Miércoles 26 DE Septiembre DE 2018
Domingo

Resiliencia institucional

Fecha de publicación: 01-07-18
Por: Claudia Galán Sociedad de Plumas
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Un mes después de la erupción del volcán de Fuego en el país, más que buscar culpables en medio de una coyuntura política y judicial complicada en el país, conviene entender el rol de la institucionalidad frente a los fenómenos naturales extremos.

Cuando las instituciones siguen un proceso permanente con reglas claras existe un ordenamiento de la vida en sociedad. Pero desde el momento en que las instituciones pierden ese orden, se vuelven frágiles y los riesgos aumentan. Es así como frente a instituciones frágiles, nos enfrentamos a más riesgos. En la medida en que estos riesgos crecen, las limitaciones de la economía son mayores.

Frente a una fulminante erupción como la ocurrida en el país, “saber qué hacer” consistía en entender el significado de los colores en el sistema de alerta temprana para emprender de manera coordinada las acciones correspondientes.

Esta tragedia nos ha enseñado como sociedad que al ser un país altamente expuesto a fenómenos naturales, es indispensable contar con canales de comunicación fluidos desde el Estado hasta la ciudadanía. Lo anterior permite fortalecer las capacidades de anticipación y recuperación ante los fenómenos naturales de manera oportuna y eficaz.

Para entender los desastres naturales y establecer mecanismos de prevención, es necesario desprenderse de una serie de interpretaciones equivocadas que distorsionan la realidad. Una de ellas, es suponer que un desastre natural equivale a un fenómeno natural. De hecho, no son equivalentes.

Un desastre natural es la correlación entre diversos fenómenos naturales. Como por ejemplo un terremoto, una erupción o un huracán, y determinadas condiciones socioeconómicas vulnerables como es el caso de la precariedad, el tipo de suelo, la mala ubicación de las viviendas o las deficiencias en la construcción de las mismas.

Es decir, que existe un alto riesgo de desastre si existen uno o más fenómenos naturales que puedan ocurrir en situaciones vulnerables.

Por lo tanto, la precariedad es por sí misma una condición de vulnerabilidad, dado que los daños y su magnitud son mayores si no existen recursos económicos, tierras, criterios técnicos, protocolos de seguridad, conocimientos sobre las funciones de los organismos de ayuda o la coordinación institucional para afrontar la emergencia.

La carencia de estrategias encaminadas a reducir la vulnerabilidad a largo plazo tiene un impacto directo en la resiliencia ante los fenómenos naturales.

La institucionalidad es un elemento fundamental para la movilización de recursos y establecer estrategias que coadyuven a contrarrestar la vulnerabilidad.

El desafío no es solamente contar con una institucionalidad fuerte, que ya es un tema pendiente para el país. Sino también, un andamiaje de gestión de riesgos naturales, acompañado de un diálogo donde converjan distintos actores. Pero sobre todo, donde impere el conocimiento científico, el poder local y la información para reducir los riesgos y generar resiliencia.

El país necesita una institucionalidad que brinde garantías y explicaciones sobre los fenómenos con un respaldo científico. Una institucionalidad en la cual la ciudadanía participe y confíe.

Sociedad de Plumas es una red de colaboradores comprometidos con promover en las páginas editoriales el balance, el contraste y la propuesta constructiva.

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