Lunes 19 DE Noviembre DE 2018
Domingo

Una extraordinaria cultura del otro lado del mundo

Fecha de publicación: 23-09-18
fotoarte: Jorge de León > El periódico Por: Claudia María Galán - Sociedad de Plumas
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La noción de cultura comprende las creencias, los valores y cogniciones que reflejan las dimensiones afectivas, las costumbres y las prácticas sociales de una población.

En estos ámbitos están comprendidos el plano de las instituciones y los mecanismos de transmisión de la cultura, que permiten no solamente la reproducción de los modelos culturales de una generación a otra, sino también su cambio en el tiempo.

En ocasiones abrir la mente y sentidos hacia una nueva cultura permite cambiar la dimensión del mundo y hasta de nuestra propia sociedad.

Tras una mirada a la pujante isla asiática de tan solo 36 mil kilómetros cuadrados, se puede entender por qué Taiwán es la única economía en el mundo junto a Corea del Sur, que sirve como ejemplo de un país que sale del subdesarrollo. Esta economía atesora historia, cultura y transformación.

En las siguientes líneas me permitiré compartir algunas ideas personales de este exitoso modelo de desarrollo y el impacto de la cultura en su consolidación.

En 1949, Taiwán era un territorio pobre en recursos naturales y escasa población. Hoy en día es considerada una de las economías más ricas en Asia y el mundo, una economía exportadora de bienes de alto valor agregado, también reconocida como una de las democracias más consolidadas.

El modelo económico taiwanés combina tres elementos que han determinado su éxito. Primero, la educación como base de la sociedad. Segundo, un sistema de salud eficiente y tercero, la promoción de la innovación que le ha permitido consolidarse como una incubadora de talento en Asia.

Se estima que un 25 por ciento del crecimiento provino de la educación, un 35 por ciento de la flexibilidad del trabajo, un 25 por ciento de la transferencia tecnológica y el 15 por ciento restante de otros factores.

Desde 1976, se ha destinado cerca de un 60 por ciento del gasto público al desarrollo económico, la educación y la seguridad social. Por lo tanto, el pilar de la sociedad taiwanesa es la educación. Este es el motor del crecimiento de la economía taiwanesa.

Adentrarse en esta cultura es entender un valor fundamental en la sociedad: compartir. La población taiwanesa sabe disfrutar del buen comer y lo hace compartiendo con los suyos desde una mesa de alimentos giratoria.

Su alta densidad poblacional no impide una eficiente infraestructura desde un moderno y limpio metro, hasta un bus con acceso a Internet que moviliza a millones de personas, cientos de kilómetros sin que se vean colas o empujones.

Asimismo, esta sociedad converge en una misma historia y religión descrita en majestuosos templos budistas y taoístas.

La alta calidad de vida de que gozan los taiwaneses es el resultado de sus altos valores humanitarios. Es un pueblo educado, trabajador y disciplinado, que rige su sociedad en el valor de la generosidad. Ese trabajo arduo desde los años cincuenta, hoy es el responsable de una sociedad eficiente con un desarrollo tecnológico e industrial admirable.

Además de compartir como sociedad, los taiwaneses como buenos anfitriones, reciben a los turistas en un techo común para conocer su extraordinaria cultura del otro lado del mundo. Es así como el éxito de esta economía se debe a la alineación y el aprovechamiento de su cultura. Las instituciones, por su parte, se han ajustado a ella y hoy su cultura las sustenta y legitima.

Aunque las instituciones son entendidas como locus de poder que reproducen una cultura, también representan agentes de cambio social que posibilitan a los individuos abrirse a nuevas posibilidades de ciudadanía y nuevas formas de interacción.

Esta conversación entre cultura e instituciones debería escucharse en nuestra Guatemala. Sin embargo, ha sido reemplazada por un proceso de transformación errado que ha atrasado el aterrizaje en el desarrollo, siendo una meta lejana y difícil de alcanzar.

Las instituciones constituyen puentes entre los individuos y la cultura en tanto que son patrones normativos tejidos por las leyes.  El desafío para nuestros próximos gobernantes en Guatemala, es por tanto reencauzar la conversación entre la cultura y las instituciones, que permita apaciguar la creciente polarización dando paso a un proceso cultural y transformador.


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