Jueves 13 DE Diciembre DE 2018
Domingo

Trilogía de cinco partes

Fecha de publicación: 02-12-18
Por: Jaime Barrios Carrillo
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Desde hace unos años se confirma un dominio en el mercado del libro del finado novelista sueco Stieg Larsson con su globalmente avasalladora en ventas Trilogía del Milenio. Podríamos agregar el éxito de toda la tribu escandinava de novelas policiacas y thrillers con nombres como Henning Mankell, Arnaldur Indridason, Jo Nesbo, Karin Fossum, Anne Holt, Peter Hoeg, Camilla Lackberg o Lisa Maryland.

El principal aspecto ahora consiste en triunfar y la novela negra es el género del triunfo en esta época de la súper información pero no del conocimiento. Vivimos la cultura del espectáculo y la era de los productos desechables pues el ultracapitalismo es una criatura cuyo estómago (el mercado) es insaciable, siempre quiere más y más. Úselo y bótelo. Léalo y olvídelo y cómprese uno nuevo. No vamos a generalizar pero sí señalar que el mecanismo argumental que pone a funcionar a la mayoría de thrillers de hoy en día, es la lucha de un individuo o pocos, a lo sumo un grupo, contra enemigos clandestinos del sistema.

Los intocables de Eliot Ness luchaban abiertamente con los gánsteres. Sherlock Holmes tenía un empleo fijo en Scotland Yard. Philip Marlowe de Raymond Chandler era un detective privado que reflexionaba a veces irónicamente, sobre las condiciones de corrupción del sistema. Pero los nuevos héroes y antihéroes ya no tienen empleos fijos en la Policía, ni siquiera una misión específica, son personajes que la casualidad o el accidente lo obliga a una lucha contra “el mal”, contra lo oculto que amenaza al sistema. Esto vende y mucho.

El escritor sueco David Lagercrantz ha realizado una acrobacia literaria y de mercado al publicar la cuarta y quinta parte de la Trilogía del Milenio del fallecido Larsson. Lo que no te mata te hace más fuerte publicada en 2015 y el año pasado El hombre que buscaba su sombra, son las versiones de Lagercrantz lanzadas simultáneamente en 30 países con tirajes de millones de ejemplares.

Lagercrantz, nacido en Solna en 1962, pequeña comuna del Gran Estocolmo, había escrito antes un libro en colaboración, o más bien para el jugador sueco Zlatan, con el título de Yo soy Zlatan Ibrahimovic con abierto objetivo comercial basado en el renombre de la estrella sueca del futbol: 450 mil ejemplares vendidos el primer mes. ¿Quién duda ahora de una industria de la literatura? ¿Pero quiénes son “los obreros” de esa

industria?

Se esconden detrás una maquinaria de mercadotecnia efectiva y global. Un ciclo de producción, distribución, venta, consumo y reinversión, si se realizan nuevas ediciones. ¿Cuál será el límite de Lagercrantz? El estilo y la calidad poco importa. Como en verdad importaban poco los del mismo Larsson. Mario Vargas Llosa alabó, a regañadientes, a la Trilogía en una reseña en la que señalaba:

“La novela no está bien escrita (o acaso en la traducción el abuso de jerga madrileña en boca de los personajes suecos suena algo falsa) y su estructura es con frecuencia defectuosa, pero no importa nada, porque el vigor persuasivo de su argumento es tan poderoso y sus personajes tan nítidos, inesperados y hechiceros que el lector pasa por alto las deficiencias técnicas…”.

La crítica sueca Jenny Tunedal refrenda lo señalado por Vargas Llosa pero enfatizando en el aspecto social y la responsabilidad asumida por Larsson, en su vida y obra, ante los atropellos del poder y las exacerbaciones racistas y homofóbicas. Afirma Tunedal:

“A través de este permanente transcurrir, entre una mezcla de situaciones privadas y públicas, y a través de no limitar el descontento en las quejas de algún policía contrariado, clarifica Larsson de que todos somos parte de una totalidad. La sociedad se extiende por todas partes con sus estructuras de racismo, sexismo y homofobia y su codicia pos capitalista. No podemos decir que eso está lejos y fuera de nosotros y que no es parte nuestra. Larsson puntualiza que todos tenemos una responsabilidad”.

Una reseña de Winston Manrique Sabogal repite este aspecto consolador, resaltando la dimensión filantrópica del autor original. Afirma Manrique Sabogal refiriéndose al cuarto volumen de la Trilogía:

“Es, junto a Harry Potter, la serie de libros más exitosa de este siglo con tramas de denuncia sobre el racismo, las injusticias y corrupciones en diferentes órdenes de la política, el sector financiero y la sociedad, el maltrato a las mujeres, la defensa de los inmigrantes y el desenmascaramiento de la derecha y de los países del primer mundo”.

Los derechos de las obras de Stieg Larsson fueron motivo de conflicto entre Eva Gabrielsson, su compañera de vida, y Erland y Joakim, padre y hermano de Larsson respectivamente. Por motivos de legislación (no estaban formalmente casados) el padre y el hermano se quedaron con todo. Larsson nunca se casó con Eva Gabrielsson en virtud de mutuos principios en contra del matrimonio como institución.

Larsson nunca conoció el éxito literario. Se trata de un caso del triunfo en la posteridad, al menos triunfo en el mercado del libro. Larsson llevaba una vida muy agitada, fumaba prendiendo el siguiente cigarrillo con el que estaba a punto de acabar. Acumulaba cenizas y colillas en los ceniceros de su pequeño apartamento donde vivía con Eva y en las oficinas magras de la revista Exp donde trabajaba más de la cuenta. La revista trata temas de racismo y de migración. Larsson escribía sus propios textos en las pausas y en noches de continuos insomnios. La editorial sueca Norstedsts le compró la trilogía pero no alcanzó a publicarla sino hasta después de que el corazón de Larsson colapsara en un infarto múltiple que le segó la vida en las oficinas de la revista. Lo demás es conocido, el impacto editorial en Suecia, las traducciones a muchos idiomas, la venta global y la gran paradoja: el escritor socialista y feminista que ha vendido 80 millones de ejemplares.

Lagercrantz como un vampiro literario le ha dado vida a una continuación de la trilogía, ahora de cinco partes, y desarrolla nuevos personajes como Camila, la hermana gemela de Lisbeth Salander o un tal Frans Balder, experto obsesionado de la informática y las matemáticas. La trama retoma los ambientes y escenarios conocidos en los libros de Larsson: la mafia rusa, el crimen organizado, las intrigas palaciegas dentro de consorcios empresariales familiares y la vigilancia digital norteamericana (el síndrome del Big Brother). La inteligencia artificial está imbuida en la novela como tema de fondo.

Mientras exista la maquinaria comercial podrá seguir Lagercrantz y los lectores alimentarán con su demanda nuevas entregas, escritas por él o por quién sea. Ya el autor original no es lo central sino el producto, los personajes del fallecido Larsson que sobreviven.

Hace unos años en ocasión de una serie de unas conferencias en Guatemala, como parte de una cátedra externa a mi cargo en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales –Flacso–, un participante me preguntó en un intermedio sobre cómo era vivir en un país donde pasaban tantas cosas como Suecia. No supe de inmediato a qué se refería y le pregunté si era por la ingeniería social sueca o el Estado de bienestar o algo relacionado. Pero nada de esto. Mi interlocutor era un ferviente lector de la Trilogía del Milenio y estaba convencido de que lo leído en las novelas de Larsson era la realidad de Suecia y no producto de la imaginación del escritor. El realismo tiene límites pero a veces se le extraña en un mundo que vive globalmente más y más de su fantasía virtual.

David Lagercrantz navega con el ola expansiva de la obra de Larsson, convirtiéndose en una súper estrella del surfing de ventas de un mercado que ha respondido con hambruna a la cuarta y quinta parte, vendidas sincrónicamente en todo el mundo. Larsson dejó con vida a sus personajes (Mikael Blomkvist y Lisbeth Salander) y también un sentimiento de abstinencia. Sus lectores querían más. Quieren más. Y no les importa si es Larsson o David Lagercrantz el que les entrega una continuación de la serie. Nadie sabe para quién escribe. Todo lector es un traidor en potencia y muchos en el acto.

 

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