Martes 25 DE Septiembre DE 2018
Domingo

Trump, sí… pero no

Fecha de publicación: 26-08-18
fotoarte: Jorge de León > elPeriódico Por: César A. García E.
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La presidencia de Trump no tiene parangón, atípicamente –a diferencia de la mayoría de sus antecesores– se dispuso a cumplir, casi desde el primer día de su mandato, con las promesas –controversiales– que lo llevaron a la presidencia, aunque muchos pronosticaron no lo haría, porque ello implicaba literalmente y coloquialmente hablando, meterse al callejón de los trancazos. Derivado de que su triunfo fue sorpresa para muchos (no para mí, publiqué en noviembre de la 2016 la columna “Se los dije Trump ganaría” https://elperiodico.com.gt/domingo/2016/11/20/se-los-dije-ganaria-trump/), es innegable que ha tenido que afrontar un ataque sistemático de los amigos de la corriente global que había sido impulsada, desde hace mucho, aunque con especial energía por Obama y tenía como grandes directrices las siguientes: 1- Falsa armonía y unidad mundial, 2- Ideología de género, empaquetando en la misma caja, la promoción del aborto y 3- Empuje de las ideas populistas, fincadas en un Estado benefactor deformado que fomentaba la holganza y fustigaba a quien producía de forma honrada, tesis que ha llevado a la quiebra a importantes países de Europa y provocó –en todo el occidente incluido EE. UU.– niveles de endeudamiento inmanejables, cuyas repercusiones veremos –lamentablemente– muy pronto, al presenciar el colapso del capitalismo, como lo conocemos.

El triunfo de Trump y el llevar a los hechos su discurso confortativo, puso al mundo bajo un nuevo escenario, en el cual podía esperarse más conflicto, porque pisaba grandes cayos: 1- Intereses de la enorme economía China, 2- El protagonismo del súper poderoso Putin y 3- La corriente antisemita global que había ido creciendo en las últimas décadas… también azuzada por el “premio Nobel de la paz” y presidente saliente de

EE. UU. En todo caso Trump –a diferencia de sus antecesores– pretendía recuperar la economía estadounidense, misma que gracias a su moneda –aún hegemónica pero de dudoso valor real– se mantiene a flote. El “buen” Obama que encantó al mundo y fue apoyado por una agenda mundial que pocos saben con precisión quién maneja, pasó a la historia rápidamente, porque este individuo había hecho retroceder a EE. UU., en muchos ámbitos, principalmente en el económico… y eso es lo “imperdonable” para el votante estadounidense. Es allí donde Trump ha tenido gran éxito; ahora ese gran país, no solo vindica –al menos temporalmente– su lugar en el mundo, como súper potencia, sino además su economía crece de forma vigorosa, lo que no se observaba, desde el gobierno de Bill Clinton.

No obstante, su éxito y el apoyo relativamente alto que tiene entre los republicanos (seguramente más del 80 por ciento y en cuanto al tema migratorio alrededor 90 por ciento) oscilando su aceptación general –dependiendo el medio de comunicación que la divulgue– entre un 35 y 43 por ciento, el Presidente estadounidense, sin duda más icónico de los últimos tiempos, está bajo asedio y sobran las voluntades, locales y extranjeras que buscan deponerlo. En efecto, sus problemas no solo se restringen a su distanciamiento con importantes cadenas noticiosas que privilegiaron –en todo momento y al margen de la ética– la candidatura de Hillary Clinton y se constituyeron en sus más agrios críticos; poco a poco, sus más cercanos colaboradores son rodeados y sometidos a la justicia. Además del escándalo con el que inauguró su mandato “la conexión rusa” que provocó la dimisión de relevantes miembros de su gobierno, en estos días Michael Cohen, abogado de muchos años del Presidente, es acusado de irregularidades en el proceso electoral y acepta voluntariamente los cargos; también su exjefe de campaña Paul Manafort, está vinculado a evasión fiscal, entre casi 20 cargos que se le imputan. El escenario para Trump luce complicado y muchos opinan que su suerte será parecida a la de Richard Nixon, aunque para llegar a eso, a lo interno de EE. UU., tendríamos que ver algo parecido a una guerra civil, lo cual sería indeseable, pero muy probable, porque el presidente Trump ha logrado levantar la autoestima nacional, honrando a sus votantes, a quienes –como es de esperarse en términos racionales– poco les importa, las animadversiones planetarias que su presidente despierte, menos aún, en mal llamadas “repúblicas” que son pobres y  marginales como la nuestra.

Como mencioné en otra columna de junio de 2016, titulada Donald el presidente que EE. UU. necesita, el voto de Trump fue por el “nacionalismo” que él promovió, este basado en su megalomanía, carisma y capacidad de ejecución, ampliamente comprobada durante su vida. En este entorno de preguerra en el que indudablemente está inmerso el mundo, el estilo “conciliador” no cabía, en virtud de sus contrapartes tan beligerantes como Putin y Jinping. EE. UU. deberá ahora privilegiar la geopolítica de Trump –antagónica a la globalización, acuerdos comerciales y género– o bien purgarlo y regresar a la senda marcada por Obama… el panorama es impredecible, pero ambas rutas, conducen al mismo destino, derivado del sobre endeudamiento de occidente: 1- Consensos mundiales, pre o posguerra, 2- Acuerdos religiosos y de paz, y 3- Moneda única mundial. Esa es el camino seguro que tomarán quienes disponen y mandan en el mundo.

En Guatemala, el arribo de Trump al poder generó desesperanza e ilusión… ambas cosas infundadas, tomando en cuenta el complicado entorno mundial. Para los afines a la línea Obama, se irguió la fatua amenaza de que el Presidente republicano, terminaría con las directrices demócratas, muchas de las cuales –sobre todo la gobernanza del irrelevante y sometido Triángulo Norte– constituyen ley consensuada con los republicanos. En el otro extremo, se pensó –sin razón– que Trump revocaría todo lo actuado, respecto a la región, porque era –por definición– “anticomunista”. Pero lo cierto del caso, es que pocas cosas cambiarían respecto a estas tierras del crimen y la ignorancia. El mono-mensaje, repetitivo, cargante y hasta necio de la administración Trump se resume en: no vengan ilegalmente a EE. UU. o los perseguiremos sin clemencia; lo cual implica una amenaza cierta a nuestra frágil estabilidad económica y magro crecimiento. Más allá de eso, no hay cambios y hasta en este aspecto, la mutación es solamente de discurso, pues Obama, mantiene el puesto del mayor “deportador” de chapines. Así las cosas, parece ser que debemos convencernos no hemos sido ni seremos –jamás– prioridad para el Supra Poder, de hecho, estamos solos y controlados a distancia, pero básicamente para los efectos que a la seguridad interna de EE. UU. compete. Con nuestros problemas de violencia, miseria, hambre e ignorancia, es mejor que empecemos a trabajar nosotros, porque Trump y sucesores, tendrán suficientes contrariedades que resolver, en la geopolítica que les importa, es decir, aquella que significa una amenaza para su hegemonía. ¡Piénselo!

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