Martes 18 DE Septiembre DE 2018
Domingo

¡Hipocresía a flor de piel!

Fecha de publicación: 24-06-18
fotoarte Jorge de León > El periódico Por: César A. García E.
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Sorprendente y triste me ha parecido el revuelo mediático y por redes sociales que ha causado el llanto y gritos desesperados de niñas centroamericanas, clamando porque no las separen de sus padres. Este desborde de emociones que pareciera pintarnos como una sociedad sensible y a los medios de comunicación como genuinamente preocupados por la “desintegración de las familias guatemaltecas”, es –en realidad– un chusco ejercicio de hipocresía… repugnante por inconsistente, con nuestra triste historia de país paupérrimo e ignorante.

Para ponerle la tapa al pomo de la hipocresía chapina, circuló profusamente –me imagino– “como señal de protesta de guatemaltecos indignados”. La portada de la revista Time que burlándose de Trump, lo presenta dándole la “bienvenida” a una niña llorando. Sobre Time, hay mucho que decir; es una revista vieja y con tradicional juicio crítico bastante laxo y trastocado, de moral distraída. En 1938, por ejemplo, designó como “hombre del año” al ominoso Adolfo Hitler, así que referente de principios y sensatez no es. ¿Estoy defendiendo a Trump y me es indiferente el llanto de las niñas con las que –convirtiéndolas en David– se pretende derrocar al temperamental “gigante” Goliat, protagonizado –en esta hedionda novela– por Trump? En lo absoluto, pero debo decir tres cosas al respecto: 1 – En la mayoría de las desintegraciones familiares chapinas, Trump ni huele ni hiede, tampoco es responsable de que esto ocurra; las carpas donde se hospedan los menores inmigrantes –si somos honrados– tienen en términos de habitabilidad mucha más dignidad que las covachas donde viven la mayoría de nuestros niños, muchos de los cuales –fruto de la promiscuidad– son abusados a diario. 2 – Estos dramas se han dado desde hace años y el principal “deportador” de la historia es Obama, pero los gritos no fueron gravados ni difundidos y obviamente, el presidente demócrata, contó con gran respaldo mediático, imponiendo modas; la más relevante “la ideología de género”. Fue un invasor belicoso, tuvo siempre un doble discurso… pero también fue “Nobel de la Paz” y Time le designó –en dos ocasiones– “Personaje del Año”. ¿Raro o no? 3 – Trump ha sido coherente con su discurso y promesas electorales, si a Latinoamérica le convienen o no, si nos afectan directamente sus decisiones, es otro cantar, pero ejerce su mandato y corrige –como en el particular caso– cuando lo estima pertinente. Trump –a diferencia de muchos de sus antecesores y de nuestros impresentables mandatarios– cumple con sus votantes, que, eligiéndole, eligieron: muro fronterizo, actitud aguerrida frente a la obvia bipolaridad mundial, cero tolerancia con la inmigración indocumentada y hasta abolición de tratados comerciales. Como imperio que es, los EE. UU. ha visto el derecho de su nariz y lo seguirá haciendo… el problema de la miseria chapina es nuestro.

En Guatemala, el Ejecutivo, al ver la –sórdida– “emoción chapina” que ha dejado atrás la tragedia del volcán de Fuego, por el Mundial de fútbol y lava su conciencia, mandando la imagen de Time o insultando a Trump, en las sosas “redes sociales”, se apresuró a sacrificar a uno de los más leales servidores del presidente. De golpe y porrazo, Heinz Heimann fue purgado, so pretexto de que sus declaraciones no coincidían con la posición del gobierno. Este vocero siempre me inspiró pena ajena, porque debe ser sumamente difícil, defender lo indefendible o tratar de explicar lo obvio, pero hizo –en sus posibilidades– un gran esfuerzo, muchas veces malogrado, como cuando interpretó la cita con Morfeo de su jefe, en un acto público, como “un momento de meditación”. No creo que mereciera el despido, por sus declaraciones… pero

–infaltablemente– “la pita se rompe por lo más delgado” y “el show debe continuar”.

¿Nos importa realmente a los guatemaltecos la fragmentación de las familias? Seguramente no; esto jamás ha sido objeto de análisis mediático sesudo, menos de investigación profunda y le es sempiternamente indiferente a la Iglesia y al Estado. Hace varios años, me tocó hacer una investigación en Salcajá y poblaciones aledañas; descubrí –con horror– los efectos de la emigración de quienes dejaron de ser cabezas de muchísimas familias; escribí también al respecto, como lo he hecho muchas veces. Descubrí que las remesas de los padres trabajando en EE. UU. se traducían en: casas de uno, dos o tres niveles (mientras más miembros de la familia trabajaran fuera, más grandes las construcciones o mientras más años llevara el padre viviendo fuera), zapatos tenis de moda y caros, especialmente para los adolescentes y jóvenes adultos, electrodomésticos de última generación… pero también se traducían en degradación: Consumo de drogas entre jóvenes que usaban ropa de marca, comportamiento parasitario de muchos de ellos que se convertían –como dicen los mexicanos– en “ninis” (ni trabajan ni estudian), adulterio por parte de varias de las madres que se quedaban “solas”, al “cuidado” de sus hijos. Me relataron un caso, de una mujer cuyo esposo había trabajado diez años en el norte y ella –con su dinero– había construido un “nuevo hogar”, con otra pareja, sin que el emigrante cándido lo supiera; “nadie sabe para quién trabaja” … pensé. Las historias de terror, por la emigración masiva en muchas familias –sobre todo del occidente del país– son abundantes y la ruptura de lo que –otrora– se consideró como la base de la sociedad, “la familia” es un tema vigente en este país, y de consecuencias irreparables.

Desde que empecé a escribir opiniones (1999), he criticado cómo Guatemala se convirtió en exportador de seres humanos y cómo nuestra economía se ha sustentado –cada vez más– en este mal que vemos como “positivo”, porque genera remesas abundantes. En 2010 las remesas familiares significaban para nuestro país US$ 4.1 millardos, este año sumarán muy probablemente US$ 8.4 millardos. Es el esfuerzo de cientos de miles de chapines laboriosos, sin prestaciones, subempleados, infra pagados y quienes sacrificaron a sus familias, lo que mantiene el tipo de cambio del USdólar –pese a toda la presión de inescrupulosos interesados por depreciar nuestro quetzal– a niveles aceptables. ¿A cuánto se dispararía el tipo de cambio y la pobreza en Guatemala sin nuestros “mojados”?, ¿Cuántos padres, viviendo hacinados en condiciones precarias lloran todas las noches en solitario en los

EE. UU., por los hijos y esposas que dejaron en esta tierra indiferente e hipócrita?, ¿Cuántos llantos de niños o adolescentes que necesitan de sus padres quedan sofocados, en cada ridículo grito de ¡gooool!, celebrado en el país de la ignorancia y la desnutrición que jamás irá a un mundial? ¿Cuándo los medios de comunicación tomarán en serio el tema de la emigración, en lugar de llenar los contenidos de fatuidad, farándula, tomando partido en la asquerosa politiquería? ¿Cuándo mis colegas, los economistas “serios”, dejarán de ver las remesas como parte del paisaje económico y resolverán señalarla como una vergüenza nacional? ¿Cuándo escucharemos el mudo grito de ¡Un millón! de niños desnutridos crónicos que pierden sus cerebros para siempre, sin que a nadie le importe un rábano? ¡Piénselo!

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