Domingo 24 DE Marzo DE 2019
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Centroamérica, el giro pentecostal

Fecha de publicación: 09-12-18
fotoarte Jorge de León > El periódico Por: Manolo Vela Castañeda manolo.vela@ibero.mx
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Centroamérica en el siglo XXI continuará siendo terreno fértil para el auge de una de las variedades del protestantismo: el pentecostalismo.

Si el 20 por ciento de la población de América Latina es protestante, en Centroamérica esta cifra se duplica, llegando al 40 por ciento. Por países: más del 40 por ciento de las poblaciones de Guatemala, Honduras y Nicaragua son protestantes; el 38 por ciento en El Salvador; y el 25 por ciento en Costa Rica. Y aún no conocemos cuál es el techo de crecimiento. Por ello, con estas tendencias, antes del 2030, dos terceras partes de la población de Centroamérica será protestante.

Pero más allá de los números, cada domingo, en las capitales de la región tiene lugar una de las movilizaciones más grandes que pueden verse, los miles de fieles que llenan las mega iglesias: Rosa de Sarón, en San José, Costa Rica, con capacidad para 3 mil personas; Ríos de Agua Viva, en Managua (3 mil); El Táber, en San Salvador (10 mil); el Ministerio La Cosecha, en San Pedro Sula (20 mil); la Casa de Dios, en Ciudad de Guatemala (12 mil). Y la capacidad de las iglesias hay que multiplicarla por el número de servicios religiosos dominicales, llegando, en varios casos, a alcanzar los 50 mil asistentes por día.  

Las mega iglesias son modernos complejos empresariales con inversiones en varios campos: educación (superior, universidades; y de formación general); comunicación (editoriales, radios, canales de televisión, producción musical y cinematográfica); y, servicios (restaurantes, librerías, transportes). Pero, además, estos modernos complejos empresariales tienen una orientación transnacional. Basados en los países de Centroamérica, donde tienen sucursales, o filiales, su orientación está enfocada en Estados Unidos, y América Latina, a través de un modelo de franquicias. La fe es ahora, en el siglo XXI, una industria más: la industria del consuelo espiritual.   

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Muy atrás, en el siglo XX, quedó la dicotomía, adentro de la Iglesia católica, entre conservadores y progresistas. Ahora, la Iglesia católica puede hacer frente común con ciertos temas que hacen parte del repertorio de las Iglesias pentecostales. ¿Cuál es esta agenda? la protección de la familia “natural” o “tradicional”, el rechazo al aborto, el rechazo del matrimonio entre personas del mismo sexo, la adopción homoparental, los derechos de las personas trans y la educación sexual en las escuelas, bajo el lema “con mis hijos no te metas”. Todo esto está codificado como un posicionamiento contra lo que ellos llaman “la ideología de género”. Esta agenda viene a ampliar la clásica teología de la prosperidad, y los discursos disciplinadores contra el abuso de drogas y el consumo de alcohol, que, durante años, constituyeron el núcleo duro de la teología protestante.

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El pentecostalismo tiene una forma militante de estar en la realidad. ¿A qué nos referimos aquí? A la posibilidad de encarrilar -con cierta facilidad, dada la disposición de recursos: liderazgo, membresía, canales de difusión, redes organizativas, capital, y confianza interpersonal- posiciones políticas a favor o en contra de temas, opciones de política pública, candidatos, y preferencias electorales.

Un ejemplo de esto son las pasadas elecciones en Costa Rica (febrero de 2018), en las que Fabricio Alvarado, el candidato del partido Restauración Nacional, se hizo con el 25 por ciento de los votos en la primera vuelta de las elecciones. El pastor evangélico conectó con la población con base en un discurso de odio contra la comunidad lésbico gay. Siete de cada 10 de sus votantes eran protestantes. Restauración Nacional era una fuerza política que en la anterior elección (2014) apenas alcanzó a tener los votos suficientes para ganar una curul. Finalmente perdió en segunda vuelta.

Nicaragua es otro caso donde es imposible entender al régimen de Daniel Ortega sin esa alianza con líderes de las iglesias protestantes. En la coalición que lidera el FSLN, Unida Nicaragua Triunfa, hay dos partidos políticos de orientación cristiana evangélica: CCN, Camino Cristiano Nicaragüense; y, PUC, Partido Unidad Cristiana.

En Guatemala el factor religioso fue también un movilizador de apoyo a favor del presidente Morales, quien, durante la campaña, se identifica como protestante. En una crónica de Claudia Palacios para Nómada, es posible leer cómo, los consorcios de medios de comunicación vinculados a las Iglesias protestantes continúan –hasta octubre de 2018- sirviendo a la Presidencia. [https://bit.ly/2QmbnAX]

En las Asambleas Legislativas de los países de Centroamérica estas expresiones religiosas vinculadas a los grupos protestantes han llegado conformar una especie de grupos parlamentarios, integrados por congresistas de diferentes partidos. Desde allí desarrollan una agenda legislativa: la Ley de libertad religiosa, en Costa Rica; o, la Ley a favor de la vida y la familia, en Guatemala.  

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El pentecostalismo es el resultado del desmantelamiento de otras formas organizativas: comunitarias o barriales, relacionadas con el compartir un espacio público común; religiosas, vinculadas a la Iglesia católica; gremiales, vinculadas a las organizaciones de trabajadores; o, políticas, relacionadas con los partidos. Ante el retraimiento de estas redes, lo que queda son sociedades locales necesitadas de una articulación que les brinde espacios de socialización, identidad, sentido, pero también, en medio de zonas altamente violentas, consuelo y protección.

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Este pentecostalismo renovado por esta nueva agenda está haciendo un eficiente trabajo de traducción de las viejas ideas conservadoras. Así, este pentecostalismo le está permitiendo a la extrema derecha penetrar eficientemente en diversos estratos sociales, devolviendo a su discurso el sentido de misión que –durante mucho tiempo- había perdido.

Pero no se asusten, como se dice, no es nada más de soplar y hacer botellas: también se necesita esa mezcla de buenos candidatos y pésimos adversarios, un escenario de desmantelamiento de las instituciones político partidarias, y un contexto favorable para la movilización de estas ideas. Sino, allí está el desastroso caso, en Guatemala, durante las elecciones de 2011, del pastor Harold Caballeros, que terminó su carrera política como comparsa del régimen corrupto de Otto Pérez Molina.    

 

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