Miércoles 21 DE Agosto DE 2019
Domingo

El descubrimiento de una civilización perdida

Hace 175 años, se publicaba el libro Incidentes de viaje en Centroamérica, Chiapas y Yucatán, en el que dos exploradores dieron a conocer al mundo los misterios de la civilización maya. Fueron los primeros registros de las antiguas ciudades, imágenes que todavía cautivan miradas.

Fecha de publicación: 25-11-18
Por: Ana Lucía González agonzalez@elperiodico.com.gt

…La belleza de la escultura, la solemne quietud que se perturbaba únicamente por la trepa de los monos y el parloteo de los loros, la desolación de la ciudad, y el misterio sobre ella suspendido, todo producía un interés mayor, si fuera posible, que el que yo jamás sentí en medio de las ruinas del Antiguo Mundo…

Estas son parte de las descripciones de viaje del abogado y escritor estadounidense John Lloyd Stephens cuando en 1839 se internaba en la ciudad prehispánica de Copán, Honduras, después de varios días de recorrido en el corazón de la selva, guiado por sus arrieros. Lo acompañaba el arquitecto y dibujante inglés Frederic Catherwood, quien se encargó de hacer los primeros trazos de los monumentos y esculturas de la civilización maya que dieron la vuelta al mundo.

Entre 1839 a 1842, Stephens y Catherwood visitaron más de 40 ciudades mayas escondidas entres las montañas y selvas de Guatemala, Honduras, Belice y México. Recorrieron cerca de 3 mil millas en condiciones adversas.

El resultado de casi dos años de aventuras quedó plasmado en el libro Incidentes de viaje en Centroamérica, Chiapas y Yucatán, (dos tomos) publicados entre 1841 y 1843. Fueron los bestseller de la época, con más de 12 mil copias vendidas en cuatro meses. Si bien es cierto, otros exploradores habían recorrido algunos sitios anteriormente, para los expertos mayistas, el legado de Stephens y Catherwood es considerado pionero en su campo. En parte por la precisión de sus dibujos que combinaron una imagen de romanticismo, misterio y grandeza de un pasado glorioso y en abandono. Un legado que sigue vigente e inspirando a más especialistas a sumarse al estudio de esta magna civilización.

Primeros dibujos

Los primeros aportes e interés por develar los misterios de la civilización maya corresponden al cronista Francisco Antonio de Fuentes y Guzmán en 1690. El autor de Recordación Florida dibujó en forma muy básica la ciudad de Zaculeu, como lo documenta el arquitecto Óscar Quintana, quien hizo un estudio sobre el legado del inglés Catherwood.

No es sino hasta 50 años más tarde, cuando se realizaron expediciones a las ruinas mayas en forma oficial bajo las órdenes de los reyes de España, Carlos III y Carlos IV. La ciudad de Palenque fue el primer objetivo a explorar. En 1740 se registran unos dibujos muy primitivos del alcalde Joseph Calderón (1740); le siguieron los del arquitecto Antonio Bernasconi (1785), y posteriormente, las incursiones del capitán Antonio del Río y su dibujante Ricardo Armendáriz en 1787, refiere Roxanne Dávila en su estudio sobre Los primeros pasos de la arqueología maya.

El interés por desentrañar los orígenes y fechas de esta civilización, continuó con el explorador Frederick de Waldeck. En Palenque dibujó un tablero con cabezas de elefante que dieron lugar a difundir teorías fantásticas. Continuaron los aportes de Francisco Corroy y Juan Galindo, quien exploró Palenque, Quiriguá, Topoxté (Petén) y Copán entre 1831 y 1839, refieren los trabajos de Dávila y Quintana.

Catherwood y Stephens

En 1839, el presidente de Estados Unidos, Martin Van Buren le confió una misión diplomática en Centroamérica a Stephens. Para el explorador, fue un momento perfecto para satisfacer su pasión por la arqueología, quien se hizo acompañar por el arquitecto y artista Catherwood. En ese entonces, la llamada Provincias Unidas de Centroamérica, atravesaba una lucha armada entre las huestes de Rafael Carrera y Francisco Morazán, según la nota editorial de esta obra.

Stephens y Catherwood se habían conocido tres años antes. El dibujante inglés tenía una sólida formación en arquitectura y escultura clásicas. Había recorrido y dibujado las ciudades de Grecia, Italia, Egipto, Arabia, Petra. Por su parte, el abogado estadounidense tenía experiencia en crónicas de otras partes del viejo continente y Medio Oriente. La experiencia de ambos, uno en escribir amenos relatos de ciudades lejanas y el otro en dibujar misteriosas urbes en ruina, conformaron una dupla perfecta para divulgar al mundo sus aventuras.

Fueron dos viajes. El primero de 1839 a 1840, recorriendo Centroamérica, Chiapas y Yucatán a lomo de mula o en carretas. Además de recorrer sitios como Copán, Palenque, Quiriguá, Utatlán, Uxmal, describieron otras ciudades como Esquipulas, La Antigua Guatemala, Quetzaltenango y Escuintla. En el segundo viaje, de 1841 a 1842, los relatos se centran en Yucatán, México.

El equipo utilizado por Catherwood era una cámara lúcida, que le permitía tomar puntos de referencia para una rápida y correcta perspectiva; posteriormente usó el daguerrotipo, un aparato que antecedió a la cámara fotográfica, refiere Quintana.

“Los dibujos de Catherwood, bellos y precisos, asombran porque sin entender el concepto peculiar del arte maya, sus símbolos y jeroglíficos, reflejan con gran calidad artística el misterioso ambiente de los monumentos mayas perdidos en las selvas”, según describe un viejo catálogo de litografías. “El amor por la cultura maya se nota cuando se conocieron las condiciones en que realizaban estas obras, picoteado por los mosquitos, agobiado por el calor, casi sin alimentos e incluso sufriendo ataques de malaria que en varias ocasiones lo hicieron caer desmayado junto a su tabla de dibujo”, añade el mismo documento.

Importancia de su legado

Para los mayistas, la importancia de ambos exploradores reside en que dieron a conocer al mundo el misterio de esta civilización, documentaron monumentos en forma precisa y científica, además de que abrieron brecha e inspiración a futuros investigadores para que se adentraran en el estudio de los antiguos mayas.

En 1848, el gobernador de Petén, Modesto Méndez descubrió Tikal junto con su acompañante, Alfredo Tut. Le siguieron las visitas del inglés Alfred Maudslay, quien hace las primeras fotografías de este sitio en 1881. A partir de 1895, el austríaco Teobert Maler recorre parte de Guatemala y México donde también hace registros fotográficos de otros sitios. A partir del siglo XX, la dinámica de investigación cambió gracias al financiamiento de instituciones académicas estadounidenses.

Para el arqueólogo Francisco Estrada Belli, los dibujos y descripciones de estos lugares fabulosos jugaron un papel importante para despertar su interés por la arqueología maya. Recuerda con precisión la imagen de una escultura de Copán rodeada de selva tropical que lo dejó “totalmente fascinado” en su niñez.

“Documentaron obras arquitectónicas y escultóricas con un nivel de detalle y precisión que pocos han podido alcanzar desde entonces. De hecho, los dibujos de Catherwood son un registro invaluable de algunos elementos artísticos mayas que se han deteriorado o perdido del todo”, expone Estrada Belli.

Quintana por su parte, recuerda muy bien un viaje a México durante su adolescencia cuando gastó sus ahorros en unas litografías de Catherwood, las cuales fueron apreciadas antes de que surgiera su interés por estudiar la cultura maya.

Más de un siglo después, las obras del dibujante inglés gozan de un gran valor artístico. Se encuentran agotadas, al igual que el libro de viajes se considera una joya bibliográfica muy cotizada. Incluso, cuenta con seguidores recientes. En 1995, el argentino Leandro Katz y en el 2015, el mexicano José Mata, se dieron a la tarea de realizar un registro comparativo entre los monumentos dibujados con fotografías actuales, lo que ha permitido documentar el estado de deterioro de muchos sitios patrimoniales.

Vínculo entre pasado y presente

Nos sentamos sobre el borde de la muralla y procuramos en vano penetrar el misterio del cual estábamos rodeados ¿Quiénes fueron los que edificaron esta ciudad?… les preguntamos a los indios quiénes las hicieron, y su estúpida respuesta fue ¿quién sabe?.

Parte de la importancia de John Lloyd Stephens y Frederic Catherwood consistió en mostrar una civilización colapsada, lo que llevó a muchos a cuestionarse por qué habían desaparecido los mayas, explica el doctor en arqueología Ernesto Arredondo. “En medio de la confusión de ideas fantásticas marcadas por el New Age y el teosofismo, así como comparaciones entre antiguas civilizaciones, Stephens propuso que los pobladores actuales eran los descendientes de esa civilización, algo en lo que no todos estaban de acuerdo”, explica.

En su momento, el historiador Luis Luján Muñoz escribió en las notas introductorias a la edición de 1971 de Incidentes de viaje… que “los conceptos cronológicos y culturales sobre los mayas fueron razonables y lógicos, destruyendo las viejas ideas sobre si los autores de las impresionantes ciudades arqueológicas de Palenque, Quiriguá, Copán y otras eran fenicios, hebreos o, inclusive, seres míticos”, fueron parte de sus consideraciones encontradas.

Francisco Estrada Belli considera que establecer esa conexión entre el pasado y presente maya ha tomado mucho tiempo. “Si bien los relatos de Incidentes de viaje… contribuyeron a despertar el interés del mundo por la cultura maya, también crearon el mito de una civilización misteriosa e inusual, lo que contribuyó a que se les negara a las poblaciones indígenas el legado cultural de los antiguos arquitectos y sabios mayas”.