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Domingo

La corrupción no tiene ideología


“Servirse de un cargo público para enriquecimiento personal resulta no ya inmoral, sino criminal y abominable”.
–Cicerón

Los extremos se juntan. Comencemos con los académicos orgánicos de la derecha neoliberal guatemalteca. Se distinguen por deslegitimar a la Comisión Internacional Contra la Impunidad (CICIG). Utilizan la cantaleta de que estas Comisión y su comisionado están ligados a la izquierda internacional. No sé dónde ubican a esa supuesta izquierda conspirativa mundial si no es en la mente misma de estos flamantes académicos.

Pero lo que más sorprende es la intención supuestamente bien intencionada de estos “pensadores” de pensamientos en las nubes, cuando se trata de Guatemala. Lo digo considerando sus perfiles y comportamientos dudosos: uno estuvo visitando al reo, entonces en vida, capitán Byron Lima, del cual hizo una apología estruendosa y falta de substancia que rayaba en lo ridículo. Lima como un ejemplo de superación en la cárcel. Lima como una víctima de la CICIG, lo que él mismo Lima afirmaba y como lo hace su posible asesino el llamado Taquero y distintos reos acusados o personas investigadas por la CICIG. Otro de estos académicos, de los más fervientes adoradores del “egoísmo racional”, presenta en una reciente columna a la CICIG como un producto del antiguo PGT, partido comunista. Este académico pomposo acusa a la CICIG de falsedades evidentes que por su sesgo infantil producen risa: la “ejecución extrajudicial del ex ministro de Finanzas Pavel Centeno”, sin tener en cuenta que este caso está cerrado y considerado por la justicia como evidente suicidio. Un tercero, jugando a objetividad, llama a que las dos partes se reconcilien, es decir el Gobierno y CICIG, falazmente razonando de que se trata de dos posturas extremas aunque llamando a la CICIG “corrupta”: los patos le tiran a las escopetas.

Todos al coincidir en un anticomunismo recalcitrante, concuerdan a su vez con grupos de abierta ultra derecha fascista, como la Fundación contra el terrorismo, Guatemala inmortal y la asociación de veteranos contrainsurgentes Avemilgua. Y todos hacen una defensa oficiosa del Ejército durante el conflicto armado interno, rechazando los juicios a militares y presentándolos como persecución de la izquierda que habría infiltrado los tribunales y se estaría así vengando de los militares. Además, apelan a un falso nacionalismo, levantando la bandera de la soberanía nacional para descalificar a la Comisión de la ONU y en especial a su comisionado Iván Velásquez.

Por último, los profesores neoliberales olvidan, o ignoran algo fundamental: el hecho histórico de que el Estado guatemalteco ha sido cooptado y profundamente infiltrado por las mafias. Un Estado basado en estructuras de corrupción, defendido ahora por la vieja política representada por nombres como Jimmy Morales, Linares Beltranena, Galdámez, Melgar Padilla, Alejos y otras hierbas, no puede nunca garantizar la seguridad y la justicia.

Por otro lado, tenemos a intelectuales y académicos de ultraizquierda que se consideran a sí mismos la izquierda inmaculada, la verdadera, la súper roja, mientras a las otras expresiones y sectores de grupos e intelectuales democráticos los consideran peyorativamente como izquierda lila y otras pamplinas por el estilo. La esencia del argumento es atacar a la CICIG o descalificarla para restarle apoyo popular e incluso cuestionar el movimiento ciudadano con la afirmación de que la actual crisis es un mero enfrentamiento inter oligárquico. Han llegado a afirmar, coincidiendo con ciertos ex comandantes guerrilleros que cuentan con el apoyo de Daniel Ortega, por una lado, y de Serrano por otro, que la CICIG es el brazo jurídico del imperialismo norteamericano. Si bien no apelan a la soberanía coinciden sin embargo plenamente con la ultra derecha. Ambos extremos ultras se oponen a la CICIG, aunque por razones diferentes. Los impolutos pretenden también la desmovilización, dando razones de ultra izquierda, pero coincidiendo en la práctica con la ultra derecha fascista.

Ambas, la ultra derecha fascista y la ultra izquierda academicista o impoluta, manifiestan animadversión a la sociedad civil, es decir a los grupos y organizaciones que actúan criticando a la corrupción y apoyando a la CICIG. Una coincidencia más resulta la obsesión que tienen los ultras de derecha o de izquierda, con el millonario y filántropo húngaro y judío George Soros, conocido opositor al neoliberalismo y al fundamentalismo del mercado. Soros es un propagador de lo que llama “sociedad abierta” dentro de un capitalismo controlado donde prive la libertad de expresión y el Estado de Derecho. En Guatemala los ultras fascistas y los académicos de la izquierda impoluta, ha creado el fantasma de Soros, estigmatizándolo y vulgarizando, sin datos duros ni análisis concretos de la realidad concreta. Soros y su Fundación es presentado como el que financia la sociedad civil, el que subvierte el orden a través de esta. Resulta pasmoso constatar cómo los extremos aquí también coinciden.

Las ultras tienen otra caracteristica en común: no creen en la democracia representativa y en el caso de los fascistas la adversan abiertamente metiendo en el mismo saco anticomunista a todos los sectores democráticos. Los neoliberales de ultraderecha por su parte hablan de la democracia como “dictadura de la mayoría” y abogan por un concepto aristocrático y difuso de república. Ambas orillas ultras, derecha o izquierda, no reconocen la necesidad de fortalecer el Estado de Derecho y legalidad dentro de una normativa transparente y democrática. Finalmente, ambas posiciones coinciden de una u otra manera en deslegitimar la lucha popular, o tratar de “orientarla”, en el fondo ambas pretenden que el movimiento ciudadano no se movilice.

En definitiva, la corrupción no tiene ideología. Sea de derecha o de izquierda, sea falsa conciencia o creencia, la corrupción es una fuerza destructiva, un proceso que abarca estructuras políticas e institucionales sin importar ninguna ideología. La corrupción drena las arcas del Estado y contribuyen a la permanencia y extensión de la pobreza y a la vez acumulación indebida de riqueza. La corrupción impide el desarrollo sostenible. La corrupción es profundamente antidemocrática.

El diálogo no existe para la ultraderecha que Jimmy representa y en la cual se atrinchera. Nunca existió esa posibilidad para esos sectores negadores del otro, los que combatieron las ideas con ejecuciones extrajudiciales, por el ejemplo los viles asesinatos de Manuel Colom Argueta, ‘Fito’ Mijangos y Alberto Fuentes Mohr. Los mismos fachos del pasado que solo saben usar la mentira, la distorsión desinformativa y la estigmatización del adversario mediante campañas negras. Son la parte más oscura de la historia reciente de Guatemala que ahora se enganchan a un poder deslegitimado por la protesta social y por los hechos jurídicos que los señalan como corruptos.

Esta lucha contra la corrupción no es de carácter ideológico. La maquinaria de los mafiosos está atacando a la CICIG que los desespera, los asusta y los hace montarse en el carro de guerra de los viejos contrainsurgentes anticomunistas que lo único que saben hacer, además de robar, es reprimir, desinformar o tergiversar con litigios maliciosos e interpretaciones jurídicas seudo formalistas que esconden el fondo de las cosas. Se trata de la alianza de los “coroneles y licenciados”, en palabras del recién fallecido antropólogo norteamericano Richard Adams, o el poder que ha crucificado históricamente a Guatemala.

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