Lunes 18 DE Noviembre DE 2019
Domingo

La voluntad de destruír

Fecha de publicación: 30-12-18
Por: Jaime Barrios Carrillo

El año de 2018 será recordado en la historia de Guatemala como del retroceso en todos los niveles. El país retrocedió en la lucha contra la pobreza, más gente pobre y en extrema pobreza, desnutrición, mala salud y servicios deficientes para la misma, carreteras calamitosas, desempleo, violencia e inseguridad, migración forzada. Es decir, no solo aceleró el gobierno de Jimmy Morales la crisis con la torpe política de defender el aparato de corrupción incrustado en el Estado sino también su deplorable gestión ha aumentado los problemas nacionales y a nivel internacional aislado al país, poniendo en peligro posibilidad de créditos, inversiones y cooperación internacional.

Las causas si bien son históricas, y sin duda estructurales, por el sistema de producción gamonal y de distribución asimétrica, el factor político durante este año que terminamos contribuyó en gran medida a acelerar la descomposición y resquebrajamiento del tejido social y también a agudizar las contradicciones entre riqueza y pobreza. La pésima gobernanza constituye una causa directa en la debacle social, económica y cultural de Guatemala. El Ejecutivo, de la mano de un Legislativo también corrupto, son los responsables. Los avances en la lucha contra la corrupción logrados desde el 2015 se vieron fuertemente debilitados durante el 2018 debido a la lamentable lucha del ejecutivo contra la CICIG, es decir una riña podrida contra los que luchan contra la corrupción.

La crisis que ha hecho bambolear al país, creando dudas, polarizaciones ideológicas, difusión masiva de falsa información y mucha indignación tiene un responsable directo: Jimmy Morales. El presidente sigue siendo el principal operador de un aparato que actúa en la penumbra del anonimato, a veces se le denomina la Juntita, para defender el sistema de corrupción estructural y sellar la impunidad más infame.

Resulta grotesco, aunque explicable por las conexiones de FNC con PP y Lider, y las de Jimmy con Mariscal Zavala, que el propio presidente de Guatemala encabece una campaña para sacar a la CICIG, en lugar de conformar un gobierno que colaborara en la lucha frontal contra la corrupción. Muchos le advirtieron a Jimmy Morales que se apartara de esas estructuras ligadas a la criminalidad, que se rodeara de gente ética, que hiciera equipos competentes. Hoy no puede decirse más que él no escucha, porque la verdad es que siempre escucha, pero desde el lado de la Juntita al formar parte orgánica de la misma.

La falta de transparencia del presidente se unió a la inescrupulosa acción con patéticas formas de comunicación: retórica contradictoria e inconsecuente, acorde a la manera de pensar, sentir y actuar de las estructuras corruptas enquistadas en el Estado que ahora se quitan la máscara. Son tanto corruptos como ladrones.

Con gran descaro el vicepresidente Jafeth Cabrera en un acto de promoción de oficiales del Ejército, exaltó lo que llama el “legado del presidente Morales”. Es decir, la destrucción de la democracia. Porque Jimmy Morales a lo que se ha dedicado es precisamente a eso.

El diálogo no existe para la ultraderecha que Jimmy ahora representa y en la cual se atrinchera. Nunca existió esa posibilidad para esos sectores negadores del otro: los que combatieron las ideas con ejecuciones extrajudiciales. Los que solo saben usar la mentira, la distorsión desinformativa y la estigmatización mediante campañas negras. Una prueba inobjetable es haber ordenado al Procurador General de la Nación a denunciar ante tribunales a tres magistrados de la Corte de Constitucionalidad, los cuales Jimmy considera enemigos. Ahora el Pacto de Corruptos se salta las trancas, ignorando cínicamente cualquier mínima fachada cosmética. Un procurador, además, que ha sido defensor jurídico de narcos y aliado del defenestrado por corrupto general Otto Pérez Molina. Pero ante todo hay que resaltar que el procurador es el abogado del Estado, es decir de los tres poderes, y por tanto no puede ser utilizado para acusar a ninguno de los poderes, en este caso el Judicial. La Procuraduría no puede asumir el papel que le corresponde al Ministerio Público.

La maniobra tiene características de golpe de Estado o más bien de golpe al Estado, ya que estamos viendo como el Poder Ejecutivo ataca al Judicial e irrespeta la independencia de poderes, al mismo tiempo que se sitúa por encima de la ley negando la esencia judicial y constitucional de la Corte de Constitucionalidad. Todo en nombre de la cacareada soberanía y la falsa legalidad.

Con poses evangélicas de ungido de Dios, a veces vestido de militar, otras de bombero que no apaga fuegos, Jimmy Morales está dando pasos sombríos para reconstruir el aparato de corrupción y mantener el estado de impunidad. Volviendo al militarismo de la peor calaña está de nuevo levantando los métodos del autoritarismo mezclado con ardides de desinformación y mentiras, usando net centers y pagando carísimos cabildeos.

Lo más grave es el rompimiento de la institucionalidad: Jimmy se encamina a suprimir con ayuda del Pacto de Corruptos en el Congreso la independencia del Poder Judicial a la vez que intentan legislar maliciosamente, para poder despacharse a todos los que consideren adversarios o enemigos o se opongan a sus planes de restaurar el aparato de corrupción e impunidad. Es decir, atacan ahora a la misma Corte de Constitucionalidad, después vendrá el Procurador de Derechos Humanos y el Tribunal Supremo Electoral.

Cada vez se evidencia más que no se trata solamente de combatir y destruir a la CICIG sino hay una ambición más inescrupulosa: la restauración de un sistema de cooptación del Estado por medio de asegurar el poder político a toda costa. Se hace cada vez más evidente que los planes son quitar de en medio todos los contrapesos, eliminar toda oposición a sus designios corruptos. Restituir el reino de la impunidad destruyendo a la República, es decir a las instituciones.

Todo lo anterior indigna. Debe indignar Guatemala no puede ahora retroceder por los embates de la ultraderecha fascista en el poder. Nos estamos jugando el futuro de las futuras generaciones. Se arriesga la situación de millones de ciudadanos que no encuentran trabajo ni ven un horizonte posible para su situación de pobreza. En estas circunstancias la corrupción resulta abominable. El gobierno de Jimmy también.

Los desafíos guatemaltecos para el 2019 resultan grandes y complejos, con un gobierno que solo ha demostrado ineficiencia y una absoluta falta de voluntad para combatir la corrupción, haciendo en cambio todo lo contrario. No habrá democracia sobre la base de la corrupción estructural. Combatir la corrupción y disminuirla es una necesidad histórica para salir del subdesarrollo.