Martes 18 DE Junio DE 2019
Domingo

Nochebuena de América

Fecha de publicación: 23-12-18
Por: Jaime Barrios Carrillo

“Nochebuena de América. La granja, los árboles,
las nubes de rodillas”.

Miguel Ángel Asturias

¿Cómo compensar la nostalgia navideña con la fe en un futuro posible? Navidad es siempre una fiesta ambigua. Desde sus raíces más antiguas, cuando era la celebración al dios Júpiter entre los romanos de la antigüedad clásica. En Roma se intercambiaban regalos el 25 de diciembre y se comía y tomaba aparatosamente. Una fiesta pagana que el emperador Constantino en el siglo IV recicló en cristiana. Se consolidó la idea que nacía Jesús al mismo tiempo que se conservaron los regalos y las comilonas y francachelas. Con el tiempo la Navidad derivó hacia el consumismo. Una fiesta para mostrar el cariño y el amor a los seres más queridos y a los amigos con muestras materiales, es decir regalos.

Y hay mercado para todo, aunque no para todos. Un mercado en que se permite hasta vender el alma. El aguinaldo por su parte hace que la sociedad guatemalteca pueda tener un consumo extra de fin de año. El ahorro resulta impensable, el aguinaldo existe solo para gastarlo. O mal gastarlo. ¿Cómo pedirle a una sociedad deficitaria que ahorre? Se consume lo que se tiene y lo que no se tiene. Las deudas se pagarán después o no se pagan nunca, “¡Que Dios se lo pague!”, dice popularmente la gente.

El árbol del Obelisco será un referente obligado para los adultos del futuro, más que los nacimientos de Catedral y otros lugares tradicionales. Además, el símbolo cervecero ha suplantado a la estrella de David. El consumismo incluye una exacerbación de las bebidas alcohólicas, con sus trágicas consecuencias. La navidad chapina recuerda más a la fiesta pagana de Júpiter, cuando los antiguos romanos se dedicaban el 25 de diciembre a intercambiar regalos y a emborracharse “hasta ver a dios”.

Poco a poco las tradiciones locales en América Latina, que incluían misas de gallo, nacimientos y comidas criollas, fueron opacadas por la navidad de los Estados Unidos de América, “¡América para los americanos!”. Se trata de la navidad de Santa Clos, el buen gordo con su vestido rojo, su barba blanca y su trineo jalado por renos nórdicos donde lleva los regalos a los niños del mundo. El pavo comenzó a desplazar a los tamales, el whiskey al aguardiente, los chocolates a los dulces típicos. Y dentro de la gama de regalos, un cambio total del inventario. Disminuyeron en importancia el trompo, los cincos, las matracas y tomaron lugar los juguetes importados de baterías ahora a su vez desplazados por los juegos electrónicos.

¡Merry Christmas chapinas! Un banco organiza su “tradicional” desfile de Navidad con figuras de Disney. Y en una calle del centro histórico de la ciudad de Guatemala un hombre disfrazado rudimentariamente de Santa Clos y de facciones indígenas, que apenas esconden su postiza barba blanca, trata de vender algo. No muy lejos, en plena Plaza de la Constitución, se ha llegado a instalar una pista para patinar sobre hielo con una dimensión de 600 metros cuadrados. Símbolos culturales extranjeros borran no solo el sentido cristiano de las fiestas navideñas sino las tradiciones y costumbres locales. Nadie protesta por la desprestigiada soberanía. De pronto se oye desde un almacén una marimba que interpreta Jingle Bells y yo imagino güipiles con trineos tejidos y hasta renos en lugar de quetzales. Lo que nos está patinando es el coco debido al lavado del mismo.

La Navidad es trabajo ocasional para muchos y resulta diversión para otros. Unos en la pena y otros en la pepena. Miles de niños y jóvenes pueden “trabajar”, exponiéndose entre el tráfico. Las ventas del sector informal superan probablemente las del formal. Nadie sabe la cantidad de contrabando que se está vendiendo en las calles y las formas semi esclavas de trabajo impuestas a los vendedores ambulantes.

¿En qué país estamos? Una capa pegajosa de aculturación norteamericana se ha imantado y unido a la poderosa influencia mexicana. Dentro de las clases “altas” y un sector amplio de la arruinada, timorata y servil clase media urbana, la gente celebra el último jueves de noviembre el día de acción de gracias (thanksgivning) a la pura usanza norteamericana, con oración y pavo. Para no hablar del Halloween a finales de octubre. Incluso el antes discutiblemente criollo chirivisco y los mismos nacimientos han comenzado a ser substituidos por pinabetes importados y figuras de renos. Rudolph con su nariz roja le hace competencia a los beodos.

¿Existe alguna conexión entre el sueño americano de miles de migrantes empobrecidos y las navidades agringadas en Guatemala? La navidad remite persistentemente a una especie de utopía, de iniciación simbólica, aunque sea dentro de parámetros paganos. El sueño americano se está inculcando desde la cuna a los guatemaltecos. Santa Clos es parte de ese sueño para la infancia chapina. Lo bueno procede del norte, de un país con nieve y trineos, con abundancia, con la magia de la coca cola como reza la publicidad. Y la gente pobre quiere soñar, quiere imaginarse que es posible una vida mejor aún saliendo de su país en una aventura muy riesgosa.

La identidad nacional guatemalteca es porosa, fragmentada, llena de santa closes y de cadejos, de supercherías coloniales y de juegos electrónicos. Guatemala es contrastes y contradicciones, antagonismos, divisiones. Pero nuestro pasado siempre está presente, quiero decir las estructuras de la pobreza, la discriminación y exclusión, el racismo, la corrupción gubernamental, la violencia en sus formas excesivas, el infanticidio, el maltrato a las mujeres y el alcoholismo. Junto al falso nacionalismo, la hipócrita perorata de la soberanía y el reclamo innoble de que los que criticamos las acciones criminales de los políticos y la inmensa codicia de la élite somos unos malos guatemaltecos. “Hay que hablar bien de Guatemala” dicen, relamiéndose la boca con su larga lengua. Sin olvidar a los pastores evangélicos que trasiegan no solo con la fe sino con drogas, como lo hacen los presidenticos que no superando su papel de baratos comediantes recurren también a la Biblia para engatusar a un pueblo religioso y fanático.

Mas diciembre se traga la mente. Nos hace buscar raíces y reciclar memorias. Ojalá llevara por los caminos de la solidaridad.  Quiero creer que la Navidad va más allá de las fronteras, de la comilona y los regalos. Me parece más hermosa la leyenda bíblica de la estrella que hace dos mil años habría guiado a tres reyes sabios a postrarse ante un recién nacido, hijo de un carpintero, en un establo donde los pobres y los seres sencillos del mundo compartieron el pan y la esperanza.

Quiero también saludar la Nochebuena de los auténticos servidores del país, que nos son los políticos payasos y corruptos, sino aquellos que estarán de turno estos días. Desde sus puestos de trabajo como policías, bomberos, médicos y personal paramédico velarán por el resto de la población que celebrará la fiesta pagana. Estos servidores del país merecen toda nuestra consideración. No hay duda de la gran dimensión social de estas profesiones. Han elegido trabajos muchas veces riesgosos y además mal pagados, en comparación de los altos sueldos de congresistas y altos funcionarios del ejecutivo que han cooptado al Estado.

 



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