Lunes 12 DE Noviembre DE 2018
Domingo

La infancia desgarrada

Fecha de publicación: 01-07-18
Por: Jaime Barrios Carrillo
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La reciente crisis migratoria provocada por la inhumana y alocada decisión del presidente Trump de separar a los niños migrantes de sus padres, vino nuevamente a desnudar el sistema guatemalteco. La problemática de los niños migrantes no es nueva. Desde hace años se han dado las alarmas de la situación lamentable de miles de menores que intentan solos, sin padres, alcanzar el sueño americano. Lo nuevo fue la medida de separar a infantes migrantes de sus padres también migrantes.

Desde luego que no se le puede achacar al gobierno de Jimmy Morales la situación general de la infancia, ya que es sin duda un problema estructural que históricamente viene aumentando hasta haber llegado ahora a parámetros inaceptables para la conciencia civilizada, alcanzando según las estadísticas e indicadores niveles brutales de desprotección, desnutrición, falta de escolaridad y mala salud. La situación de los niños migrantes solo vino a desvestir al país con sus asimetrías, sus instituciones fallidas y la falta de cohesión nacional. Lo que sí puede criticarse duramente fueron las declaraciones y posiciones iníciales del gobierno de Jimmy Morales que avalaban la medida de Trump y que nunca midieron el grado de indignación mundial que el caso tendría. Las fotos de niños enjaulados llorando le dieron la vuelta al mundo.

De todas maneras, un país que no apuesta por la infancia y la mantiene en condiciones flagrantes de precariedad social, escolar y sanitaria no puede pretender llegar al desarrollo. No se llega pasando por encima de miles y miles de infantes que ven sus vidas frustradas, acabadas, maltratadas. La infancia guatemalteca es explotada y se le induce, directa o indirectamente, a la criminalidad. El infanticidio prolifera entre la pobreza y la ignorancia. Y las drogas, la prostitución, el abandono y la violencia. ¿Qué puede esperarse del futuro, si no se cambian las estructuras del infanticidio estructural? Se roban niños. Se venden niños. Se asesinan niños. Se exportan niños, se envían a los coyotes en Tijuana, solos e indefensos y son miles. ¿Cuántos niños nacidos en este siglo llegarán a la vida adulta? ¿Cuántos vivirán una vida plena, llena de realizaciones y felicidad?

Hace años un pandillero de 19 años, apodado el Black, había sido detenido por la Policía acusado de la muerte de cuatro menores y la madre en San Miguel Petapa. En el momento de su captura el pandillero, en estado de drogadicción, decía no sentir nada aunque repetía sin cesar, como aduciendo una defensa o como pidiendo indulgencia: “Yo solo maté a un niño, no a los cuatro”. El Black había perdido la pierna izquierda a los diecisiete años, en una balacera con miembros de una mara rival.

El sicariato juvenil, incluso infantil, viene siendo una realidad tenebrosa en Guatemala. La actitud y perspectiva de matar a los criminales también ha sido enorme, opacando los análisis balanceados que ven en el sistema social y político la esencia del problema. Pero también preocupa la falta de cultura democrática, de cultura social, cuando no se ve ni se considera que existe una relación entre pobreza, criminalidad e infancia en Guatemala. A cualquiera le horrorizan e indignan los crímenes de las maras, el grado de salvajismo y violencia de la criminalizada infancia y juventud en Guatemala. Mas también horroriza oír que la solución es matar a todos esos niños, “limpiar a la sociedad” de la escoria como si la sociedad estuviera limpia de pecado.

No es fácil ser niño en Guatemala ni mucho menos ser padre. Las estadísticas de la muerte, la desnutrición y la falta de escolaridad resultan dolorosas y concretas comprobaciones que el sistema social y político de Guatemala hace rato ha colapsado. Los padres pobres ven con aflicción la enfermedad de sus hijos, la falta de medios para una infancia feliz, la falta de distracciones y juegos, la carencia de seguridad social. No hay peor ciego que el que no quiere ver. Unicef ha dado muchas alarmas sobre la infancia guatemalteca. Sobre todo la desnutrición que padecen los niños, siendo de las más altas de Latinoamérica. La Organización Internacional del Trabajo, ha referido que en el país laboran 800 mil menores de edad en malas condiciones. Las estadísticas anuncian apenas las violaciones más extremas de los derechos del niño. Las humillaciones, la orfandad, la falta de escolaridad.

Pero de todas maneras, está clarísimo que la corrupción estructural del Estado no solo hace ricos a las mafias políticas sino empobrece más a los pobres, debido a la mala calidad el gasto público. Donde debería existir inversión en salud y educación hemos encontrado medicinas vencidas, publicitadas como logros de este más que mediocre gobierno. Con Jimmy Morales corrupción e ineficacia se han vuelto dos caras de la misma moneda. Jimmy ha fracasado también como padre. Al menos hasta ahora, con el proceso por corrupción en que está metido su hijo Juan Manuel Morales. El dinero de los bonos militares que el presidente recibió, y que se apresuró a devolver sin pagar intereses, se habría usado en gastos de la defensa de su cachorro. Es decir dinero del Estado para defender a alguien acusado de malversar los fondos del Estado. El gobierno de Jimmy Morales será siempre recordado, entre otros desastres, por la muerte terrible entre fuego y asfixia de las 43 niñas del Hogar Seguro, a las cuales el presidente cínica e irresponsablemente en un momento estigmatizó como criminales e insinuó que la responsabilidad no era del Estado que formalmente las “protegía” sino de los padres, aunque muchos de ellos, y esto lo obvió torpemente Jimmy, eran padres ausentes o inexistentes. Y por supuesto será recordado como el mandatario que combatió por causa de intereses privados la lucha contra la corrupción.

Innegociable resulta robarles a los niños su infancia. Los niños no son solo el futuro de una nación, sino la base del futuro. La infancia debe ser el máximo tesoro de un país. ¿Qué se dirá dentro de cien años sobre nuestra época, cuando ser niño resulta casi un delito, castigado con la pena de muerte por inanición o por enfermedad o el castigo del trabajo forzado en lugar de la escuela, el juego y la seguridad de un hogar?

 

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