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Lo Maya se hizo moda, pero el saqueo comenzó antes, hace 170 años

En la década de los sesenta, lo Maya estaba de moda y los coleccionistas privados pagaban bien las pequeñas piezas que ofrecía el mercado negro. Luego fueron más codiciosos y lo pequeño les resultó insulso, querían grandeza y podían comprarla con sus fortunas. Fue cuando las colecciones privadas comenzaron a crecer. Dejaron a un lado los cuencos, vasijas, piezas sueltas de obsidiana vasos o incensarios de barro y buscaron a quienes estaban dispuestos a entregar otra clase de tesoros.

Fecha de publicación: 24-06-18
Por: Claudia Méndez Villaseñor cmendezv@elperiodico.com.gt
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El país ha pagado un alto precio desde que la herencia de los mayas cobró auge y se hizo moda. Con los descubrimientos de los grandes sitios arqueológicos, dio inicio la historia de los saqueadores, personas que sin escrúpulo alguno destruyeron aquello que por siglos había resguardado la naturaleza. Con el descubrimiento de Tikal nació está práctica criminal que fue en aumento, sin control alguno.

Era 1848. Al corregidor de Petén, Modesto Méndez, le había sido informado que, en la selva petenera, había vestigios de una importante ciudad maya. Méndez, nombrado en el cargo por el presidente Rafael Carrera y con fama de explorador recibió el informe de Ambrosio Tut, el gobernador departamental.

Tut, un conocido chiclero de la zona había visto desde la copa de un chicozapote varias crestas de piedras en el horizonte. Conocía, como el resto de peteneros, historias de que allí, en la selva, había ruinas de templos antiguos, de ciudades ancestrales y por eso comunicó al corregidor Méndez lo que había visto desde el árbol. Así lo documentó personal del ahora Parque Nacional Tikal.

El 23 de febrero de ese año, Méndez organizó la comitiva, en la que fue invitado Tut y se adentraron en la selva. De Flores al lugar ahora son unos 63 kilómetros, pero entonces, llegar al sitio identificado por Tut, les tomó varios días. Los exploradores encontraron ruinas de una imponente metrópoli de la que había hablado, en sus crónicas de 1690, el fraile español Andrés Avendaño, cuando huía de Tayasal y buscaba una ruta hacia Mérida, Yucatán. Se adentró en la selva y avanzó por una ciudad antigua “llena de edificios con bóvedas y casas emblanquecidas con estuco”, explicó en su trabajo de tesis, el arqueólogo Miguel Acosta.

En los siguientes nueve días, los exploradores se internaron en la selva y cada día descubrían nuevos hallazgos, los expertos Cristina Vidal Lorenzo y Gaspar Muñoz Cosme creen que Méndez habría llegado al sur de Tikal y en el primer sitio que acamparon fue en el templo V, luego habrían de descubrir la Acrópolis Norte, los templos II y III y la estructura 5D-33.

El corregidor Méndez dio a conocer la noticia y fue publicada en ‘La Gazeta de Guatemala’, de abril y mayo de ese año, indicó Acosta.

Pero, las exploraciones en Tikal traerían consecuencias negativas. De acuerdo con las publicaciones de Vidal Lorenzo y Muñoz Cosme, entre 1852 y 1880 se estableció en el área descubierta una pequeña colonia indígena. Instalaron un campamento en las ruinas y ocasionaron graves daños y destrozos. Así fue como desapareció el dintel 3 del templo I, que luego sería adquirido por el inglés J.W. Boddam Wethan en 1878. Esta pieza está hoy en el Museo Británico.

“De esta manera, paralelo a tan interesante descubrimiento, dio inicio una serie de alteraciones en los edificios y monumentos del sitio en busca de tesoros y curiosidades”, indicaron los especialistas.

“Se llevaron pesadas vigas de chicozapote con esculturas talladas bajo la dirección de un explorador suizo, Gustav Bernoulli”, añadió el arqueólogo Acosta. El actuar de Bernoulli fue conocido hasta que su amigo Franz Sarg hizo públicas las expediciones, señaló el experto.

Fue con el descubrimiento de Tikal y la llegada de los primeros colonos y exploradores al lugar que nació la gran carrera de saqueadores del patrimonio cultural, aseguran Vidal Lorenzo y Muñoz Cosme. Hoy se les conoce como “huacheros” o “huacheros”, son los herederos de esta actividad ilícita.

Al extranjero

Con la anuencia de las autoridades de gobierno comenzaron a salir del país colecciones importantes a Europa en las décadas siguientes. De esta situación apenas se tiene conocimiento. Lo que se sabe es que las piezas iban a colecciones privadas.

Por ejemplo, 11 fragmentos de piedra caliza de la estela 8, del sitio arqueológico El Naranjo, en Petén, terminaron en Belice y tres bloques de la escalinata 3 del sitio arqueológico La Corona, también en Petén, en Estados Unidos. Otros fueron llevados a Bruselas, París, Roma, Madrid y a Múnich, entre otras ciudades. En los últimos años, el país ha recuperado ese invaluable tesoro.

Cien años más tarde, la afición por los vestigios mayas se convirtió en una moda, principalmente en Europa occidental y Estados Unidos. El arqueólogo Richard Hansen aseguró en el Simposio de Arqueología 2012, que entre 1960 y 1980 eran sustraídas cada mes hasta 10 mil piezas antiguas de los sitios arqueológicos de Guatemala. Cuencos, vasijas, estelas, mascarones, glifos. Todo.

Autoridad preocupada

Los primeros robos documentados de piezas de gran envergadura sucedieron en el Parque Nacional Tikal, en 1961. Ese año, grupos de saqueadores robaron la estela 31 y piezas del templo 33. Luego, fueron las estelas 3 y 5 del sitio de Piedras Negras y la 2 del de Machaquilá. Esta última fue recuperada en 1972, luego de que los criminales exigieran US$350 mil por devolverla. A partir de entonces, el saqueo ha sido continuo sin que las autoridades consigan frenarlo.

De acuerdo con Eduardo Hernández, jefe del departamento de Prevención y Control de Tráfico Ilícito de Bienes Culturales, de la Dirección General del Patrimonio Cultural y Natural del Ministerio de Cultura, erradicar esta actividad criminal resulta complejo y complicado dada la gran cantidad de coleccionistas nacionales y extranjeros. “Siempre hay interesados en los vestigios arqueológicos”, afirmó el funcionario.

Además, podría considerarse el país mismo como un gran sitio arqueológico debido a que la civilización maya y otras sociedades antiguas ocuparon casi la totalidad del territorio nacional, añadió Hernández. “Esto causa que el tráfico ilícito sea inminente”, añadió.

El funcionario mencionó que, en los sitios arqueológicos explorados que cuentan con algunas medidas de seguridad, es posible identificar el robo de piezas y monumentos, no así en los lugares lejanos o vestigios ubicados en terrenos privados. “En esos casos no es posible cuantificar el daño”, señaló.

Reportes de robo

A partir del 2000, con la puesta en funcionamiento de las fichas Objet-Id, el Ministerio de Cultura comenzó a documentar el saqueo arqueológico.

Los primeros reportes de robo son de 2001. La ficha contiene poca información sobre la desaparición de un monumento del Periodo Clásico (300 d.C. – 900 d.C.) de las entonces oficinas del INTA en Moyuta, Jutiapa. No aparece la fecha del hecho, por ejemplo. Luego existe el reporte del 8 de julio de ese año, del robo de un pequeño tintero también del Periodo Clásico (300 d.C. – 900 d.C.) del Museo de Arqueología y Etnología “Horacio Alejos”, en Retalhuleu.

El 13 de octubre de 2001, ocurrió el primero del saqueo documentado de un sitio arqueológico. La Objet-Id de esa fecha registró que de Dos Pilas en Sayaxché, Petén, los delincuentes sustrajeron un fragmento de la estela 27, del Periodo Clásico Tardío (600 d.C. – 900 d.C.). Los saqueadores regresaron a este lugar, situado a orillas del río La Pasión, el 31 de diciembre de 2002. En el Fin de Año robaron dos fragmentos de escalinatas también, del Periodo Clásico Tardío (600 d.C. – 900 d.C.). En uno de los casos se trataba del escalón 6 de la estructura L-5-49.

Otras tres veces ha quedado documentado el saqueo en Dos Pilas. En 2016 sucedieron robos: el 19 de enero, desapareció una escultura con glifos de piedra caliza del Periodo Clásico Tardío (600 d.C. – 900 d.C.) y dos glifos de la estela 8 del mismo periodo; el 4 de junio, una escultura con glifos que era parte de la misma estela dañada en enero y, en octubre, el altar 11.

Actos vandálicos han ocurrido además en los sitios de Aguacateca y Tamarindito en Sayaxché, Petén; Yaxhá, también en ese departamento y Mixco Viejo, localizado en San Martín Jilotepeque, Chimaltenango.

En Mixco Viejo hubo un robo de gran magnitud el 12 de abril de 2005. Los delincuentes cargaron con un muestrario de 161 piezas del Periodo Post Clásico (900 d.C. – 1524), lotes completos de piezas de obsidiana, piezas de piedras de moler y piezas pequeñas. Por este hecho existen abiertas 30 fichas en el departamento de Prevención y Control de Tráfico Ilícito de Bienes culturales.

Hay registros de saqueos, además, en el Museo Comunitario Kumatzin Jay, en Tecpán, Chimaltenango; el Museo Sylvanus G. Morley en el Parque Nacional Tikal y la finca San Vicente Chicatal, San Pedro Carchá, Alta Verapaz.

Asimismo, hay tres casos de acciones delictivas en sitios poco convencionales. El 14 de noviembre de 2010, los criminales sustrajeron de las oficinas de la delegación del IDAEH, de Flores, Petén, cinco vasijas de cerámica del Periodo Clásico (250 d.C. – 900 d.C.) y dos cuencos, fechados en el mismo periodo y, el 9 de agosto de 2013, 12 piezas arqueológicas del almacén del Organismo Judicial del Tribunal de Sentencia Penal, de la sede San Benito, Petén.

También ocurrió un robo la noche del 16 de junio 2011, en el kilómetro 304 de la carretera Guatemala-Flores. Esa vez, una delegación del IDAEH con un lote de piezas arqueológicas viajaba a Petén cuando sucedió un accidente y volcó el vehículo en el que se conducían, recordó Hernández. El hecho conmocionó al personal y mientras se recuperaban de lo ocurrido comenzaron a revisar el inventario de las piezas. Faltaban cuatro: una vasija de cerámica, una tapa de barro, un cuenco y un plato trípode bicromático.

Entre las personas que brindaron socorro a los trabajadores del IDAEH, había saqueadores que no dudaron en apropiarse de las piezas patrimoniales, agregó Hernández.

Edgar Rolando Rodenas, jefe de la Fiscalía de Delitos contra el Patrimonio Cultural de la Nación, consideró que el saqueo y robo de piezas arqueológicas resulta complicado de investigar por la falta de registros precisos. “Los investigadores desconocen con exactitud qué había antes o las características de los vestigios”.

Asimismo, el traslado a los remotos lugares tampoco es algo sencillo, comentó el fiscal. “Las delegaciones distritales son las primeras en ir a las escenas y recopilar la información que luego envían con nosotros”, afirmó. Para entonces, ya han pasado varios días.

Hernández aseguró que desde su departamento han brindado apoyo al Ministerio Público, con la finalidad de cerrar algunos pasos, pero, las investigaciones caminan lento y los saqueadores no paran.

197

piezas arqueológicas han sido reclamadas en subastas internacionales entre 2010 y 2017.

9,959
bienes arqueológicos han sido recuperado por el Estado de Guatemala de 1998 a 2017.

33
son los reportes de robo de piezas arqueológicas en el Ministerio de Cultura.

Qué pasó en almacén del OJ


Durante operativo en un hotel de la zona 4 capitalina, la Policía Nacional Civil capturó, en 2005, a un grupo de personas que transportaban en cajas varias pieza arqueológicas. Como parte de la evidencia quedaron bajo resguardo del Organismo Judicial (OJ) los vestigios antiguos, un lote de 12 piezas. Eduardo Hernández, jefe del departamento de Prevención y Control de Tráfico Ilícito de Bienes Culturales desde 2009, recordó que por alguna causa que todavía no entiende esa dependencia, el caso fue trasladado a un juzgado de Petén. “Tenía que juzgarse en Guatemala y no se hizo”, señaló el funcionario. Los involucrados en el hecho quedaron en libertad, pero las piezas siguieron en custodia, en el almacén judicial.

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