Martes 17 DE Septiembre DE 2019
Domingo

“Un enjambre entre dos culturas”: Ricardo Terga Cintrón de Berrios

Fecha de publicación: 06-01-19
Por: Ana Lucía González

La inserción alemana en Las Verapaces y la consecuente relación entre los ciudadanos alemanes y el pueblo q’eqchi’ ha sido motivo de investigación y análisis entre historiadores, sociólogos e incluso cineastas en Guatemala. A estos estudios se une el sacerdote Ricardo José Terga Cintrón quien recientemente publicó una segunda edición del libro Almas gemelas (1991) esta vez con fotografías históricas.

La investigación de Terga se sustenta en más de 300 entrevistas realizadas durante un periodo de dos años, entre las familias de origen alemán y las q’eqchi’s, contrastado con los escasos registros documentales que encontró. Con esta información fue formando diversos árboles genealógicos en la zona de Las Verapaces, con sus herederos –hijos reconocidos y otros que no lo fueron–. Una realidad que le ha permitido profundizar en lo vivido en este departamento desde los años 1860 y de la cual, al final, extrae objetivos claros: ver cómo el gobierno alemán puede ayudar a varios descendientes de alemanes que necesitan ayuda. Gracias a esta publicación, afirma que algunos de ellos han logrado legitimar su apellido, arreglar sus papeles e irse a trabajar o estudiar a Alemania.

El sacerdote considera que su obra tiene un afán conciliatorio, de allí el título de su libro, pues a pesar de las desigualdades entre ambas culturas, también hubo aprendizajes positivos. “Luces y sombras dentro de este proceso de mestizaje”, afirma, como parte de lo que nos comparte en la siguiente conversación.

Ferrocarril Verapaz en 1895, los alemanes se interesaron en mejorar la infraestructura de la zona.

¿Cómo fue su incursión en la región de Las Verapaces?

– Trabajé en el municipio de Tactic durante 17 años, de población en su mayoría poqomchi’. Aprendí la lengua y escribí una historia sobre Tactic. Me di cuenta que la mayoría de la gente no tenía libros. Con ayuda de un muchacho, tradujimos los evangelios y otros libros bíblicos al poqomchi’. También trabajé en San Cristóbal Verapaz. Posteriormente me trasladaron a un barrio muy pobre, El Esfuerzo, en las afueras de Cobán donde estuve durante cuatro años. Carecían de agua potable, energía eléctrica, sin caminos, total, muy abandonado. Me percaté de ver a niñas muy bonitas, medio blancas, de cabello castaño, descalzas, que no hablaban español, solo q’eqchi’. Empecé a indagar y a darme cuenta de la presencia alemana en Alta Verapaz. Posteriormente, pensé cómo se podría ayudar a esta gente.  

¿Qué pasos ha dado al respecto?

– Formé un grupo de jóvenes con ancestros alemán y q’eqchi’ para concientizarlos de su herencia alemana y analizar la posibilidad de presentarse en la Embajada de dicho país y proponerles ayuda en infraestructura en Alta Verapaz, especialmente donde tuvieron mayor pujanza sus ancestros: Cobán, Carchá, El Polochic y Purulhá.

Los diplomáticos manifestaron estar interesados, el único problema es que querían ver documentos. Y ese es precisamente el problema, pues diría que un 95 por ciento de estos no reconocieron a sus hijos. Regresaron un poco aturdidos, pero continué con mis entrevistas. Supe después de una posible anuencia de los diplomáticos alemanes en estrechar lazos.

¿Cómo califica la presencia alemanes en Guatemala?

– Es una pregunta compleja, desde un punto de vista puede ser negativo. Aunque compraron sus títulos de propiedad de la tierra en forma oficial, cuando los nativos del lugar carecían de títulos. Muchos indígenas se quedaron, algunos, como colonos en las fincas donde habían nacido. Es difícil para la gente indígena esta realidad tan cambiante. Por otro lado, fue interesante pues los alemanes pusieron disciplina en el trabajo de la gente. Los trataron de una forma paternalista, pero no eran explotadores. Estaban muy preocupados por el bienestar físico de sus trabajadores.

¿Considera que sí hubo una integración?

– Por eso es el título del libro. A pesar de todas las circunstancias económicas, de la inmensa disparidad, hubo cierto enjambre entre las dos culturas. Resulta interesante que los alemanes comenzaron a admirar y enamorarse de la cultura q’eqchi’. Uno de ellos fue Erwin Paul Dieseldorff quien se interesó en la arqueología y otro fue Karl Theodor Sapper, estudioso de las lenguas mayenses.

En medio de la ventaja con la que llegaron a estas tierras, ¿su visión es positiva?

– Exactamente. Sé que mucha gente ha escuchado muchas cosas, con una visión muy negativa. Yo no lo hago. No niego el sistema paternalista, pero en el largo plazo, fue más positivo que negativo, en términos personales y de familia.

Varios aspectos psicológicos de los q’eqchi’s coinciden con la forma de ser de los alemanes. Los primeros son gente muy reservada, espiritual, aman la naturaleza. Y los alemanes, por general, también lo son. Ambos son gente trabajadora, honesta. Varios testimonios me confesaron que los alemanes prefirieron a las q’eqchi’s en lugar de ladinas.  

Identifica dos generaciones importantes de inmigrantes alemanes. ¿Cuáles son?

– En la primera ola migratoria, a partir de 1864, vino gente de clase media alta y alta como los Sarg, Sapper, Dieseldorff. Lograron títulos de propiedad con el gobierno liberal y estuvieron totalmente involucrados en su trabajo, no en la política.

La segunda emigración arriba a Guatemala después de la Primera Guerra Mundial. Esta fue una ola más política puesto que muchos eran alemanes empobrecidos que habían sufrido la humillación de la derrota bélica, venían sin trabajo. Eran jóvenes entusiasmados con la figura de Adolfo Hitler.

Previo a la Segunda Guerra, en 1936, el gobierno alemán envió un barco a Livingston, Izabal, para que los residentes en Guatemala votaran por la reunificación Austria-Alemania. Todos los que llegaron a votar fueron anotados en una lista por un espía inglés. Debido a la presión de los Estados Unidos, el gobierno de Guatemala, presidido por Jorge Ubico, confiscó sus bienes y propiedades y más tarde fueron deportados y repatriados a su país.

Los alemanes fueron prósperos, pero esto no redundó en un derrame económico para la gente del lugar. Según varios estudios, es uno de los departamentos con mayor pobreza en el país y de menor cobertura eléctrica.

– Es cierto, los alemanes pagaban muy poco, pero todos hacían lo mismo. 0.05 al día. Pero la gente estaba mejor alimentada, no estaba anémica, porque no querían una población enferma. Lo que observo ahora es gente no saludable.

Tal vez no enferma, pero tampoco educada.

– También es cierto. No hubo muchas escuelas, el lema fue el trabajo. Decían: “no podemos tener escuela porque van a saber más que nosotros”.  

¿Qué piensan los indígenas de esta relación?

– Depende de qué persona o generación. Por ejemplo, si este es estudiado, algunos son anti alemanes, pero la gente mayor con la que he hablado, de 70 años o más, lo ven positivo. Las opiniones son divergentes, es complejo abarcar todo, pero no es blanco o negro. La gente mayor, tanto indígenas como ladinos, lo ven como positivo porque hubo trabajo, comida y los pueblos avanzaron. Lo que no acepto es que hayan tenido tantos hijos sin legitimarlos. Por eso fue tan difícil recopilar datos. A pesar de ello, he hablado con cobaneros, que llevan apellidos alemanes. Aunque no fueron reconocidos, lograron legalizarlo.  

Después de esta larga investigación, ¿qué anécdota  le causó especial impresión?

– Las mujeres alemanas. Una de ellas me contaba que recién venida a Guatemala le tocaba entrar a la finca atravesando los bosques de Carchá a caballo. No dejaba de preguntarse: ¿qué estoy haciendo aquí? Son ejemplo de adaptabilidad y coraje, por eso las admiro.

Por otro lado, a pesar del paternalismo, los alemanes aprendieron a hablar el q’eqchi’, lo que les permitió integrarse a sus festividades, su gente y cultura. Esa primera generación de inmigrantes, por el contacto diario, lo aprendió incluso mejor que el español. Luego, los hijos de alemanes nacidos en Guatemala también aprendieron primero el q’eqchi’ antes que el español.

Otro fenómeno posterior fue cuando los alemanes de clase media lograron comprar sus fincas. La mayoría de ellos estaban unidos con mujeres q’eqchi’s. Entonces, trajeron a mujeres alemanas para casarse. Entonces, mientras la esposa alemana vivía en la casa patronal, a la mujer anterior le instalaban una tienda y se pasaba a otra casa más pequeña. Vivían en la finca y los hijos de ambas crecían en el mismo espacio.  

Ricardo Terga

Historiador y pertenece a la Congregación del Inmaculado Corazón de María. Vino a Guatemala en la década de 1970 y fue asignado como párroco en diferentes municipios de Alta Verapaz. A partir de entonces, ha publicado 20 libros, incluyendo traducciones de los evangelios y otros libros bíblicos al poqomchi’. Entre estos Caccoh: donde brota el mar pequeño, El valle bañado por el río de la Plata: un estudio etnohistórico de los pueblos del valle medio del Motagua, desde Morazán hasta Gualán (1982); Gramática pokonchi,
La mies es abundante (1988).