Domingo 9 DE Diciembre DE 2018
Domingo

El Poder del Lacayo

Fecha de publicación: 16-09-18
fotoarte: Jorge de León > El periódico Por: César A. García E.
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Ayer se conmemoró –quizá de la forma más sombría en la historia– los ciento noventa y siete años de “vida independiente”, sofisma que es la mayor expresión de conformismo chapín. Es evidente, no somos independientes y es triste haber desperdiciado –durante dos siglos– la oportunidad de autodeterminarnos. Lejos de avanzar, para convertirnos en una verdadera nación, hemos involucionado y foráneos han dispuesto siempre por nosotros; políticos extranjeros en busca de cámara y protagonismo, son los referentes de opinión, para problemas domésticos… ¡perdimos por completo el pudor y vendimos el futuro de nuestros hijos y nietos; en casa titiriteros y títeres de la peor calaña, siguen directrices, fabrican y retuercen leyes, “gobiernan” para proteger cochinos intereses. Oficialistas y “oposición” confabulan para tejer una chamarra de impunidad, donde quepan todos. Traigo a colación, el significado de nación, según la RAE: “Conjunto de personas de un mismo origen y que generalmente hablan un mismo idioma y tienen una tradición común”. Es obvio que la confrontación entre corruptos y supra corruptos nos fracciona y divide cada día más, apartándonos de lograr ser una nación y menos aún, una “independiente”.

Guatemala jamás ha sido independiente, lejos de ello, está próxima a ser más dependiente que nunca, lo cual nos convierte –paradójicamente– en una especie de ciudadanos sin nación; casi sin ningún derecho por hacer valer y desamparados por la ley… pero con muchísimas obligaciones, propias de las naciones fallidas: 1- Procurar nuestra propia previsión, jubilación y salud, 2- Vigilar y costear nuestra propia seguridad, 3- Pagar por todo lo que el Estado debiera devolvernos, fruto de nuestros tributos, pagados durante largos años de trabajo, 4- Reparar, callada la boca los daños a nuestros vehículos, por el estado desastroso de las carreteras, o arriesgar la vida en transporte público sitiado por la delincuencia impune. Pese a estas realidades –sentidas por muchos frustrados tributantes– es curioso notar, como justamente los contribuyentes honrados, se encuentran hoy divididos, no en pro o en contra de la patria, sino de facciones que buscan lograr

–incansablemente– lo que llamo “El Poder del Lacayo”, es decir, influenciar lo más que se pueda la voluntad del “amo y señor” (suprapoder) para que los favorezca y les conceda la administración del sangriento patio trasero o “Finca Guatemala”. Hablando de gestas independentistas mediocres y lacayos… que mejor ejemplo mencionar a quien puso el estándar de sirviente… el tristemente célebre Gabino Gaínza, esclavo del imperio mexicano, mientras fungía como gobernante de facto de la Guatemala “independiente”.

Guatemala tiene –al menos– cinco graves dependencias que debiera superar y no lo hará:

1.- Dependencia de la Ignorancia y la marginación: La mitad de los guatemaltecos son “de poca inteligencia”, con motivo de la desnutrición crónica que sufrieron en su primera infancia. Ello los hace maleables, vulnerables y sus decisiones, siempre estarán vinculadas a la desinformación mediática, manipuleo político y a seguir a fantoches oferentes de milagros y regalos que –desde el mar de la ignorancia– son la esperanza para salir de su propia desgracia.

2.- Dependencia de un sistema político viciado que privilegia la corrupción: Es obvio que el activismo político –a costillas del pueblo– ha lanzado a la palestra a los políticos más aciagos de la historia, o en su defecto la exposición mediática corrupta. Colom desde Fonapaz; Portillo desde el Congreso; los Perezdetti desde los Acuerdos de Paz y el Congreso, etcétera; actualmente la exfiscal, también capitaliza su trayectoria –a costa del erario– para intentar alcanzar el poder. En todos estos casos, como dirían las abuelitas “no hay amor sin interés”; el propósito ulterior de su gestión fue el poder.

3.- Dependencia de una agenda mediática circense: vea usted “la noticia”, además de la abundante y morbosa nota roja, el diferendo Jimmy-Iván, es lo “único importante”; ese tema atiborra noticieros, entrevistas y análisis ¿Raro no? Ni para el malogrado presidente, ni para los medios de comunicación y “analistas”, la ignorancia, la miseria, el continuismo y la sangre inocente, parecen tener importancia.

4.- Dependencia de la Embajada: Note usted a las dos facciones de “seudo patriotas” modernos… ambos grupos que claman por “soberanía” e “Institucionalidad”, buscan congraciarse con Washington; así que si EE. UU. va para un lado arrastra a Guatemala, si va para otro… también y si se encuentra en su propio lío interno, y un grupo poderoso intenta defenestrar a su propio presidente, pues Guatemala irá al despeñadero también ¿Y qué importa si es el patio de atrás?. La voluntad del Supra Poder es prioritaria para los titiriteros y politiqueros locales, Guatemala no lo es para los EE. UU.

5.- Dependencia de la ambivalencia: Para el guatemalteco –pensante– nada es bueno, ni malo, es cada vez más indefinido y su malinchismo natural, lo hace sumamente versátil. El pensante –y trágicamente el honrado– replica, sin percatarse, posiciones radicales de los más nefastos personajes de la política nacional o la prensa corrupta. No reflexiona, no le importa ser caja de resonancia de un putrefacto, solamente porque éste manifiesta una ideología acorde a la suya. ¿Y los valores qué?

La independencia genuina, implicaría discernir, evaluar, ponderar… buscar la verdad y tomar partido solo por ella. Al hacerlo, cualquier persona honrada y pensante, no podrá defender falsas ideologías y menos aún pelearse por la causa de gentuza impresentable y mafiosa, solo porque despotrica por un bando o por otro… deberá encarar la verdad, lo cual sin duda es mucho más difícil que acomodarse al “relato” de terceros y aplaudirlo. Pero confrontar la verdad involucra compromiso, beligerancia, valor y entereza… cualidades escasas en los subyugados guatemaltecos, muchos de los cuales, buscan ser lacayos con poder, o al menos, amigos de los lacayos ¿Triste no? ¡Piénselo!

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