Martes 25 DE Septiembre DE 2018
Domingo

NO más pasteleros

Fecha de publicación: 19-08-18
fotoarte: Jorge de León > El periódico Por: César A. García E.
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Debo aclarar que no me refiero al digno oficio de la repostería, sino a la actitud chapina tan triste, tan tradicional y azarosa que nos hunde en la cobardía y la pasividad… y a la patria, en la sempiterna desgracia proveniente de la miseria e impudor. El chapín -y tristemente el chapín pensante- es mayoritariamente “pastelero”, entendiéndose el término como ambivalente… o indefinido, porque -trágicamente- busca de forma reiterada, “quedar bien con Dios y con el diablo” … lo cual llanamente es imposible.

El chapín no se complace en escuchar la verdad… le gusta evadirla; su preferencia no es afrontar los problemas… sino soslayarlos y por lo tanto, alguien que hable y actúe de forma directa y frontal, es visto como “animal raro”, “inadaptado” o es políticamente calificado de “especial” y en consecuencia es segregado. Vea usted la falta de franqueza en las conversaciones triviales de gente “educada”: “a ver cuándo nos vemos” se dice uno al otro y no se han visto en diez años ni tienen la intención de verse; “llégate a la casa”, sin indicar en dónde queda; “Un abrazo a la señora”, cuyo nombre no recuerdan. Podríamos seguir con la lista de expresiones vacías que nos pintan -de cuerpo entero- como una sociedad “pensante” trágicamente hipócrita… la mayoría de los no pensantes, son -mientras tanto- tristemente pobres, poco ilustrados y sumamente maleables.

Al guatemalteco “pensante” -en su mayoría- paradójicamente, no le gusta pensar. Ello es una debilidad gravísima, porque el pensar implicaría juicio crítico, diagnóstico permanente, corrección del camino y previsión para el futuro. El viernes recibí -varias veces- una reflexión que se leía así: “Los que no estudian la historia, están condenados a repetirla. Y los que la estudian están condenados a ver cómo la historia se repite por culpa de los que no la estudian”. Interesante y cierto en mundos civilizados, pero no del todo aplicable para nuestro país, porque aquí, la mitad de la gente -en edad de estudio-  ha sido desnutrida crónica en su primera infancia y por ende, no tiene el software (cerebro) adecuado para recibir toda la información necesaria y menos aún acceso a la información indispensable (software), siendo los sistemas de salud -al que le tocaría resolver el trágico tema de la desnutrición crónica- y el de educación -al que le tocaría formar intelectualmente hablando a nuestros pequeños- dos fracasos monumentales y lamentablemente eternos.

Frente a la cuasi parálisis económica y a las inminentes elecciones que no proponen -hasta el sol de hoy- nada halagüeño, las recomendaciones -de los “expertos” de siempre que no han logrado resolver nada, siguen siendo las mismas. Que curiosa es nuestra Guatemala; espera -incansablemente- hacer lo mismo, cada cuatro años… para resolver los problemas vigentes desde siempre. Por supuesto, estos lejos de resolverse se agudizan. El otro día escuchaba a los mismos economistas y/o analistas, hablar de las mismas cosas, para que el país salga de la crisis… sus alocuciones, resumen el “recetario” de soluciones así: 1- Llamar al diálogo ¿Con quién y para qué, acaso con la “suciedad” civil y politiqueros de siempre, religiosos y élites fracasadas y cobardes?  2- Buscar consensos ¿Para qué, si la Constitución se supone es un consenso macro? 3- Tener “cuidado” por quien se vota, porque “nosotros” hemos puesto a gobernar a todos los malos gobernantes, ¿Quiénes deben elegir “bien”; nuestra gente ignorante que no tiene un cerebro normalmente desarrollado para discernir… y acaso pueden concursar los honrados -inteligentes y valientes- en este sistema tan viciado? Y 4- Hacer leyes para esto y para lo otro ¿No sería mejor aplicar las existentes, empezando por los roles -constitucionales- de los poderes del Estado y sus obligaciones?

El discurso de “expertos”, “analistas” y “candidatos” potenciales, podrá ser musical… por pastelero, pero tan falso y timador, como irreal. Guatemala necesita gente con arrestos, dispuesta a morir por la patria, si es necesario, desempeñando con valor y entereza, la función pública… de otra manera seguiremos por la ruta de la desgracia y la burbuja -en la que vivimos sin ver el mar de miseria en la que está posada- estallará en nuestras narices, matándonos de todas formas. Tanto en la economía, en la salud y la seguridad, es menester y es urgente, tomar decisiones valientes.

Los hospitales públicos seguirán colapsados… al menos que se tomen decisiones directas y esforzadas que resuelvan el problema, por ejemplo privatizarla ¿Quién se anima a proponer esto, aún y cuando se sabe que un día de encamamiento público -derivado de la corrupción- es más caro, para los contribuyentes que en muchos sanatorios privados? Por otro lado, resolver las plazas fantasmas incontables y los perniciosos y corruptos sindicados, será imposible, si el modelo sigue y persiste; lo único que quiere todo el mundo es ganar más y más, en la cosa pública ¿Y a los contribuyentes quién nos protege? ¿Y a los enfermos quién los atiende?, ¿Recibirán mejor servicio porque ganen más los médicos y prevalezca la corrupción? No lo creo.

Las carreteras son intransitables, increíblemente,  se recomienda “No usarlas” y entonces ¿Cómo nos movemos, cómo produce el país y se genera empleo? De igual manera, los puertos y aeropuertos una desgracia ¿Por qué no concesionar puertos, carreteras y aeropuerto de forma transparente, con la mejor consultoría y la mayor transparencia? Nadie se animará ni a mencionarlo, porque eso terminaría con sus potenciales votantes; se trata de “ganar” las elecciones, sin la mínima intención de “resolver” nada. En este orden de ideas, ningún candidato “pastelero” conviene, porque pretenderá hacer lo mismo -o mejor dicho no hacer nada de fondo- ante el pánico a la ignorancia y la politiquería ¿Y que tal la Economía, qué hacer con ella? ¿Acaso aprobar leyes a diestra y siniestra como propone el impresentable ministro?, ¿No sería mejor generar las condiciones de mayor competitividad, inversión y empleo?  ¡Por favor!, despierten pensantes, Guatemala necesita tanto decencia, como consistencia, valor y pantalones… caso contrario la suerte está echada, nos espera la fuga sostenida de talento y después el infierno. ¡Piénsenlo!

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