Lunes 14 DE Octubre DE 2019
Domingo

Relaciones tensas en medio de crisis

En tres meses que lleva el conflicto en Nicaragua, obispos y sacerdotes  han mediado en la crisis y han servido de escudo humano para pobladores y manifestantes.

Fecha de publicación: 29-07-18
El cardenal Leopoldo Brenes, en Managua.
Por: Julia RIOS AFP

Las relaciones entre el gobierno y la Iglesia católica en Nicaragua pasan por el peor momento de las últimas dos décadas tras acusaciones del presidente Daniel Ortega de “golpistas” a los obispos, en medio de una crisis que deja más de 300 muertos.

“Evidentemente, las relaciones entre la Iglesia y el gobierno andan muy tensas, sobre todo después de las acusaciones lanzadas por Ortega el 19 de julio y las justas denuncias de los obispos de sus atropellos”, dijo el teólogo católico José Argüello.

La Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN) propuso una agenda para democratizar el país que incluye adelantar las elecciones para marzo de 2019 como una salida a la crisis y a la violencia.

La propuesta surgió como parte de su papel de mediador en el diálogo entre el gobierno y sus opositores, en busca de una solución a la crisis.

“Yo pensaba que eran mediadores pero no, estaban comprometidos con los golpistas (opositores)”, dijo Ortega en uno de sus ataques más duros contra la Iglesia.

El mandatario de 72 años afronta la peor crisis desde que volvió al gobierno en 2007, por una oleada de protestas que iniciaron contra una reforma a la seguridad social y que ahora exigen su salida del poder.

En Nicaragua, la población de creyentes católicos se estima en un 58 por ciento, de un total de 6.5 millones de habitantes, según datos del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC).

Pasado incómodo

“Durante la Revolución Sandinista (1979-1990) se dieron situaciones tensas, agresiones verbales, expulsión de curas y un obispo, campañas mediáticas, ultrajes personales a sacerdotes, pero nunca se había visto que se disparara a mansalva contra una iglesia llena de gente indefensa”, dijo Argüello.

El especialista se refirió al ataque de paramilitares a la parroquia Jesús de la Divina Misericordia en Managua el 14 de julio, cuando allí se refugiaron decenas de estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN), un hechos que dejó un saldo de dos muertos.

El cardenal Leopoldo Brenes, presidente de la CEN, valoró que “esta experiencia no es nueva. Es lastimosa”, tras recordar lo vivido por la Iglesia en la década de los ochenta, cuando él comenzaba su ejercicio eclesial hace 44 años.

Esa acusación de Ortega de que los obispos son golpistas “no tiene sentido” porque “ninguno de los obispos quiere el poder ni pertenece a ningún partido”, dijo Brenes.

El religioso cree que el diálogo es el único camino para resolver el conflicto aunque el proceso es lento. “Si no hubiese diálogo habría más muertos”, aseguró. “La gotita de agua no rompe la piedra por la fuerza, siempre es dura la piedra y siempre habrá tensiones” manifestó el religioso de 69 años en su casa del barrio de Altagracia.

Misionero bajo balas

Durante el conflicto, los obispos y sacerdotes recorren las barricadas bajo las balas y el estruendo de morteros para ayudar a personas heridas o atrapadas y ponerlas a salvo de la violencia.

El repique de campanas de las iglesias –usualmente para llamar a servicios religiosos– se convirtió en señal de alerta a los parroquianos para ponerse a resguardo ante inminentes ataques, saqueos e incendios en ciudades que se rebelaron contra Ortega.

En tres meses de conflicto el clero ha servido como escudo humano para pobladores y manifestantes. Algunos obispos se movilizan con su atuendo eclesial en motocicleta para acudir al llamado de pobladores en plenas operaciones de fuerzas conjuntas de la Policía y paramilitares para quitar los bloqueos de las vías.

El obispo auxiliar de Managua, Silvio Báez, manifestó que “nos pueden calumniar, nos pueden perseguir, pero no podemos renunciar a la misericordia (…) No podemos dejar de dar refugio a quien está en peligro de perder la vida”.

La reacción del gobierno es porque cuando la Iglesia defiende a la población “se vuelve peligrosa”, opinó Báez.

Demonios y exorcismo
> La esposa de Ortega y vicepresidenta Rosario Murillo emplea un lenguaje plagado de términos como “la oscuridad”, “demonios”, “malignos” y “satánicos” para referirse a sus opositores.
En tanto, la Iglesia convocó la semana pasada a una jornada de ayuno y de “exorcismo” como una expulsión simbólica de todo mal del país.