontación interna.

La llegada de Trump fue algo inesperado para muchos, sobre todo para los demócratas, lo cual alteraría la agenda de la ONU, de forma significativa. En lo personal, escribí, antes de su triunfo –en este espacio– la columna Trump, el presidente que EE. UU. necesita, haciendo referencia, no a ideologías, sino a lo lento que marchaba la economía del Supra Poder y la falta de respeto del que este era objeto, por gran parte del mundo, incluida Venezuela. El estilo de este coherente líder –pues es menester reconocer que lo es– se hizo sentir enseguida y –casi de inmediato– la presión sobre A-Morales fue cediendo, aunque durante el acomodo republicano, tanto Robinson como la CICIG, apoyados por incondicionales como el impresentable PDH, la desdibujada CC y parte de la –mal llamada– “sociedad” civil, seguirían haciéndole la vida a cuadros… ello en beneficio, no del pueblo de Guatemala, ni de la prosperidad, sino por el simple hecho de ganar un pulso obtuso; al menos en la minúscula Guatemala, una victoria sobre A-Morales, sería un triunfo –de los demócratas– sobre Trump. Los asesores del presidente bananero detectaron una ventana de oportunidad y le hicieron congraciarse con el poder Republicano, trasladando la embajada de Guatemala a Jerusalén, lo que se hizo por interés más que por convicción, pero Trump, como hombre de negocios, no olvidaría “el favor” y trasladaría –por vías no oficiales– la “autorización” para que A-Morales arremetiera contra la CICIG, favoreciéndole con el cambio de embajador, enviando –a Arreaga– que si es un diplomático por los cuatro costados y además, guatemalteco de nacimiento.

El trato del Supra Poder, cambió –poco a poco– en forma y manera, dejando a A-Morales sentirse un poco más presidente, y este actuó con la “bendición” de Trump, en todos los actos sucesivos que verían como heroicos, muchos pensantes “derechistas” que aún hoy tienen pesadillas con Lenin y el Che Guevara. El necio y pernicioso Guterres, corresponsable del triste desenlace de CICIG que dejará –muy probablemente– exonerados de toda culpa a mafiosos de carrera, entendió el mensaje del principal aportante a la ONU y –entre amenazas y rabietas– ha tenido que bajar la testa ante un envalentonado Payaso que cree, se sostiene por sí mismo, pero sabe que su futuro próximo será tan sólido, como Mr. Trump lo permita.

Guatemala –el patético laboratorio experimental estadounidense– otrora inoculado con gonorrea y sífilis, luego usado de sangriento campo de batalla durante la guerra fría… hoy sigue dividido por el odio, entre hermanos. Los ratones –es decir sus cándidos habitantes– son sometidos a descargas eléctricas, por las ratas politiqueras locales que siguen directrices y buscan apoyos en tacuazines norteños. ¿Soberanía? ¡por favor hablar de ello en esta tierra, es propio de idiotas, o al menos de ignorantes! ¡Piénselo!

Etiquetas: