Domingo 24 DE Marzo DE 2019
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Una apuesta por las mentes brillantes

Tres científicos guatemaltecos plantean la necesidad de ensanchar las oportunidades para la investigación en el país.

Fecha de publicación: 29-07-18
Por: Ana Lucía González elPeriódico.com.gt
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El mito de que la Tierra era plana en el Medioevo se desbarató al reconocer al Sol como centro del Universo, hasta que en el siglo XX se divulgó la teoría del Big Bang y los agujeros negros. Y es que la generación del conocimiento a través de la ciencia, la tecnología y la innovación es uno de los motores que permite que las sociedades avancen en la búsqueda de mejor calidad de vida y que las naciones propicien espacios para ser competitivas.

Parte de esta aspiración, es lo que mueve el esfuerzo de organizar cada año Converciencia, evento que lleva a cabo el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Concyt) para estimular la difusión y promoción de la producción científica en Guatemala. Una actividad que se vio interrumpida durante cuatro años y que se retomó desde el año pasado.

Este año, en su 10a. edición, Converciencia reunió durante una semana a 28 científicos guatemaltecos, la mayoría de ellos con residencia en el extranjero, como una alternativa para lograr intercambios en lo académico y pedagógico con estudiantes, profesores, investigadores y autoridades, y así poder crear redes de colaboración y apoyo locales e internacionales.

Ellos son parte de las mentes brillantes de Guatemala quienes se han visto en la necesidad de salir del país por no encontrar las condiciones para desarrollarse como profesionales. A continuación, conversamos con tres científicos enfocados en el campo de la salud y la química computacional. Son posdoctorados que no rebasan los 40 años; jóvenes quienes desde sus distintas disciplinas, comparten el sueño común de contribuir con su conocimiento al apoyo de nuevos talentos y propiciar el avance de la ciencia en el país.

Verónica Castro, de 32 años, cuenta con un doctorado en medicina oriental. Actualmente enfoca sus investigaciones en Oncología Molecular en Corea del Sur. Los estudios que realiza tratan sobre la mosca de la fruta como un modelo para el estudio del cáncer. “Estamos resolviendo cómo la radiación puede utilizarse sin hacer daño a las células buenas”. Explica que la mosca de la fruta tiene un componente genético similar al humano en un 50 por ciento. Esta semejanza, en genes y proteínas, ha servido para desarrollar modelos específicos en los estudios que aborda.

Francisco Carrascoza se desempeña como investigador químico computacional en la Universidad Tecnológica de Poznan, Polonia. Su maestría y doctorado los hizo en la región de Transilvania, Rumania. Tiene 38 años y sus investigaciones se centran en el diseño de fármacos y medicinas a partir de proteínas. Por otro lado, en teorías sobre el origen de la vida, desde la química cuántica y la dinámica molecular.

A los 33 años, Mabel Taracena desarrolla su campo de investigación en la biología molecular aplicada en la entomología, es decir, el estudio de insectos que transmiten enfermedades a los humanos. Esto lo hace en el Centro para el Control de la Prevención de Enfermedades en Atlanta, Estados Unidos. En diferentes momentos ha explorado en distintos tipos de enfermedades transmitidas con vectores como el mal de Chagas, dengue, zika y malaria.

“Tratamos de usar las herramientas de la biología molecular para generar nuevas estrategias para el estudio de estas enfermedades. Nos interesa controlarlas porque son debilitantes y perpetúan el ciclo de la pobreza”, explica.

Juan Francisco Carrascoza Mayén

 

Mabel Taracena

 

Verónica Castro

El aporte de los científicos

Según el Informe Relevamiento de la Investigación y la Innovación en la República de Guatemala, de la UNESCO, en el 2015 Guatemala invirtió el 0.029 por ciento de su Producto Interno Bruto (PIB) en actividades de investigación y desarrollo. “Esto es 14 veces menos que el promedio de inversión de África Subsahariana, 25 veces menos que el promedio de América Latina y el Caribe, 85 veces menos que el promedio de Europa Occidental y casi 200 veces menos que lo invertido por la República de Corea o Israel”, cita el documento.

Al cuestionarles a los investigadores sobre cómo pueden contribuir desde su campo de acción para el desarrollo del país, Castro observa que muchas políticas se plantean bien pero no se ejecutan, por lo que se terminan olvidando. Señala que los científicos han desarrollado una capacidad analítica y estratégica muy grande, debido a que para elaborar proyectos, se necesitan resultados. Explica que parte de la diferencia es que desde los gobiernos no se cuenta con esa presión de tiempo y espacio que en otros países se tiene para trabajar en forma rápida y puntual para alcanzar los objetivos.

Castro tiene entre sus proyectos regresar al país para establecer maestrías y doctorados en el área de nutrición clínica y molecular, lo cual contribuiría de gran manera a resolver los problemas de enfermedades y desnutrición. “Se necesitan estudios a nivel molecular para aplicarlos en humanos”, comenta.

Carrascoza, por su parte, considera que el rol de un científico reside en proveer respuestas puntuales a la problemática nacional. Desde su profesión se muestra abierto para ayudar a los estudiantes, científicos y profesores que quieran buscarlo y trabajar con él. “Puedo apoyar en dos áreas: invención de nuevas medicinas y el desarrollo e invención de nuevos materiales. Aclara que la Química Computacional es una ciencia básica, aplicable a cualquier problema que necesite una explicación a nivel molecular.

Para Taracena, un mecanismo clave y muy satisfactorio se basa en contribuir con el entrenamiento de nuevos científicos. “Que sepan que como guatemaltecos es posible y positivo”. Desde su experiencia ha observado que cuando hay interés, las puertas se abren, no importa si se empieza ad honorem, lo importante es ganar experiencia y darse a conocer, resalta. Una de las formas más prácticas de contribuir es crear redes de colaboración, tanto desde las distintas universidades como con los científicos guatemaltecos en el extranjero.

No es lujo, es necesidad

Uno de los argumentos con el que les toca lidiar a los científicos es que no hay presupuesto para invertir en investigación. Carrascoza “considera que en Guatemala se percibe que es un lujo invertir en ciencia porque no se ve cuál es la retribución económica en el corto plazo”, dice. Esta inversión plantea el reto de abordar los problemas del país desde su propia perspectiva, es decir, sin comprar soluciones a países extranjeros. “No es lo mismo que compremos un producto ya hecho, a que nosotros lo desarrollemos y después lo vendamos a otros”, expresa.

Asevera que esta dinámica es un camino para salir de la pobreza y el subdesarrollo, en donde el talento intelectual sea capaz de generar soluciones científicas y tecnológicas que luego puedan venderse.

Para Castro, la inversión en investigación científica debería verse como un “lujo necesario”, el cual si bien es riesgoso, puede generar atracción de inversión extranjera, generar fuentes de trabajo y la información generada ser una ventaja, sea de la disciplina que sea.

Taracena se une a la apuesta por la inversión en ciencia, como un camino necesario para salir de la pobreza, comenzando por tener poblaciones saludables. “Es una inversión, no un gasto. En otros países se estima que por cada US$1 se recuperan US$7 o US$8”, afirma.

Financiamiento científico

Castro considera que la inversión en investigación en salud debe comenzar desde los fondos del Estado. Desde su experiencia ha observado que cuando la iniciativa privada financia investigación y los resultados no les son favorables, no se publican. “De manera que los derechos de estos estudios se abren hasta 20 años después”. Por eso considera preferible que se invierta desde la academia y el Estado, pues los primeros tienen la responsabilidad de publicar y ganar prestigio.

El mejor ejemplo de este apoyo del Estado en investigación fue el desarrollo de la Incaparina, una bebida que no tiene competencia, que tuvo apoyo en su momento y mantiene una gran aceptación entre la mayoría de personas.

Carrascoza considera que en el caso de la investigación de nuevos fármacos, depende de la filosofía del Estado para obtener un costo-beneficio. En el caso de la iniciativa privada, se sabe que la mayoría de farmacéuticas desarrolla medicamentos para grupos poblacionales de los países desarrollados: Norteamérica, Europa, China y Japón. El estudio de la fármaco-genómica ha determinado que los fármacos tienen diferentes efectos según los grupos étnicos o poblacionales. Y las grandes farmacéuticas no están interesadas en el desarrollo de fármacos específicos para los grupos poblacionales más pobres.

Para Taracena, tanto la iniciativa privada, como el Estado y la academia deberían estar volcados en el mismo objetivo, no obstante, comprende que cada ente responde a intereses particulares. Pero como país, el desafío debería comenzar por mejorar la calidad de vida de las poblaciones más vulnerables, eliminando enfermedades mortales. Por ejemplo, en África, se estima que la malaria mata hasta a 400 mil niños cada año.

Talentos en fuga

El estudio de UNESCO en Guatemala, que forma parte de la colección GO SPIN de perfiles nacionales sobre políticas en Ciencia, Tecnología e Innovación, revela que el número de investigadores equivalentes en jornada completa es de 411 (2012), un valor que representa solo 26.7 de investigadores por cada millón de habitantes. “Una proporción muy inferior a la que tenía el país cuatro décadas atrás (84 investigadores por millón de habitantes)”, indicando que durante este período la fracción de la población que se dedica a tareas de Investigación y Desarrollo se redujo en un 70 por ciento.

Este dato demuestra también que el número de científicos en Guatemala es más pequeño que el promedio regional y que la mayoría sale del país en busca de mejores oportunidades de crecimiento profesional.

Carrascozs a comparte su experiencia en este punto. Se graduó de químico en la Universidad de San Carlos, donde trabajó en investigación. Pronto se dio cuenta que el nivel de conocimiento no era suficiente para proveer respuestas a los problemas científicos que debía resolver. “Eso me motivó a salir a buscar dónde encontrar ese conocimiento si quería progresar”.

Cuando se fue del país, recuerda que tenía mucha ilusión de regresar a Guatemala, pero estando fuera se dio cuenta que su conocimiento no sería reconocido ni por la empresa privada ni por el Estado. Ahora tiene claro que el crecimiento profesional requiere duros sacrificios en su vida personal, puesto que no ha sido agradable del todo dejar a su familia, amigos y comenzar una vida desde cero, sin amigos y con la presión de estudiar para mantenerse como becario.

Taracena explica que en el país estamos a años, sino décadas, de contar con programas de posgraduación locales que sirvan para dar un título válido a nivel internacional, con calidad. Explica que cuando se compite por fondos en instituciones internacionales serias, si no se tiene el respaldo académico suficiente, no se tendrá capacidad de ganar por oposición. “En mi área, tenía muy claro que quería dedicarme a la investigación, esa experiencia solo la podía obtener afuera”, afirma.

Refiere que su vocación siempre fue generar una diferencia en el país hacia los más necesitados. Tuvo la certeza de que ciertas enfermedades como el alzhéimer o el cáncer son de interés del primer mundo y de la industria farmacéutica, en cambio, las enfermedades tropicales olvidadas, que afectan a los pobres, no son rentables para estudiarlas. De esa cuenta, si no hay quien las estudie, ¿a quién le interesaría? se pregunta.

Borrando mitos y dogmas

Gracias a la ciencia, las comunidades han evolucionado y derribado muchas creencias. El arribo de la luz eléctrica minimizó las leyendas de espantos. Sin embargo, los científicos todavía encuentran en su camino muchas anécdotas que les recuerdan que hace falta comunicar mejor sus conocimientos, que abran su mente para analizar y cuestionar.

Castro no olvida una experiencia durante sus años de práctica como nutricionista en el hospital de Melchor de Mencos, Petén. Atendió a un bebé que venía con desnutrición tipo kwashiorkor. La causa de esto era que pensaban que la lactancia materna no era suficiente para satisfacer la sed del calor petenero. De manera que a los dos meses y medio le daban tres pachas diarias de ocho onzas con agua de cebada. “Unos días más y no logramos rescatarlo”, recuerda. Además de salvar al bebé, Castro cuenta que dedicó muchas horas para enseñarle a la mamá sobre nutrición. Con satisfacción, logró que la madre se convirtiera en una voz de enseñanza para las demás mujeres.

Carrascoza considera que la única vía para frenar creencias que afectan el crecimiento social y la vida de las personas es la educación. Expone que en su trabajo desarrolla simulaciones atómicas (mecánica cuántica) para estudiar los orígenes de la vida. “Puede significar un problema ético, pero el científico tiene que tener mente abierta. No puede aceptar dogmas. Está destinado a plantear preguntas y buscar respuestas. Pero está en la gente el aceptarla o no”.

El mismo criterio comparte Taracena, quien enfatiza que la educación, especialmente de los niños de pregrado, comienza con no tener pereza de responder las preguntas complejas. De eliminar mitos hacia el rol de las mujeres en la sociedad.

Por eso cree válido la necesidad de enviar un mensaje a las mujeres que están próximas a elegir una carrera universitaria, que consideren la ciencia como un reto, difícil, pero posible. En cambio, Carrascoza subraya la urgencia de derribar el mito en los jóvenes de que las matemáticas no sirven para nada. Es totalmente falso, hace falta cambiar este concepto tanto en maestros como estudiantes y transmitir que tienen el poder de ayudarnos en la vida diaria.

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