Lunes 19 DE Noviembre DE 2018
Domingo

Bestias en la Tienda

Fecha de publicación: 23-09-18
fotoarte: Jorge de León > El periódico Por: César A. García E.
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Irrumpen en una tienda, pintoresca y muy variada, dos enormes animales, alegando en un idioma, del que nadie entiende nada. El desorden es tremendo, pasan botando a su paso –porque riñen y se empujan– a otros mansos visitantes, animales y habitantes que, al notar aquel desorden de bestias tan agresivas, simplemente se repliegan, se asustan y –entre evasivas– tienen de circo apetito, y es así, como cada uno… elige a su favorito.

Antes en aquella tienda, las cosas eran distintas; la gente cándida y buena, creía que solo el burro, pero el local –no el foráneo– podría ser mandamás… la verdad nunca fue así, pero la gente “creía” –y entre miseria e injusticia– hasta a Dios agradecía. Cada cuatro años un burro, de apariencia diferente, hizo gala y fue gerente de aquel comercio modesto… del que lucró –sin clemencia– el ladrón y el deshonesto. El burro siempre “mandó”, pero eran burros distintos… al que luego apareció. Fueron burros muy mediocres, blandengues, cínicos, sucios, burros que ofrecieron todo que mentían sin pudor, no supieron de decencias, ni valores, ni de honor. El último burro electo, no significó excepción, es patán, es insufrible, hace gala de “importancia”, es la viva encarnación, del dicho aquel lapidario “la ignorancia es atrevida”, y así lo ha demostrado, entre chascos y movidas.

Apenas hace tres años, un burro que hablaba inglés,y lucía fino traje, de barras y con estrellas… dijo ¡No más, a la cárcel! y soliviantó la tienda. Los habitantes tan mansos, se tornaron “exigentes” –o al menos así creyeron– y según ellos, entonces, llevaron hasta la cárcel, a la cruel mula y su burro que abusaban a placer, esgrimiendo como nadie, el cinismo y la opulencia, mientras era su quehacer: el latrocinio, el ultraje, la codicia y la indecencia.

Los relevantes actores de la tienda “La Olvidada”, celebraron a lo grande, la hazaña que era –muy obvio– se trataba solamente, de una nueva directriz del país del elefante que ahora mandaba el burro. Esa nación tan enorme, siempre ha sido diligente, en tener a la tiendita… alineada y obediente. Cedió su administración, a los burros indecentes, a los cuales dejó actuar… saquear, exprimir, robar, sustraer, dilapidar, hacer negocios y feria de todo lo que esa tienda, podía ofrecer y dar.

La tienda en sus anaqueles, más bien sucios y oxidados, ofrece de todo un poco: ingenuidades perpetuas, paisajes contaminados, gente cálida y pasiva, niños con cerebros chicos, con sus madres desnutridas. Ignorancia en mil empaques, arrogancia de ladrones, retorcimiento de leyes, disfraces en muchas tallas, telas, bordados… patrones. Políticos viejos y nuevos, ejerciendo antivalores: amoralidad perpetua, mentiras ya muy raídas, discursos para babosos… maldades entretejidas. Por oferta de la crisis –a manera de promoción– se vende desinformación; mentiras bien adornadas, verdades superficiales que compran –de mil amores– muchos torpes animales.

El experimento avanzaba, un diseño “novedoso” que propuso, a rajatabla –de la triste tienda el dueño– hablo del burro norteño. Pero todo fue cambiando, cuando reinó el elefante; un ostentoso y pedante, igual de amoral que el burro, indudablemente grande, aunque no menos obtuso. Mandó pronto mensajeros a calmar al club de fans, del burro que era “demócrata” y hasta entonces gerenteaba, sin disimular –siquiera– a la tienda “La Olvidada”. Las cosas cambiaron pronto, el camino antes trazado, del gobierno a la distancia, hincando al burro ya electo, parecía insostenible y éste se mostró insurrecto.

Surgía en aquella tienda –colmada de malvivencia, de las miserias más crueles, de rencores e indecencias– un burro ensimismado, bravucón y ambivalente… no por ello era decente, ni menos sabio o virtuoso; resultaba igual de cínico, necio, sumamente torpe… gesticulador odioso. Coqueteando al paquidermo, se volvió beligerante y arremetió, con su venia, contra el burro y seguidores… fomentando confusiones, división y sinsabores. La tienda se convirtió en un campo de batalla –¡Porras para el elefante, porras para el burro externo!… ambas bestias en conflicto lucen levitas vetustas, con barras y con estrellas.

El gordo y rubio elefante da señas, pero confusas, apoya al burro local, con un silencio pasmoso que genera confusión y provoca imprecisión. Mientras el burro demócrata que está hoy defenestrado, a través de congresistas que visten traje de burro, se opone al burro local, sin importar que su esencia sea del mismo animal. Muchos medios y “analistas”, pierden la objetividad –se decantan por el burro– en esta absurda pelea. Hacen odas al elefante, aunque a manera discreta, temerosa y alcahueta, quienes de forma expectante creen que su condición, será perpetua e intacta, si sostienen –en la silla– al chapín burro pedante.

En la tienda “La Olvidada”, todo es manipulación, nada es cierto, es todo un circo… es un mayúsculo show. Los problemas de la tienda se agravan y en todo caso, permanecen invariables, en la lucha por control, entre bestias indomables. El desorden, la jarana que ocupa al Supra Poder, sus odios y sus intrigas, su endeudamiento azaroso y las ansias de botar a su propio gobernante que hoy es el gran elefante… entró –con todo– a la tienda. No buscan recuperarla, no quieren reestablecerla; es berrinche de animales, es lucha por el poder que parirá más dolor y adentro –los viscerales– seguirán, con estupor… los golpes, la desconfianza, el rencor, desesperanza… y el repunte de la patria, será siempre una añoranza.

La “gran” corte de la tienda, “ha fijado su postura” … es confusión, ambivalencia, una completa locura. Votan “todos” por el burro y también el elefante, siendo su “resolución” que ambos están en lo cierto y nadie tiene razón. El necio procurador de los derechos humanos; un politiquero más, se mantiene muy ufano, es su momento de gloria, mientras se niega al deber, capitaliza su imagen, como gran oportunista… de mil actuares insanos.

Mientras el Supra Poder, sigue con su experimento, la economía decae, los habitantes incautos –y sin ningún raciocinio– siguen con sus aspavientos. Y movilizaciones, la descalificación, la anarquía, la indecencia, la frustración e impaciencia… no arreglan nada hasta hoy. Es un caro este experimento de la imperial sujeción, no ayuda en nada país, solo explota la ignorancia, la sinrazón y arrogancia. Igual que en guerra fría, el Ejército mataba, pero también la guerrilla ¿Guatemala que ganó? Solamente se atrasó; víctima de la codicia de los dos polos opuestos que exhibieron –inmorales– poderío y prepotencia. Ellos –entre esos entuertos– tan sangrientos y tan crueles, pusieron armas y balas… nosotros –lerdos e incautos– aportamos a los muertos. ¡Piénselo!

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