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Domingo

La alfabetización en la encrucijada


La falta de continuidad en políticas educativas, dificulta reducir indicadores de analfabetismo en el país.

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Comienza a caer la tarde, en tanto cinco mujeres comparten una mesa común para repasar la lección del sentido de la vista. Se reúnen en un pequeño cuarto ubicado en el segundo piso de una vivienda en el municipio de Ciudad Vieja, Sacatepéquez. Son parte de los grupos de Post Alfabetización a cargo del Comité Nacional de Alfabetización (Conalfa), quienes se juntan tres veces a la semana para reforzar sus conocimientos en lectura y escritura. Están animadas pues se encuentran en la recta final para terminar el ciclo escolar en noviembre.

Todas son mamás, algunas de ellas sostienen a sus hijos en brazos mientras con la otra mano apuntan la tarea, pero están motivadas por aprender, básicamente por sus hijos, o por la esperanza de un mejor trabajo, de una vida mejor. “A veces no sé qué responderles cuando me preguntan algo”, dice María Juana López, madre de seis menores. Camila Gómez lleva a sus tres hijos, y al igual que todas, considera que educarse le permitiría aspirar a un empleo como dependienta de un supermercado en La Antigua Guatemala: “si uno quiere puede lograrlo”, afirma.

María Alejandra, en cambio, confiesa que todavía se confunde con las letras. “Falto bastante, pues mi marido no me cree que vengo a estudiar, por eso a veces traigo a mi nene para que no piense mal”, dice. “Aunque sea poco a poco, aprendo para poder leer las notas de mi hija, mi mamá me dice: estudiá porque es triste no saber leer ni escribir”, declara.

El grupo trabaja bajo la tutela de Heidy Hernández, maestra que presta su casa y, como afirman sus alumnas, además de enseñarles, se preocupa por irlas a buscar a sus hogares para que no abandonen las clases.

Al igual que este, funcionan un total de 13 grupos de alfabetización que se instruye en Ciudad Vieja, donde ya se perdió la cuenta de cuántas personas quedan por alfabetizar. “Entre 600 a 700”, estima Edwin Rocael Álvarez, coordinador municipal de Conalfa, entidad rectora del proceso de alfabetización en el país y la cual funciona gracias al apoyo de una red de unos 700 capacitadores en todo el país.

En Guatemala se estima que hay 1 millón 241 mil personas mayores de 15 años en adelante que no saben leer ni escribir, cifra que representa el 12.31 por ciento de la población. Un dato que se mantiene sin alterar desde el 2016, y que se calcula con base a las proyecciones del Censo de Población de 2002.

El pasado 8 de septiembre se celebró una vez más el Día Internacional de la Alfabetización, enfocado en el tema: Desarrollo de competencias. Aunque en Guatemala la celebración pasó sin mayores manifestaciones, fue una oportunidad para replantear una vez más los desafíos que se enfrentan a nivel nacional y revisar estrategias que quedaron “en pausa”: Una de estas, los “departamentos libres de analfabetismo”, un programa efectuado durante el gobierno del Partido Patriota, y en donde a decir de las autoridades de Conalfa, resulta esencial el apoyo político y financiero del Ejecutivo para reducir la brecha del analfabetismo en forma significativa y poder mejorar los indicadores básicos de desarrollo.

Esperanza Argueta Mejía, de 52 años, estudia en El Tejar, Chimaltenango. Una de sus metas es ser comadrona.

 

En el 2017 se inscribieron un total de 153 mil 587 personas. Fueran promovidas 126 mil 494, según datos de Conalfa.

Cifras y estrategias detenidas

Hace dos años que las cifras de alfabetización no se actualizan y las estrategias para avanzar en este proceso parecen estancadas. Esperan los resultados del recién terminado Censo Nacional de Población para verificar datos reales, aunque a decir del recién nombrado secretario ejecutivo de Conalfa, Otto Rubén Barrera, este fue un tema que no se abordó en forma profunda en la boleta censal. La sola pregunta: ¿sabe leer? y ¿sabe escribir?, conduce a una autodeclaración que fácilmente puede generar un sesgo en la respuesta: “así como a algunos les dará pena responder que no, otros dirán una respuesta negativa porque pensarán que así les van a dar ayuda”, explica.

Por otro lado, la estrategia de declarar municipios libres de analfabetismo dejó de ser un plan prioritario. Los esfuerzos de los más de 700 colaboradores continúan su curso, aunque todavía se mantienen muy atrasados los indicadores, respecto a otros países en la región. Las cifras de UNESCO en el 2015 posicionan a Guatemala entre las naciones con mayor retraso, solo igualado con El Salvador (12 por ciento) y superado por Brasil con un 14 por ciento.

“En su momento, fue interesante declarar municipios libres de analfabetismo, luego departamentos, una política de gobierno impulsada desde la Presidencia que tuvo mucha fuerza, pero se dejó”, indica Barrera. El primero y único que logró este título fue Zacapa, en el 2014. Después se descontinuó el plan, debido a la falta de apoyo político ocasionado por la crisis del gobierno.

Barrera, quien ha fungido como representante legal en Conalfa durante diez años, comenta que a las autoridades actuales se les planteó el impulso a los programas de alfabetización. “Se nos escuchó, pero no se le consideró prioritario, por lo que en este momento todavía están viendo qué estrategias pueden implementar”, afirma.

Resalta que el trabajo sigue, las metas también; sin embargo, hay dos limitaciones de largo alcance que hace falta modificar para lograr cambios notables. Por un lado, una ley caduca que ya no se adapta a las necesidades actuales. Por ejemplo, la conformación del Comité de Alfabetización, encargado de trazar las políticas y base para ejecutar los procesos. Este se integra por un total de 14 autoridades del sector público, privado y sindical, lo que ha provocado, en principio, complicaciones para conformar el quórum.

Por el otro lado, el aporte financiero que le corresponde, el uno por ciento del presupuesto del Ministerio de Educación, no se recibe en su totalidad desde hace varios años, factor que impide mejores logros en cobertura. Cita el monto asignado en el 2017 de Q248 millones, de los cuales solo se percibieron Q181 millones.

Las autoridades de Conalfa son conscientes que para continuar con este proceso de forma exitosa deben implementarse cambios en las políticas y su ejecución. Esto toma en cuenta aspectos como innovar con el uso de tecnologías, donde se experimenta con el uso de una aplicación en el móvil, y sobre todo, que el aprendizaje se vincule con una enseñanza útil en su vida cotidiana para reducir la deserción. “Hace falta relacionarlo con conocimientos relacionados a cuidados agrícolas y productividad”, señala el titular de Conalfa.

Alto en el camino

Floridalma Meza, ex viceministra de Educación y analista de la Asociación de Investigación y Estudios Sociales (Asíes) ofrece una postura crítica a la labor de Conalfa. Considera que los objetivos por los cuales se creó esta entidad ya se cumplieron y en este momento es necesario hacer un alto en el camino y replantearse si esta entidad debe continuar con el proceso de alfabetización en el país.

Refiere que cuando se creó la Ley de Alfabetización en 1986, Guatemala tenía un analfabetismo del 52 por ciento. La meta propuesta para el año 2000 era reducirlo a un 25 por ciento, pero esto no se logró, la cifra alcanzada fue de 31 por ciento. De tal manera que se pidió la ampliación del proyecto de Conalfa. “Se creó para resolver un problema urgente, no para un proceso permanente”, expone.

Meza considera que la meta para la cual se creó dicha entidad ya se cumplió. Ciertamente, se considera que un índice aceptable de logro de alfabetismo para un país es del cuatro por ciento, según la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). Sin embargo, recuerda que la ley demanda que la alfabetización se ejecute a través de Oenegés con personería jurídica, y Conalfa sea el gran coordinador a nivel nacional. Pero esto se fue perdiendo y la entidad se convirtió en el gran ejecutor, lo cual está en contra de la ley, añade.

“Esto provoca una cobertura muy pobre, procesos muy lentos y de poca calidad”, opina la experta, a lo cual agrega los altos niveles de deserción. “Hemos comprobado que en alfabetización la eficiencia es del 50 por ciento, aún en las mejores épocas. De diez inscritos se alfabetizan cinco”.

En suma, considera que este es un tema que en los últimos años sí se le ha puesto atención, lo cual es tangible a través del financiamiento. Reconoce que el abordaje es complejo, sin embargo, debe replantearse si esta labor debe delegarse a otras instituciones o que el ente rector vuelva a ser el Ministerio de Educación, quien a su vez debe procurar cumplir la cobertura del nivel primario.

Para Francisco Cabrera, consultor independiente, la alfabetización no ha sido una prioridad para los países latinoamericanos, salvo excepciones o momentos. Tampoco lo es para los funcionarios a cargo. Considera un error que los países estén preocupados por declarar territorios libres de analfabetismo. “Es una meta pobre e insuficiente, ya que lo que necesitamos es estar libres de las causas que generan el analfabetismo”, señala en un documento preparado por Conalfa.

Solidaridad de adultos

En la Escuela Rural de El Tejar, Chimaltenango, el grupo de alfabetización vespertino prepara una celebración conmemorando el mes de la Independencia patria. Elaboraron platillos típicos y un alumno amenizó con varias piezas de marimba. Es un grupo numeroso y solidario que comparte anhelos comunes. Las mujeres se apoyan unas a otras con sostener por momentos a los bebés de otras, mientras una de ellas apunta las tareas. Hay madres desde los 15 y 22 años hasta las que superan los 50 años. Usan teléfonos móviles pero confiesan que no saben usar un Smartphone. Las clases les han cambiado la vida, como es el caso de Rosisela Monterroso, quien dice que “ha vencido la timidez y aprendido manualidades, incluso a dibujar”.

El día que tienen clases se apresuran con sus tareas cotidianas. Ahora que ya saben escribir sus primeras letras, sueñan con que pueden ser comadronas o maestras. La editora Irene Piedrasanta lo sintetiza así: “son los épicos protagonistas que aprenden a leer y a escribir en la marginalidad de este país”.

«En su momento, fue interesante declarar municipios libres de analfabetismo, luego departamentos, una política de gobierno impulsada desde la Presidencia que tuvo mucha fuerza, pero se dejó”.
Otto Rubén Barrera, secretario ejecutivo de Conalfa.

«Los objetivos por los cuales se creó esta entidad ya se cumplieron y en este momento es necesario hacer un alto en el camino y replantearse si esta entidad debe continuar con el proceso de alfabetización en el país”.
Floridalma Meza, analista de Asíes.

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