Domingo 18 DE Noviembre DE 2018
Domingo

Carta abierta al embajador Luis Arreaga

Fecha de publicación: 15-07-18
Por: César A. García E.
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Embajador: Se habrá percatado en lo que se convirtió Guatemala, durante su larga ausencia. Aspiraría se sienta todavía, un poco parte de esta tierra, porque indudablemente, los años de niñez y adolescencia dejan en el alma, marcas imborrables que es capaz de provocar este bello lugar, subyugado por la ignorancia, marginación, desnutrición y retraso… un país que tiempo atrás valoró la vida y el decoro.

Decidí escribirle, en nombre propio y del 50 por ciento de chapines que no tienen capacidad de discernir, viviendo en la desesperanza; me refiero los “sin voz, pero con voto”, quienes han elegido –manipulados por unos cuantos pensantes amorales– a la colección sempiterna de ladrones y farsantes, para gobernar y hacer leyes. He perdido la esperanza de que los guatemaltecos pensantes y honrados logren distinguir el verdadero origen de nuestra tragedia; menos ahora, pues como Usted habrá notado, nos encontramos en una vorágine de confrontación que se limita –malamente– a si nuestro impresentable presidente termina o no su mandato, mientras las mismas huestes vetustas –divididas en bandos– se preparan para tomar el poder, en la convicción de que a esta vaca huesuda y exhausta, llamada Guatemala, todavía le quede algo de leche, para poder enriquecerse ilícitamente, como tantos otros antes.

Conocedor Usted de nuestra historia, deberá aceptar que hemos sido un traspatio descuidado por el Supra Poder (los EE. UU.) al que nos sometimos –negándonos a autodeterminarnos– casi inmediatamente después de nuestra falaz “independencia” de 1821, celebrada –sin motivo– cada año. En efecto desde 1823, cuando se promulga la llamada “Doctrina Monroe”, en honor al quinto presidente estadounidense, los guatemaltecos influyentes de entonces, reconocieron –literalmente– que éramos propiedad de los americanos (gentilicio estadounidense). De allí en más, hemos sido sujetos a lo que el Supra Poder mande y disponga. Fuimos campo de batalla de la –para nosotros sangrienta– guerra fría; llegamos a la “democracia” –pasando por sucesivos gobiernos militares de los otrora subordinados al ejército estadounidense que luego fueron ablandados a su suerte– por disposición “Imperial” que dio al traste con el militarismo y dictaduras en Latinoamérica; ya no les servían, pues en 1989 concluye –con la caída del muro de Berlín– aquella absurda guerra. Luego nos impusieron vivir “en paz”, sin que existieran las condiciones mínimas para lograrlo. Debe reconocer que, en este tortuoso proceso, Guatemala no logró desarrollarse y la miseria se afianzó hasta los tuétanos de la nunca nacida nación que permanecería confrontada… todo ello bajo la “tutela y control” del Supra Poder.

Vea usted el absurdo en el que hoy nos encontramos. Quienes “repudian” la interferencia extranjera, contratan –en obvia contradicción– a lobistas en Washington, para que la experimental CICIG –que, de haber logrado Guatemala, el estatus de nación viable nunca debió caber, pero sin cuya existencia, no habría surgido el necesario escarmiento al descarado ladrón– no continúe en el país. Como grupos antagónicos a éste, reconozco al menos dos: El primero, el de los hartos de la corrupción y cinismo de malos servidores públicos que quisieran –de una vez por todas– EE. UU. –y no los mequetrefes que tenemos como diputados o en el poder en el ejecutivo– fuese quien tomara las decisiones por nosotros; al final, lo han hecho siempre, imponiéndonos todo, mientras el guatemalteco honrado nunca ha tenido acceso a gobernar. El segundo grupo, el de oportunistas ávidos de asaltar el poder, sin ser mejores que los peores depredadores de la patria… hoy vestidos de mansos corderitos, intentando el Supra Poder, les confíe la administración de Guatemala, haciendo votos –otra vez– de sumisión; éstos quieren que todo cambie… para que nada cambie.

De forma abierta y clara, nadie reconoce –yo sí– la innegable hegemonía de los EE. UU., sobre nuestra linda y pobre tierra, pero a la vez, supongo que representantes de los grupos referidos, hacen antesala en su residencia, tratando, Usted se decante por su particular interés. Los chismes en las manipuladas redes sociales y “vistosas noticias” en medios de comunicación, se reducen a si un funcionario estadounidense u otro, quiere o no a la CICIG… hemos llegado al fondo de la indignidad, no somos nación y creo que ni siquiera merecemos llamarnos país; nunca dejamos de ser una finquita infestada de miseria.

La Finca el Traspatio, a la que el destino lo trajo, espero con buen propósito, es urgente rescatarla; es –sin duda– lo que corresponde, a manera de justo resarcimiento, después de haber sido un territorio subyugado y experimental estadounidense. Note usted el drama de las cifras: seis de cada diez guatemaltecos son pobres, uno de cada dos niños menores de cinco años son desnutridos crónicos, es decir su cerebro quedó comprometido para siempre. Dado que el estatus ha permanecido así, durante generaciones, podemos inferir que la mitad de los adultos (coterráneos suyos), son de limitada inteligencia, lo cual –según el DRAE– se resume, en una palabra, como “descerebrados”… una nación así es caldo de cultivo idóneo para la descomposición social, miseria y violencia que es lo que tenemos. En 2005 publiqué la columna “Cabecitas”; a partir de entonces he reiterado la temática que es origen de nuestros males, además de una gran vergüenza. También inicié un proyecto para paliar –ínfimamente– esta problemática y he resuelto dedicar lo que me quede de vida a seguir martillando sobre el tema y trabajando –en lo que Dios me auxilie– para coadyuvar a rescatar cerebros de niños que tendrían otra visión, ímpeto y esperanza… de contar con el cerebro normal que les negamos.  Los argumentos para destacar la desnutrición crónica infantil, como el origen de nuestros males, son lapidarios: 1- En los primeros años de vida el cerebro se forma o malforma. 2- Los niños con mayor rendimiento escolar, tienen un CI más alto y mayor volumen encefálico. 3- El cerebro de los niños desnutridos queda disminuido de un 10% a un 17% de su tamaño normal, lo que implica su CI sea inferior al de un niño bien nutrido, entre 15% a 25%.

Traslade este llamado de auxilio que de atenderse sería una solución de fondo para nuestra lívida Guatemala, aunque nosotros ya no lo veamos. Chile, hace medio siglo, se encontraba en situación similar y el Dr. Fernando Mönckeberg, a quien me honro en conocer, inició una lucha titánica, hasta erradicar la desnutrición crónica infantil. Claro está, Chile tuvo apoyos decididos de los EE. UU., como el “Proyecto Chile”, nacido en 1970, desde el Departamento de Estado que dio a luz a los “Chicago Boys”, entre otros.

Guatemala está hundida, entre crimen, violencia y putrefacción, ha sido –tristemente– un territorio esbirro, y hoy, con las fronteras cerradas para nuestros connacionales emigrantes –otra vergüenza nacional– nos espera el infierno. El “Plan para la Prosperidad” son centavos, comparado con los ocho millardos de USdólares que generan nuestros connacionales en remesas y dicho plan, en manos de burocracia corrupta será nulo. Evalúen un plan, pero como el atribuido George Marshall que permitió sacar de la ruina a gran parte de la Europa de la postguerra, administrado por EE. UU. que es corresponsable de nuestra desgracia, ¿Para qué queremos seguir con esta institucionalidad falsa y disfuncional, con presidentes idiotas y cínicos, diputados mafiosos y con una CC que viola la Constitución? Cerremos el teatro de la “soberanía y el aliado” y conviértannos –al menos 20 años– en un “Territorio Subordinado Disociado” … un millón de niños sin esperanza, valen más que cualquier institución infecta o que el falso patriotismo ¡Piénselo!

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