Jueves 25 DE Abril DE 2019
Domingo

¿Y la dignificación del contribuyente, para cuándo?

Fecha de publicación: 11-11-18
Por: César A. García E.

Es imposible ser optimista con el futuro del país; la putrefacción y el hedor, no se logran ignorar, aunque uno trate. Ello preocupa, o debe preocupar –al distraído– por el escenario espeluznante que Guatemala está construyendo, para nuestros hijos y nietos. Al hablar de “Guatemala” –que dice mucho y nada– hablo de los pensantes, quienes estamos obligados, no solamente a reflexionar, sino a: evaluar, corregir, enmendar y rescatar. Trágicamente esto no ocurre, porque la mayoría de los “pensantes” han tomado partido, por la ignominia, expresada en dos bandos de una absurda pelea que no soluciona nada, sino complica las cosas, hundiendo al país –cada día un poco más– en la miseria y la inmundicia.

Pero los pensantes –en su mayoría– no quieren verlo. Algunos siguen “mitificando” al presidente, pues lo distinguen, junto a diputados ominosos –inexplicablemente– como una especie de adalid de la “soberanía”; creen muchos amigos y conocidos que –en realidad– el gobierno rescató a Guatemala de los avernos. Del otro lado, de la absurda contienda, también algunos pensantes, queriendo defenestrar al abiertamente fallido y buscando “llevar agua a su molino”, en medio de la crisis que lacera y margina –con especial rigor– a los ya segregados y pobres. En ambos lados se habla, con un cinismo y fatuidad que repugnan, cosas tan absurdas como que: “se deben alcanzar grandes acuerdos” y “se debe pensar por quién se vota en las próximas elecciones”. Solo un memo, podría dar crédito a semejantes posturas ¿Acuerdos entre quienes? Sin duda entre los mismos pérfidos y grupos de poder que han sojuzgado el país desde siempre, solo que ahora, buscan hacerlo vestidos de dignos y con merolicos de la nueva generación.

¿Qué opciones hay para votar de forma razonable y constructiva? No veo ninguna e indudablemente la propuesta será el continuismo, ahora con una arista –de forma– más obvia y globalizada. Por una parte los que se consideran “demócratas” y como “tales” se oponen a los uniformes, a los valores conservadores, propugnando  por la ideología de género, la cual disfrazan de “inclusión”; por la otra los que se califican de “republicanos”, sintiendo que nuestro gobierno es una extensión del de Trump, reconociendo –en todo momento ambos– la sujeción al SupraPoder, aunque en una expresión bastante patética, donde los grandes “cerebros”, “analistas” y “formadores de opinión” debaten los conflictos al interno de EE. UU., sin que sus razones valgan, siquiera un voto en esa gran nación… pero así es el chapín “pensante”: malinchista, fanático y alharaco. Los bandos irresponsables encontrados, están felices o porque Iván regrese, o  porque Jimmy se quedó; allí llega su horizonte… apenas al borde de sus narices.

Los verdaderos problemas del país, se profundizan y agravan. La masa crítica de votantes está integrada por nuestros compatriotas descerebrados –entendiendo el término no con sentido peyorativo, sino como lo explica el diccionario “de poca inteligencia– son maleables y eso les encanta a los politiqueros. Ese grupo que sobradamente representa al 51 por ciento de la población, será instrumentalizado –como siempre– para hacer manifestaciones, bloqueos, provocar huelgas, realizar marchas… “al mejor postor”; también para gritar “Jimmy se queda” o “Iván regresa”. La inversión en su cerebro –siendo niños– siempre estuvo pendiente, pero transportarlos y darles un pollo en crema, con o sin e-Coli, resulta económico, sobre todo porque –indefectiblemente– como sucede con la transa, el amiguismo y la dilapidación del erario… corre a cuenta de –nosotros–  los contribuyentes.

Curiosamente, muchos –de los pocos contribuyentes– son “pensantes”; administran negocios, disponen sabiamente de sus salarios, educan a sus hijos lo mejor que pueden, buscan economías en sus gastos, exigen descuentos, pelean por cargos injustificados de diversos proveedores y algunos… hasta ahorran. Pero raramente les importa –un rábano– como los burócratas, sus jefes, desde el oscuro poder real y sus “socios” en la corrupción, manejen sus recursos. Tenemos una especie de contribuyente ideal para el corrupto; es permisiva, cobarde, pasiva y está dispuesta a seguir tributando y “cargando la procesión” de la indecencia e incompetencia, mientras pelea por Jimmy o por Iván. ¿Absurdo no? ¿Cómo puede esta gente educada, pensante, administradora rigurosa y honrada, no darse cuenta que el Estado no le devuelve nada a cambio de sus impuestos?, ¿Cómo no se percata esta gente que así como paga, tiene derecho –y moralmente deber– de exigir que los “servidores” públicos sean honrados y capaces?

Por doquier pululan las demandas por “dignificación”… todas a cargo de nuestros impuestos. Hay que “dignificar” al magisterio, empezando por el tramposo legendario Joviel que es intocable… nadie es capaz de arremeter contra él; ni el MP, ni la CICIG, ni Iván, ni los “paladines de la soberanía” encabezados por el mal presidente y su no menos inútil vicepresidente, quienes “negociaron” con él… igual que varios de sus antecesores; el tétrico “sindicalista” pinta de cuerpo entero a la burocracia parasitaria de este país, al tráfico de influencias, la corrupción y al asco.

También los médicos exigen “dignificación”, entendiéndose ésta en “aumento de salario”. Los empleados del Congreso también son “dignificados” cada año –en virtud de un pacto colectivo suscrito por mafiosos que permanecen impunes– todo a nuestras costillas. Pero ninguna de estas “dignificaciones” tienen que ver con que habrá: un Congreso transparente o mejor salud, seguridad, justicia o educación; se trata de un saqueo orquestado.

Ahora bien, si a usted –señor contribuyente– este año le  ha significado duras luchas o menor facturación; si usted contribuyente, se quedó sin empleo, después de décadas de tributar… pues ¡jódase! y mire qué hace, porque la dignificación del tributante, simplemente nunca llegará, salvo que Usted despierte… somos una especie de machos de carga, lerdos y abusados que jalamos una carreta llena  de burócratas nocivos, apátridas y compadres que –no solo se ríen de nosotros con sonoras carcajadas– sino gritan sin clemencia ¡Arre buey… pague impuestos y vaya a votar las próximas elecciones, para que sigamos pasándola bomba!

¡Piénselo!

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