Martes 18 DE Septiembre DE 2018
Domingo

¿A quién le deberían importar las deportaciones?

“Al señor que quiere construir el muro, le ofrezco mano de obra barata. Tenemos muy buena mano de obra y con mucho gusto le construimos, nos dice las dimensiones y tenemos capacidades para hacerlo.”  Jimmy Morales, en una entrevista dada en Estados Unidos en abril 2016.

Fecha de publicación: 08-07-18
Por: Jaime Barrios Carrillo
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Según los datos más recientes de la Dirección General de Migración (DGM), ha aumentado durante el primer semestre de este año la cantidad de guatemaltecos deportados desde los Estados Unidos, llegando a un incremento del 80 por ciento si se compara la cifra del año actual con la del pasado en el mismo período. Las deportaciones continuarán y serán mayores.

Estas estadísticas del fracaso nacional, del sufrimiento de miles de ciudadanos pobres, vinieron a coincidir con la visita del vicepresidente estadounidense Pence a Centroamérica para reunirse con los presidentes del triángulo norte. Pence fue categórico, la política dura de inmigración no cesará y advirtió que los países centroamericanos deben tomar medidas para que sus connacionales no traten de ingresar sin papeles a territorio norteamericano. Este 80 por ciento más es sin duda un fracaso del Estado pero también de la sociedad guatemalteca. Y particularmente un chasco más del presidente Jimmy Morales a quién no le valieron sus maniobras con el traslado de la embajada a Jerusalén. Es de resaltar la errática posición inicial ante la crisis humanitaria, que se convirtió en un escándalo, provocada por los niños enjaulados separados de sus padres.

Recordemos la broma de mal gusto del presidente guatemalteco en una entrevista con The New York Times de brindar “mano de obra barata” al proyecto del entonces candidato Trump de construir un muro entre México y Estados Unidos. Jimmy comenzaba su mandato y esa declaración lo desnudaba tempranamente por completo, el Jimmy insensible, el trepador, el que desprecia a los pobres y al que le importan más sus intereses privados que el destino de su propio país y sus ciudadanos. De ahí que no resulta inconsistente afirmar que a Jimmy Morales no le importan las deportaciones.

El fenómeno es brutal y de dimensiones sociales gigantescas. Son cientos miles de guatemaltecos los que intentan ingresar a los Estados Unidos buscando una vida mejor, o mejor dicho huyendo de una vida de pésima calidad. Considerables veces lo arriesgaron todo y no pocas terminaron perdiéndolo todo, incluso la vida siendo un caso que indigna el asesinato por parte de un guardia de fronteras en Texas de Claudia Patricia Gómez González, oriunda de la aldea La Unión, San Juan Ostuncalco, de apenas 19 años quien había terminado la educación media como perito contador, casi una niña, llena de sueños como los miles y miles de dreamers que en el interior de los Estados Unidos esperan una solución que no lleve a su deportación.

Los migrantes provienen de una sociedad devastada por la injusticia. Resulta una decisión tomada por la fuerza de la necesidad. El proyecto de mejorar su vida y la de sus familiares tiene causas y debe respetado y atendido.  Continúan las circunstancias estructurales que dan motivo a la migración: la pobreza, la falta de oportunidades, de salud, de educación.

Valga recordar y recalcar que se fueron de Guatemala porque no encontraron nunca condiciones de trabajo en su país natal. Querían trabajar, producir, ganarse el pan, ver a sus familias desarrollarse. Por eso se marcharon, por la salida de emergencia de la migración forzada. Por la puerta de atrás, como refugiados económicos, exponiendo sus vidas en trayectos peligrosísimos que han cobrado no pocas vida de migrantes. Los mojados, “eternos indocumentados”, parafraseando a Roque Dalton han respondido como verdaderos héroes anónimos, superando toda clase de vicisitudes, sobreviviendo coyotes y desiertos, persecuciones inhumanas de la migra, enfermedades, secuestros, maltratos. Muchos no lo lograron y están enterrados en tumbas anónimas y masivas como en Tamaulipas. O se ahogaron en el mar o recibieron un balazo en la frente o se cayeron del tren en donde viajaban, colados en los techos de los vagones, y resultaron mutilados o muertos en las vías férreas, en todo sentido férreas.

Los migrantes que logran llegar a los Estados Unidos vienen siendo sometidos a toda clase de atropellos. Los “sin papeles” han sido criminalizados. Sabemos de las violentas redadas de la terrible Migra contra los ilegales. De las detenciones de menores y de madres embarazadas. Y desde luego de las temidas deportaciones que terminan en el humillante viaje de regreso al país natal en donde los espera la incertidumbre.

La emigración masiva desangra socialmente a cualquier país. La esfera familiar y la cultural se diluyen. Los ilegales pierden las tradiciones y su identidad; se vuelven ciudadanos de tercera o cuarta categoría en Estados Unidos. Gracias a sus remesas Guatemala camina. Remesas, sudadas y sufridas, sacrificándose en trabajos pesados y mal remunerados. El aporte de los emigrantes ha sido colosal a la economía del país en los últimos lustros. Se viene insistiendo en que las remesas son vitales para Guatemala. Que superan a muchos otros rubros. Pero poco se dice que las remesas significan para incontables chapines, el trabajar en condiciones sub humanas en Estados Unidos. Es frecuente el hacinamiento en viviendas colectivas (apartamentos pequeños donde viven 20 o más personas tiradas en el suelo). Y ha ocurrido que hasta son denunciados por los mismos patrones a la Migra norteamericana, para de esta manera evitar pagarles los salarios. Las remesas equivalen también a no consumir, a sacrificarse por la familia en Guatemala.

En términos sociales la emigración ilegal lleva a la desintegración familiar, a los padres ausentes y a generaciones que no tienen una referencia paterna o materna porque esta se encuentra en el extranjero. ¿A quién le importan las deportaciones? Urge apoyar a los migrantes y urge recordarle al presidente Jimmy Morales que está obligado a defender y trabajar por esos cientos de miles de connacionales. Que debe mejorar ahora el apoyo y los servicios a los migrantes. Me temo que es mucho pedir, es exigirle peras al olmo, más la petición no solo es justa sino inevitable, se trata del gobierno guatemalteco actual. Pero lo que también urge es cambiar el país para que nadie tenga que huir del mismo, esta es una inmensísima tarea que va más allá del gobierno de turno y que debe involucrar a toda la sociedad. Lo inmediato es activar la solidaridad con los migrantes, que la empatía y compresión se haga mayor y que esto lleve a la acción unitaria.

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